jueves, 6 de diciembre de 2018

Vuelve Millán Astray y la legión española

Darío Herchhoren

El pasado domingo 2  de diciembre de 2018, se celebraron (¿celebraron?) elecciones autonómicas en Andalucía. Y tal como estaba previsto el PSOE fue el partido más votado. Pero ocurrió algo totalmente imprevisto, al menos para los sesudos tertulianos de las diversas familias políticas españolas, para las empresas que se dedican a las encuestas y para el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) un organismo oficial que se ocupa de tomar el pulso a la sociedad española. Y ese imprevisto fue que un partido político surgido de la nada; de orientación nazi fascista llamado Vox, se ha convertido en el árbitro del futuro político en Andalucia.

¿Qué ha pasado? Al día de hoy se vienen dando muy diversas explicaciones a tal fenómeno. Pero lo cierto es que ese partido xenófobo, nacional católico, antifeminista, nazionalista, y con un discurso elemental y sin propuestas ha cobrado enorme importancia.

Se venía diciendo que en España no había posibilidad alguna de que surgiera un partido como el Frente Nacional Francés de Marine Le Pen, ni como Alternativa por Alemania, ni como el gobernante partido en Hungría, ni como la Liga Norte en Italia; y se daba como motivo de tal afirmación que el Partido Popular (Partido Podrido) servía de barrera de contención para que tal cosa no ocurriera. Todo eso resultó una falacia.

Hay que destacar que el líder de Vox, de apellido Abascal, proviene del PP, y que ocupó cargos importantes en el mismo partido en el País Vasco. Pero la pregunta que surge sin esfuerzo es ¿cómo ha podido ocurrir esto, delante de las narices de todos sin que nadie se diera cuenta de lo que podía pasar? La respuesta hay que buscarla en una sociedad harta de corrupción que afecta tanto al PP como al PSOE, en que el PSOE lleva gobernando en Andalucía 35 años y que no ha resuelto problemas tales como la propiedad y tenencia de la tierra; en que el paro y la pobreza no se han resuelto nunca; en que las opciones para los andaluces eran más de lo mismo o "cambiar" con el PP. Todo ello muy atractivo para el electorado depauperado, con una juventud con la tasa de paro no solo mayor de España, sino de Europa; cansado de mentiras y triquiñuelas.

El panorama que se presenta ahora me temo que no es coyuntural, y que el mismo escenario es extrapolable a toda España, y que la derecha más cerril y corrupta ha lanzado abiertamente la opción fascista pero en forma descarnada y sin careta.

El gobierno del PSOE se encuentra en una encrucijada. Por un lado mantiene una representación parlamentaria muy débil; por otro no puede aprobar los presupuestos para el año 2019; en Cataluña no abre la mano para la puesta en libertad de los políticos catalanes encarcelados, lo cual le permitiría un alivio en este nudo gordiano. Además de todo ello su política económica neoliberal le impide hacer una propuesta expansiva que relance la economía; y no puedo dejar de comentar algo que ocurrió hace pocos días y que pasó casi inadvertido, que fue la vista de Xi Yinping, presidente de China que visitó nuestro país trayendo como propuesta que España se convirtiera en la punta de rieles de un gran ferrocarril que comunicara China con el Atlántico en un puerto español.

La respuesta no podía ser más torpe. El gobierno de Pedro Sánchez rechazó el convite, argumentando que su pertenencia a la Unión Europea le impedía hacerlo. Es totalmente falso. La Unión Europea no prohíbe tal cosa, y España se habría convertido en un socio de China de primera magnitud. Era una oportunidad de oro para expandir la economía española y convertirse en un país central del comercio mundial; pero la ceguera y la torpeza de los políticos españoles es realmente oceánica. Y todas esas son las razones para que haya un surgimiento del fascismo en España, que ha venido lamentablemente para quedarse.

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