martes, 23 de octubre de 2018

El asesinato de Gadafi ha dejado un rastro de sangre que no se limpiará jamás


Sin los siete años que Siria lleva en guerra, la atención del mundo estaría puesta en otra parte, en la joya de aquellas “primaveras árabes” de 2011: la invasión y destrucción de Libia, seguida de la repulsiva matanza de su máximo dirigente, Muammar Gadafi.

A Libia no le faltó de nada: ni la OTAN, ni la ONU, ni los imperialistas, ni la intoxicación mediática, ni los yihadistas, ni los objetivos humanitarios de todos ellos. Había que acabar con un dictador que violaba los derechos humanos.

El destino de Gadafi demostró el verdadero significado de los derechos humanos, sin que las ONG humanitarias hayan levantado ni la más mínima protesta.

A Gadafi le ocurrió como a Libia, un país follado más que fallido. Desde mediados de octubre el espionaje imperialista sabía el escondite de Gadafi y fueron acompañados de sus sicarios, yihadistas jaleados por los medios de comunicación del mundo entero en lo que calificaron como una “revuelta popular” (tan popular o más que el Partido Popular).

El 20 de octubre los yihadistas capturaron vivo a Gadafi en medio de gritos de “Alah ajbar”. Hicieron lo que hacen siempre, lo que mejor saben hacer, descuartizar y grabarlo en un vídeo que luego difundió Global Post. Le golpearon con los pies, con las puños y con palos, le arrancaron el pelo y uno de ellos le metió un palo por el culo, mientras le sacaban del canal en el que se escondía.

Después le introdujeron en una ambulancia con el pretexto de llevarle a un hospital de Misrata, pero cuando estaba en el interior le dispararon en la cabeza. Según el periódico italiano “Il Corriere dela Sera” quien apretó el gatillo fue un espía francés enviado por Sarkozi, entonces Presidente de la República.

En junio el “nuevo” Presidente francés, Macron, admitió que la intervención del ejército y el espionaje francés en Libia fue un “error”, otro más de una gran potencia que se equivoca por el mundo mucho más de lo que debería. En las próxima elecciones los franceses deberían elegir a candidatos menos torpes.

Gadafi fue uno de los mayores promotores del panafricanismo, que forma parte de la lucha del Continente Negro por sacudirse de encima el peso de las grandes potencias imperialistas. De ahí que quince asociaciones africanas hayan presentado una querella contra Sarkozi por asesinato ante el Tribunal Penal Internacional.

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