sábado, 15 de junio de 2019

Caso Golunov: Estados Unidos defiende a los periodistas y la libertad de expresión... en Rusia

Esta semana la policía rusa detuvo a Iván Golunov, un periodista de investigación ruso que trabaja para la prensa opuesta a la línea política de Putin. Es casi imposible que los lectores no se hayan enterado de ello porque este tipo de noticias corren mucho más cuando ocurren en Rusia que en otros países del mundo.

Por ejemplo Francia, donde el espionaje francés ha llamado a declarar a varios periodistas de investigación que han denunciado la venta de armas del gobierno de Macron a Arabia saudí, que se está empleando para masacrar a la población civil en Yemen. Seguramente esto, queridos lectores, les suena mucho menos que lo anterior.

Seguro que tampoco les suena lo siguiente: a diferencia de los periodistas franceses, que fueron detenidos por sus publicaciones, a Golunov la policía le detuvo por tráfico de drogas.

El detenido dijo que era un montaje, lo cual es algo típico de la policía que sólo ocurre en Rusia y le diferencia de otros países civilizados don de estas cosas no ocurren. Según Golunov la droga que le contraron la puso la propia policía para inculparle.

En apoyo de su teoría hay que decir que le detuvieron justo el día en que publicó un artículo muy escandaloso sobre la corrupción en los círculos políticos del Kremlin y ya saben que la corrupción sólo es un escándalo en ciertos países, como Rusia, pero tampoco en otros (aunque siempre cabe aquello de “todos son iguales”, “los unos y los otros”, etc.)

Luego si la corrupción ya no escandaliza (ni siquiera sorprende a nadie), los artículos de Golunov tampoco.

Pero vean un detalle: cuando la policía le detuvo, los artículos aun no habían salido a la luz; se publicaron aprovechando que estaba detenido y para vender todo el paquete: la corrupción del Kremlin y la arbitrariedad de detener a un periodista (sobre todo si es de investigación).

Normalmente este tipo de propaganda tiene mucho menos eco interno que externo, pero en este caso no fue así; el revielo fue importante por dos razones, la primera es que la prensa rusa cada vez aprieta más y la segunda es que la gente empieza a estar harta de la política económica del gobierno. Esto último explica que la ley que recorta las pensiones se haya aprobado... recortada, es decir que hay recortes, pero no tanto como los que etaban previstos inicialmente.

La policía rusa llevaba tres meses detrás de Golunov y nuestro olfato nos dice los siguiente (pero no tenemos absolutamente niguna prueba de ello): es probable que le siguieran a causa de sus publicaciones, pero una vez que detectaron que tenía una segunda actividad como narco, él mismo se lo sirvió en bandeja. A la policía le faltó tiempo para desacreditar al desacreditador.

El caso es que en un registro la policía le ocupó un alijo de droga que solía vender en clubes nocturnos de Moscú, una circunstancia creíble porque coincide con otros “opositores” de Putin, también aficionados a la vida nocturna, casi tanto como a la buena vida (que en Moscú es especialmente cara).

Tras su liberación, el periodistas detenido aseguró que al policía le había golpeado, para lo cual hemos de suponer que la policía rusa es tonta porque los manuales dicen que nunca se debe hacer eso con personajes conocidos, que tienen un acceso privilegiado a la prensa (sobre todo entre colegas de profesión).

Un médico que llevó a Golunov al hospital dijo a la prensa que había rastros de golpes y riesgos de fracturas en las costillas. Sin embargo, el médico jefe del hospital donde el periodista fue examinado durante varias horas no vio nada que justificara la hospitalización y le dijo a la prensa que tenía dudas sobre los supuestos golpes de la policía.

La primera declaración no tuvo secuelas porque encajaba, pero la segunda era distinta y la prensa aparentó indignarse porque un médico hiciera declaraciones públicas sobre un paciente (la obligación de secreto profesional afectaba al segundo pero no al primero).

Golunov pidió que le realizaran un prueba para demostrar que no tenía drogas en el cuerpo y se lo aceptaron. Una vez que llegó al laboratorio dio su consentimiento para un análisis de sangre pero rechazó el análisis de sus uñas y su cabello (porque conservan durante más tiempo los rastros del consumo de drogas).

En el tribunal, se declaró inocente, no reconoció los cargos en su contra y el juez ordenó su arresto domiciliario, o sea, que es mentira eso que han dicho los medios de que quedó en libertad porque no había pruebas en su contra y, naturalmente, por la presión popular contra Putin y el Krmlin.

El caso tiene notables aspectos sorprendentes, incluso los más oscuros. Por ejemplo, la intervención de la embajada de Estados Unidos en Moscú en favor de un detenido que no les concernía en absoluto: “Nos unimos a la comunidad de los medios de comunicación para exigir la liberación de Ivan Golunov, una investigación exhaustiva y transparente de este caso. Golunov, como cualquier otro periodista, no debe ser procesado por su actividad profesional”.

Esperemos que hagan y digan lo mismo cuando encierren a Assange en las cárceles de su país.

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