sábado, 24 de agosto de 2019

A-119: el plan del imperialismo para detonar una bomba atómica en la Luna

El físico italiano Leonard Reiffel
Hace 50 años tres astronautas estadounidenses alcanzaron la Luna y hace 61 años se creó la NASA. En aquella época Estados Unidos vivía estupefacta tras el lanzamiento del primer satélite artificial, el Sputnik.

Fue un verdadero espectáculo; en plena Guerra Fría: si la URSS era capaz de lanzar un satélite, también podía lanzar una bomba nuclear sobre cualquier rincón de la Tierra.

El miedo se multiplicó un mes más tarde con el lanzamiento del Sputnik II, aún más grande y pesado, que llevaba a la perra Laika.

A las afrentas se le sumó el fracaso estadounidense de lanzar su propio satélite, Vanguard TV-3, que explotó en una espectacular retransmisión en vivo y en directo a través de las televisiones de todo el mundo el 6 de diciembre de 1957.

Tras aquel “Pearl Harbour tecnológico”, en enero de 1958 Estados Unidos relanzó el antiguo proyecto Júpiter, dirigido por el nazi Werner von Braun. El Explorer 1 fue capaz de llevar 14 kilos de peso al espacio, mientras el Sputnik 3 subió 1.327 kilos poco después, cien veces más que el Explorer.

Eisenhower puso la creación de la NASA en manos del senador demócrata Lyndon Johnson, que llegaría a convertirse en Presidente en 1963.

Para dar una respuesta rápida a los éxitos históricos de la URSS, junto con la NASA se creó también Darpa, la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada del Pentágono, que sentó las bases de las técnicas que ahora se utilizan en el mundo.

Los militares crearon la NASA como una institución civil porque de esa manera podría atraer la colaboración de los países aliados, como la España franquista, y recaudar muchos más fondos, alcanzando a las comunicaciones, la meteorología y la navegación. La primera frase de la ley que crea la NASA es todo un ejercicio de cinismo: “El Congreso declara por la presente que es política de Estados Unidos que las actividades en el espacio se dediquen a fines pacíficos en beneficio de toda la humanidad”.

Ahí latían dos falsedades. La primera es su naturaleza pacífica o civil; la segunda es que sus éxitos beneficiarían a toda la humanidad. Por eso poco más adelante la ley se completa con una declaración sobre el “bienestar general y la seguridad de Estados Unidos”, que “exigen la adopción de medidas adecuadas para las actividades aeronáuticas y espaciales”.

Si la NASA tenía objetivos tan benéficos, ¿por qué el programa Apolo 11 se mantuvo en secreto?, ¿qué escondía el viaje a la Luna? Los documentos de la misión a la Luna fueron desclasificación y, como cabía esperar, apareció que el Pentágono pretendió utilizar el satélite como centro de espionaje espacial y polígono de pruebas para explosiones nucleares.

La creación de la NASA y el viaje a la Luna sólo fueron dos de las respuestas a los éxitos soviéticos. Al mismo tiempo, Eisenhower elaboró un plan secreto para bombardear la Luna (1). El objetivo era causar una explosión tan grande que fuera visible desde la Tierra. Con ello no sólo se pretendía responder a la URSS sino intimidar al mundo entero.

En 2012 la CNN entrevistó al físico Leonard Reiffel, responsable del proyecto, cuyo nombre en clave era A-119. Entonces tenía 85 años y explicó así la misión: “La gente estaba muy preocupada por el Sputnik y las notables hazañas de la Unión Soviética en ese momento, y en comparación, Estados Unidos tenía miedo de parecer patético. Así que pretendíamos convencer de alguna manera a la gente de que Estados Unidos era capaz de mantener un efecto disuasorio mutuo y así evitar una gran explosión en la Tierra”.

Según Reiffel, en el proyecto había razones tanto militares como políticas y científicas: “Hubo discusiones para hacer de la Luna un campo de batalla móvil” desde el cual Estados Unidos podría lanzar misiles contra la Tierra (2).

Un equipo de 10 científicos, entre ellos el astrónomo Carl Sagan, trabajó en aquel proyecto, que apuntaría al lado oculto de la Luna, para que el polvo proyectado por la detonación nuclear fuera iluminado por el Sol, y así ganar visibilidad de la Tierra, creando un poderoso contraste.

El plan se abandonó en enero de 1959 porque los ingenieros no estaban seguros de que el misil alcanzara realmente su objetivo, ni tampoco de que un fallo lo hiciera regresar a la Tierra.

(1) http://priceonomics.com/when-the-us-almost-nuked-the-moon/
(2) http://security.blogs.cnn.com/2012/11/28/u-s-had-plans-to-nuke-the-moon/


No sólo la Luna tiene un cara oculta. El viaje a la Luna tenía otro.


1 comentario:

  1. Demencial. Esta es una más de las cosas que suceden cuando quienes gobiernan el planeta son los hijos nacidos "a la derecha del señor", y no quienes nacimos a la izquierda de la madre.

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