lunes, 17 de diciembre de 2018

¡Vivan las cadenas y mueran los negros!

Juan Manuel Olarieta

Lo único que no se le puede reprochar a la reacción española es que no sea fiel a sí misma desde hace siglos, al menos desde la Contrarreforma, algo que no se puede predicar de los “progres” ni de los posmodernos, tipo Errejón, que nunca sabes si son carne o pescado, pero de quienes no cabe duda que no son lo que dicen ser.

Desde la Inquisición, los reaccionarios hispánicos se gustan a sí mismos y no admiten cambios que no sean para echar el freno y regresar al pasado, cuanto más pasado mejor. Por eso España es una galaxia con mucho pasado y ningún futuro... si las cosas siguen como hasta ahora, o sea, si no hay una revolución.

Cada vez que en España ha caído la monarquía, a la reacción no le ha importado desatar una guerra civil y matar a cuantos ha sido necesario.

La diferencia es que antes no le importaba reconocerlo, mientras que ahora se ha vuelto hipócrita.

Los progresistas españoles (los de verdad, no la bazofia “progre” de ahora) siempre tuvieron que apoyarse en un desmoronamiento del Estado para empujar la historia hacia adelante.

Así ocurrió hace 200 años, cuando Francia invadió la península y los liberales (hoy denostados) aprovecharon para publicar la primera Constitución, de la que se desprendía una agradable sorpresa: los españoles tienen derechos (los mismos derechos).

Aquello no gustó nada a la reacción cavernaria, que acusó a los liberales de “negros”, es decir de lo peor que se le podía tildar a alguien en aquella época. Hoy los llamarían “terroristas”.

En aquellos tiempos la reacción no disimulaba; no le gustaba la libertad (de los demás), ni tampoco los derechos (de los demás). Su consigna era “¡Vivan las cadenas!” porque eso es lo que siempre han pretendido: poner cadenas (a los demás).

Hoy la cosa no ha cambiado. España ha cumplimentado su regreso al pasado y estamos otra vez en el mismo agujero del que nunca hemos logrado salir, en 1939, que es la fecha preferida por la reacción actual.

Lo único que ha cambiado son las invocaciones y la retórica. Hoy todo se hace en nombre de la constitución, la libertad y los derechos. También oigo hablar mucho de un concepto que hace 200 años era subversivo: la nación.

Lamentablemente hay quien cree que la nación es un concepto reaccionario, mientras que otros creen que es algo ahistórico, por encima de la historia o que siempre ha existido.

Pues bien, si hace 200 años la reacción española gritaba “¡Muera la nación!” es porque la nación (española) tenía un contenido subversivo, ligado a la eliminación de los privilegios feudales y a un programa revolucionario como la milicia nacional, es decir, al armamento del pueblo, e incluso al patrimonio nacional, o sea, la expropiación de los bienes del rey para entregárselos a la nación.

Ahora los reaccionarios le han dado una vuelta de 180 grados al asunto y se desviven por eso que ellos consideran como “la nación española”. Para ellos España es una nación que identifican con el fascismo y con los símbolos fascistas.

Por eso cuando el patán de Errejón habla de “arrebatar a la ultraderecha los símbolos nacionales” se refiere a que los antifascistas hagan lo mismo que sus enemigos, o sea, enarbolar la bandera fascista y defender la unidad del Estado.

La España antifascista no tiene nada que ver con eso. No tiene nada que ver con Errejón ni con Vox, empezando porque defiende la libertad y se atiene a un principio clave: “un pueblo que mantiene sometidos a otros, no puede ser libre”.

Hoy como hace 200 años, la España antifascista defiende los derechos de los oprimidos, los individuales y los colectivos, y jamás aceptará que quede integrada en un nuevo Estado, republicano, popular y democrático, ninguna nación que voluntariamente no quiera formar parte del mismo.

1 comentario:

  1. Pues, a riesgo de que parezca que defiendo al capitalista de Errejón, creo que no está del todo desencaminado y también creo que estás sacando sus declaraciones de quicio. Y es que se puede defender la unidad de España sin por ello oponerse a un referendum de autodeterminación. Yo lo hago, quiero que la nación catalana decida si quiere seguir o no en España, pero al mismo tiempo creo que debería ganar el no, y avanzar juntos hacia una hoy en día improbable república socialista. O Unión de Repúblicas Socialistas Ibéricas, que estaría de puta madre.

    Sobre los símbolos, a ver: la primera república usaba la misma bandera, solo cambiando el escudo, solo la segunda la cambió. Y, personalmente, me gustaría más vivir bajo la bandera tricolor de la república antes que con la rojigualda, pero debemos entender que hoy en día la gente en España se identifica con el amarillo y rojo y quizás insistir, desde la izquierda, desde el desprecio a su bandera sea muy contraproducente, pues cualquiera que enarbole la bandera "de toda la vida" tiene muchas más probabilidades de ser escuchado de inicio que quién porte otra. Al fin y al cabo, la bandera solo debe ser algo con lo que se identifique el pueblo. La senyera y la estelada, la ikurriña, o incluso la verdiblanca son banderas que funcionan porque identifican a la masa de las naciones en las que se integran. Respecto a la masa de la nación española, hoy en día se identifica muchísimo más con la rojigualda que con la tricolor. Soy el primero que veo la bandera española actual y siento sarpullidos, pero creo que los comunistas estamos demasiado lejos de atraer a las masas como para despreciar una bandera que identifica al grueso de la población y que fue usada también en la primera república. Eso sin olvidar que ni la primera república ni la segunda fueron Repúblicas Democráticas como lo fueron la URSS, China o lo son hoy en día Cuba y Corea del Norte

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