jueves, 29 de noviembre de 2018

Casi todos los ‘bobos’ votan a Podemos (a diferencia de los ‘bonobos’)



Juan Manuel Olarieta

En 2000 el sociólogo estadounidense David Brooks escribió un libro titulado “Los bobos en el paraíso: la nueva clase alta y cómo lo lograron”, en el que sustituye el término “yupi” de los años ochenta por el de “bobo”.

Los filólogos que gustan de remontar el Amazonas sabrán que el término “bobo” es más bien de origen francés y que sus primeras huellas se rastrean hasta la novela “Bel-Ami” de Guy de Maupassant, escrita nada menos que en 1885, por lo que la sociología sigue sin descubrir nada nuevo.

El “bobo” es el “pequeño burgués bohemio” cuyo hábitat natural es siempre la capital (Nueva York, París, Madrid). Más aún: es el viejo “burgués gentilhombre” de Molière, aquel que hablaba en prosa sin saberlo.

Quizá el “bobo” de hoy tenga un poco más de cultura; quizá sea precisamente un “cultureta”, ese tipo de esponja que absorbe y exuda la ideología dominante a través de los nuevos medios digitales, desde los videojuegos hasta YouTube. Es un gilipollas que ha pasado por la universidad y casi seguro que tiene un máster de esos que se venden  y se compran a precio de oro.

“Económicamente está a la derecha e ideológicamente a la izquierda”, dice un experto, en referencia a “la izquierda caviar”, exquisita, ese conglomerado de intelectuales que resumen lo que la contracultura ha impuesto como menú políticamente correcto y saludable: feminista, ecologista, “gay friendly”, animalista, vegano...

El “bobo” es enemigo del menú del día, alguien que se puede permitir el lujo de elegir y luego pagar la cuenta.

Una subespecie del “bobo” es el “lili” (liberal libertario) en donde la “nueva izquierda” que arrastra los pies desde mayo del 68 converge con “la ultraderecha”. Son los “ex” frustrados y fatigados, que reniegan de sí mismos, aunque no lleguen a los extremos de Sánchez Dragó o Paco Frutos. Ya no son lo que fueron. Es posible que no sean nada, pero otros más jóvenes han tomado el relevo de esa nada.

Desde Rousseau, la pequeña burguesía es el patrón de la clase media y, por extensión, de un país o de una época. El “pequebús” es la vara de medir, sobre todo en el terreno ideológico, donde la prensa sepia y las altas finanzas no tienen nada que decir. Al contrario. Los llamados “líderes de opinión” son los “bobos”.

Tienen mucho en común con el “burgués gentilhombre” de Molière. No es que aparenten algo que no son sino que no aparentan lo que son. De ahí que hayan abandonado su universo provinciano para “gentrificar” los barrios del centro de la gran capital, donde conviven de manera cosmopolita con los ancianos al borde del desahucio y los pakistaníes que reparan móviles.

Los anglosajones tienen una batería de expresiones para referirse a ellos: liberal de limusina, socialista champán, “dink” (dos sueldos y sin hijos)... Además de invadir los barrios más castizos, se han apoderado de la gastronomía popular y quieren pagar la cuenta con tarjeta de crédito, aunque eso no es lo peor: antes la cuenta dependía de la cantidad de comida, mientras que ahora es “degustación”, o sea, que pagamos más cuanto menos comemos.

En los ochenta los “yupis” votaban al PSOE. ¿A quién votan hoy los “bobos”? ¡Joder!, ¡vaya pregunta! ¿A quién va a ser? ¡A Podemos! Para tener una imagen exacta de un ”bobo“ no hay más que mirar una foto de Pablo Iglesias, Íñigo Errejon y similares. Son de esos que te los imaginas yendo en bicicleta a la oficina, por mucho que haga un frío del carajo. Pero, ¿hay algo en este mundo peor que la emisión de gases de efecto invernadero?

En las tabernas ya no se puede fumar. Si pides un vino te preguntan si quieres un reserva cosecha de 1998. En los restaurantes tampoco ponen cuchara sobre el mantel. Se acabaron los platos de oreja, riñones o gallinejas. Los clientes son posmodernos, bien afeitados y con gomina en el flequillo. No ves a nadie metiéndose un palillo entre los dientes. Están hipnotizados por su móvil.

Ese paisaje urbano demuestra que, en contra de lo que opinan los sociólogos, los “bobos” no son una clase social sino una tribu urbana, un modo de vida creado por lo que hoy se llaman “comics” y antes tebeos. La realidad imita al arte. A los “bobos” la infancia les dura más tiempo porque pasan el rato entre juguetes y videojuegos.

(Este artículo sobre los “bobos” continuará porque ahora me tengo que ir al foro, pero os prometo que próximamente hablaremos de otra categoría sociológica diferente, los “bonobos”, que son aquellos “burgueses no bohemios”. ¿Os habíais creído que la lucha de clases era algo simple o qué?)


Más información:

- Fascismo y ultraderecha: un fenómeno que no se mide con la vara LGTBI

- La degeneración política del eco-pacifismo

10 comentarios:

  1. Enhorabuena por el artículo.
    Firmado: un "casi bobo". Creo que no he llegado a serlo porque he elegido las amistades adecuadas y porque me gusta leer cosas como las que se pueden ver en vuestra página.

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  2. Muy bueno! (me río pero me temo que me salvo por muy poco de las balas, jajaja...)

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  3. Mi madre a ese tipo de bobo lo definía como "piojo resucitado"
    Mi madre no sabía leer ni escribir pero cuando trataba con esos personajes
    que retrata este artículo decía siempre "... no hay na peor (o más malo) que
    un piojo resucitado".
    Mi padre sentenciaba que esa gente (en política) hoy van de rojos pero que
    si se repitiera el 36 nos llamarían a la puerta vestidos con la camisa azul
    para darnos el paseíllo.
    Definitivamente son piojos resucitados...

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  4. Es lo primero que leo de esta página y seguro que leeré más, puesto que me gustad mucho este artículo. La izquierda caviar es la que legitima al fascismo tratándolo como a digno rival. Salud.

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  5. "(...) menú políticamente correcto y saludable: feminista, ecologista, “gay friendly”, animalista, vegano..."

    A ver si empiezan en la izquierdita a enterarse...

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  6. Consideras a los 'bobos'similares a los pijiprogres.Tambien podriamos comentar,sobre el anarco del siglo xx1,sin nada que ver con durruti.O la secccion de obras marxistas de ed.akal,CON precios poco asequibles,para el salario de un obrero.

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  7. Que nos hayan colado la agenda fascista de Soros y del
    partido demócrata yanqui como "de extrema izquierda" es para fliparlo. Todo el puto día haciendonos la vida imposible con el heteropatriarcado, el cambio climático, el racismo antiblanco y gilipolleces similares mientras lo prohiben todo, se cargan los derechos humanos, aumentan la desigualdad económica y crean un estado policial. Traidores sinvergüenzas.

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  8. Al tomarnos por subnormales los burgueses actúan en consecuencia y buscan un interlocutor acorde. Estuve en las fiestas del dos de mayo, que consistían en un pinchadiscos y tres de podemos soltando el rollo. Como estaba cerca les pedí a grito pelado que dijesen algo por los presos políticos, y como es lógico la respuesta fue de muy mala hostia: por qué no te callas, no hemos venido a hablar de eso...se les ve mucho el plumero. Lo más deprimente fue la manera de dirigirse a la población...en cualquier caso yo no me tomaría a coña lo que pueda hacer en un futuro próximo la pequeña burguesía, en una época en la cual la burguesía está invadiendo espacios tradicionalmente pertenecientes a la pequeña burguesía ( franquicias de restaurantes, taxi, comercio minorista, y de aquí a nada les tocará a los farmacéuticos aunque ellos crean que no). Esto va a dejar a mucha pequeña burguesía formada y frustrada, y no pocos se van a volver hacia el marxismo , y no serían los primeros pequeñoburgueses en hacerlo, como antes Lenin, Ho Chi Minh, etc...y todo esto se va a sumar a la nueva capa de población proletarizada que se está engrosando cada día que pasa, y que no puede soñar con un trabajo estable, hijos y ni muchísimo menos un piso...

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  9. Y que conste que Li Da Chao fue primero nacionalista y luego se hizo comunista, porque tuvo las suficientes luces para darse cuenta de que el Marxismo es la única guía capaz de llevarnos a algún sitio: esto es lo que les va a empezar a ocurrir a muchos, tiempo al tiempo

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