sábado, 14 de septiembre de 2019

Bolton: el tercer perro que vuelve a la perrera con el rabo entre las piernas

John Bolton
Trump ha destituido a John Bolton, su consejero de seguridad nacional, y ya van tres los que tiene que despedir, poniendo de manifiesto que Estados Unidos está sumido en una produnda crisis, también en su política exterior (si es que tiene alguna política exterior).

El pretexto para despedir a Bolton es -precisamente- que es uno de los artífices del caos en el que se encuentra la política exterior en diferentes frentes geopolíticos, lo cual es para tomar nota, porque Bolton no era el Secretario de Estado.

Trump no ha superado las zancadillas y las peleas internas (y externas) en la cima de la política estadounidense.

Desde el comiezo de su mandato Trump tuvo que hacer concesiones a poderosos grupos de presión del petróleo y las armas para superar el Golpe de Estado y la situación no ha mejorado con el despido de Bolton.

Las guerras económicas con otros países, la continuación de los frentes heredados del pasado y la apertura o reapertura de nuevos bloqueos contra Corea del Norte, Irán, Cuba y Venezuela han empantanado a Washington en escenarios contraproducentes.

El Washington Post, a través de la pluma de John Hudson, explica la caída del ex asesor refiriéndose a la trastienda de la Casa Blanca. Trump indicó repetidamente que quería superar los escollos políticos que, para él, representaban herencias del gobierno de Obama, y Bolton fue un obstáculo declarado a este respecto.

Según Hudson, también tuvo un papel directo en el estancamiento de los americanos en los nuevos frentes abiertos después de la llegada de Trump.

En junio de este año, después de la decisión de Trump de no ordenar un ataque militar contra Irán después de derribar un avión teledirigido estadounidense, Bolton estaba acabado, le dijo a Hudson un conocido funcionario estadounidense.

El antiguo asesor también se opuso a que Trump se reuniera con el presidente iraní Hassan Rohani para llegar a un nuevo acuerdo que limitara el programa nuclear de Irán y evitara una posible guerra entre Washington y Teherán.

De hecho, la alta tensión entre Estados Unidos e Irán alcanzó un nuevo punto de inflexión tras el despido de Bolton. Tanto es así que, pocas horas después del anuncio del despido, los principales indicadores petroleros del mundo registraron un descenso en el precio mundial del petróleo, lo que sugiere que una disminución de las tensiones militares con la nación persa.

El frente asiático también fue testigo de claros desacuerdos entre Trump y su asesor, según el Washington Post. “En Corea del Norte, Trump había llegado a ver a Bolton como un posible obstáculo para un acuerdo nuclear histórico con este país aislado y lo había excluido repetidamente de importantes reuniones. En la segunda cumbre de Trump con Kim en Hanoi, Trump ordenó que Bolton no estuviera presente en una cena con altos funcionarios estadounidenses y norcoreanos. Cuando Trump hizo una visita sorpresa a la zona desmilitarizada en junio, envió a Bolton a Mongolia en lugar de permitirle quedarse en el país para la reunión de Trump-Kim”, según el periódico.

Venezuela también ha sido importante en la salida de Bolton, ya que era “el espacio donde tenía el mayor margen de maniobra”. En Venezuela, el plan de Bolton también fracasó. “Trump ha expresado repetidamente su malestar con Bolton y sus asistentes sobre el tema que Bolton estaba encabezando como le pareció conveniente: Venezuela”.

Bolton le dijo a Trump que Maduro podría ser deportado rápidamente, después de la imposición de sanciones económicas por parte de Estados Unidos contra la empresa petrolífera del país [PDVSA] El choque empeoró la situación humanitaria, resultando en una grave escasez de alimentos y medicinas”, dice el periódico estadounidense.

Venezuela se encuentra ahora en el centro de las tensiones geopolíticas en el continente americano. En la zona convergen los resultados de planes equivocados que han sacudido todo el marco de las relaciones internacionales de Estados Unidos, especialmente desde enero de este año, cuando Estados Unidos patrocinó el ascenso de Juan Guaidó a la categoría de “presidente interino de Venezuela”, presionando a más de 50 países para obtener su apoyo. Pero hasta ahora, Guaidó no ha ejercido ningún poder real en Venezuela.

La figura de Guaidó es una forma de protoestado venezolano que sólo ha asumido una existencia relativa en el exterior, bajo la presión de Estados Unidos, transformando las relaciones internacionales en un circo a través de “misiones diplomáticas” paralelas de los emisarios de Guaidó, y poniendo en aprietos a los países que habían confiado en la aventura del gobierno golpista.

Bolton también fue responsable del fracaso del acercamiento del gobierno estadounidense a los talibanes en Afganistán. Según el Washington Post, “unos días antes de su dimisión, Bolton se opuso firmemente a un acuerdo negociado con los talibanes para retirar las tropas estadounidenses de Afganistán a cambio de la promesa de que el grupo militante no permitiría que el país se convirtiera en un escenario de ataques terroristas contra Estados Unidos”.

Bolton se negó a llegar a un acuerdo para poner fin a la guerra, que ha significado un atolladero político para todos los gobiernos posteriores a Bush.

Para John Hudson hay una explicación fundamental de los enfrentamientos entre Trump y su antiguo asesor. “En el corazón de la tensión entre Trump y Bolton hay una diferencia ideológica. Trump llegó al poder prometiendo poner fin a las ‘guerras perpetuas’ de Estados Unidos, y dijo que el país estaba desperdiciando miles de millones de dólares en una presencia militar que hace más por proteger a los aliados americanos ricos que el ciudadano estadounidense promedio. La visión de Bolton, por otro lado, exalta el uso del poder militar estadounidense y promueve una fuerte respuesta a los tradicionales adversarios estadounidenses como Rusia, Irán, Venezuela y Corea del Norte. En diferentes momentos, Trump intentó probar opciones diplomáticas con cada país, pero Bolton se resistió agresivamente a esos esfuerzos”.

Entre bastidores, Bolton también se distinguió en Washington por su acción en dos frentes.

Primero desde su oficina y su gestión como burócrata, pero también, de forma camuflada, desde los medios de comunicación. Aparentemente, en respuesta al fracaso de sus iniciativas en casos específicos como el estallido de una guerra abierta contra Irán, Bolton filtró información selecta a los medios de comunicación con el fin de manipular a la opinión pública y crear un clima belicoso mediante el avance de las posiciones de la Casa Blanca y la creación de puntos de presión, a fin de sopesar (innecesariamente en muchos casos) las decisiones de la Casa Blanca.

Tras la salida de Bolton, las huellas de Washington siguen siendo impenetrables, a la espera de un nuevo nombramiento que, según Trump, tendrá lugar “la próxima semana”.

Las fuentes elementales de presión interna en la política estadounidense que habían intervenido a favor del nombramiento de Bolton permanecen intactas, especialmente las alas más duras del Partido Republicano y sus grupos de presión. Eso significa que las posibilidades de otra política exterior y de seguridad siguen siendo escasas, lo que reduce el margen de maniobra de Estados Unidos para limitar los puntos de tensión en su errática agenda de relaciones internacionales.

1 comentario:

  1. Todos estos políticos (en realidad lobistas de alto nivel) flotan en inmensas corrientes de dinero e intereses corporativos y, arrastrados por dichas corrientes (capitalismo puro y duro), anteponen dichos intereses a los de la población a la que teóricamente proclaman servir. Pero la política exterior de un país, por poderoso que sea, no puede dirimirse eternamente en las bolsas. El mundo, a pesar de los esfuerzos del capitalismo por que así sea, no es un mercado ni la población mercancía. La caída de Bolton es una buena noticia, la de sus compinches del Pentágono y sus industrias aún está por ver.

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