viernes, 2 de noviembre de 2018

La ‘ultraderecha’ en Catalunya: cuando hay un perro sujeto con una correa es que hay un amo que lo guía

En pleno “auge de la ultraderecha” no podía faltar, como es lógico, una referencia a Catalunya y al referéndum del año pasado, que ha despertado todos los fantasmas del 18 de julio que se creían adormecidos.

Con el referéndum los mequetrefes habituales han querido llevar agua a su molino para decir que el fascismo no existía y que la culpa de que haya resucitado es de los independentistas catalanes, o que ahora hay más fascistas que nunca por culpa de ellos, o cosas parecidas.

Ese tipo de vulgaridades tienen relación con eso que ahora se llama “visibilidad”, e incluso “viralidad”: si meto la cabeza debajo del ala y no quiero ver nada, no hay fascismo. Sin embargo, cuando me ponen la bandera fascista en los balcones, ya no puedo disimular y paso a quejarme... del vecino que la pone.

Según dicen los mequetrefes, el fascismo es como un “guadiana” que aparece y desaparece porque, de repente, alguien lo hace visible y obliga a los antifascistas a mirar las cosas de frente. Nadie se pregunta si un fenómeno así es posible que aparezca y desaparezca, ni quién lo hace hace de manera intermitente, ni con qué objetivo.

Lo que más “visibiliza” al fascismo son toda esa camada de grupúsculos y matones que salen a la calle para intimidar y pasear la bandera fascista en los peores momento de crisis, como ha ocurrido en Catalunya.

Pero aunque el fascismo necesita a esos matones, no se reduce a ellos. Si vemos a un perro por la calle atado con un correa colgando del pescuezo, tenemos que suponer que el amo no andará lejos. Pues bien, no tiene sentido hablar de los perros sin el amo que los guía y eso es lo que ocurre con el fascismo la mayor parte de las veces.

Es el caso del reciente artículo de Laura Aznar y Jordi Borràs en “El Critic” (*) que reúne todos los ingredientes de quien no entiende absolutamente nada del fascismo, hasta el punto de que tal expresión sólo aparece tres veces: dos son para adjetivar agresiones violentas y la otra para etiquetar a viejos fascistas, como Josep Alsina, que proceden de viejas organizaciones y que ahora están como pez en el agua en “la ultraderecha”.

Lo mismo ocurre con la palabraz “nazi” que sólo aparece dos veces, una para aludir al arraigo de los viejos dinosaurios del fascismo catalán, como el tal Alsina, y el otro con referencia a la simbología.

En un artículo largo en el que se repasa la sopa de siglas de “la ultraderecha”, hasta los grupos más insignificantes, vemos muchos perros con muchos collares, pero nunca vemos al amo, por lo que da la impresión de que, más que perros, son lobos que se mueven por sí mismos en manada.

Por ejemplo, en alusión al caso de Alsina, los autores le describen como un “intelectual con peso teórico” lo cual es extraño tratándose de un nazi, donde ese tipo de cualidades escasean tanto. También describen su dilatada trayectoria como militante de la cloaca nazi, en grupos como el Partido Español Nacional Socialista (PENS) o Fuerza Nueva.

Este tipo de referencias son significativas porque demuestran el verdadero carácter del fascismo y de todos esos grupúsculos, que han ido cambiando de chaqueta según las necesidades del momento.

Así, lo significativo del PENS es que fue la primera organización explícitamente nazi, ya que en este país, por influencia católica, los fascistas siempre se decantaron por vincularse con sus colegas italianos o por mantener una identidad propia. Hasta finales del los años sesenta, cuando surge el PENS, nunca hubo nazis autóctonos organizados como tales.

Pero puestos a refrescar la memoria, para completar su prolija exposición, los autores hubieran debido añadir que el PENS lo creó y lo mantuvo el servicio secreto franquista de Carrero Blanco, como acabaron confesando los propios dirigentes de aquel tinglado.

Es más de lo mismo, lo típico y lo de siempre desde hace un siglo: cuando vean a un perro con una correa colgando del pescuezo, deben dirigir la mirada hacia el otro extremo, donde verán al amo que lo dirige.

En el caso del Catalunya (y fuera de ella), quien dirige la manada de perros fascistas que ha salido a la calle, desde los inofensivos caniches hasta los feroces doberman, son los aparatos del Estado fascista y centralista, incluida la prensa, hasta tal punto que no se puede hablar de los unos (los perros) sin los otros (los amos que los controlan con la correa).

(*) http://www.elcritic.cat/reportatges/la-mutacion-de-la-extrema-derecha-para-luchar-contra-el-independentismo-26009

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