miércoles, 31 de octubre de 2018

Ahora Putin se dedica a enviar bombas por correo a Estados Unidos


Varias personalidades y personajes de Estados Unidos están recibiendo paquetes bomba por vía postal, como en el 11-S con el carbunco, lo que es un filón para los intoxicadores.

Nada más goloso. ¿Quién envía bombas a través del cartero? Una cosa así sólo lo puede hacer el Kremlin, empeñado en destruir la democracia americana, por una vía o por la otra.

Así lo ha largado Chuck Todd, un presentador de televisión estadounidense del canal MSNBC, por lo que nos imaginamos a Putin embalando paquetes explosivos y poniendo sellos...

En los últimos días, unos quince paquetes dirigidos a varios demócratas prominentes han sido interceptados en Estados Unidos. Entre los elegidos se encuentran Barack Obama, Hillary Clinton, el ex vicepresidente demócrata Joe Biden, el financiero George Soros, el actor Robert De Niro, el ex ministro de Justicia Barack Obama Eric Holder, la congresista demócrata de California Maxine Waters, la senadora de Nueva Jersey Cory Booker, el ex director nacional de inteligencia de Estados Unidos James Clapper, el empresario y filántropo Tom Steyer y la CNN.

El jueves por la noche Todd dijo ante las cámaras que tenía “miedo” de que los paquetes enviados formaran parte de una “operación rusa” destinada a “dividir” a los estadounidenses, porque Estados Unidos es un país tan unido que las “divisiones” nunca ocurren sin la participación de algún extranjero.

El patán de Todd no es el primero en señalar con el dedo a Rusia, aunque hasta el jueves por la noche tales acusaciones sólo habían sido hechas por personas anónimas en las redes sociales.

La mentira no es por la ignorancia de Todd sino por su baboseo. El FBI hace tiempo que identificó a César Sayoc, de 56 años, como responsable de los envíos. Fue detenido en Plantation, cerca de Fort Lauderdale, en Florida y se enfrenta una sentencia de 58 años de prisión, según el Fiscal General de Estados Unidos, Jeff Sessions.

¿Buscan Ustedes noticias falsas? Aquí tienen una y no hemos necesitado de ningún algoritmo rocambolesco para detectarla.

Esperemos que los inquisidores pongan al canal de noticias MSNBC entre los sitios “poco fiables”.

¿Declarará Bolsonaro la guerra a Venezuela?

El fascismo es el imperialismo y éste lleva la guerra en sus entrañas. Así fue en el siglo pasado y así será en el presente. Un fascista como Bolsonaro declaró la guerra (“sangre, terror, exilio y prisión”) a las fuerzas progresistas, democráticas y revolucionarias brasileñas, pero éstas no hicieron lo mismo. Nunca han plantado cara al fascismo.

Los fascistas ya cuentan con el apoyo de los tribunales, que para desalojar a Dilma Roussef, desataron la Operación Lava Jato de “lucha contra la corrupción”, lo que no fue más un golpe de Estado camuflado. En lugar de sacar los tanques a la calle, sacaron las togas.

Pero eso no es suficiente. La semana pasada uno de los hijos de Bolsonaro se dirigió a las huestes fascistas, ávidas de sangre, anunciando que una vez que en el gobierno, Brasil declarará la guerra a Venezuela.

El discurso se grabó en vídeo para que no quedaran dudas: “La próxima operación de paz de Brasil tendrá lugar en Venezuela. Liberaremos a nuestros hermanos venezolanos del hambre y del socialismo y daremos una lección al narcodictador de Venezuela, Nicolás Maduro”.

El general Mourâo, elegido para la vicepresidencia, “ya lo ha mencionado”, añadió Bolsonaro hijo. Mourâo es otro ejemplo del retorno de los gorilas brasileños a la política institucional. Lo mismo que Bolsonaro, el candidato a la vicepresidencia es un nostálgico de los años de la dictadura militar (1964-1984).

Con 70.000 refugiados venezolanos junto a la frontera, la leña está seca para toda clase de provocaciones.

En febrero el gobierno brasileño declaró el estado de emergencia humanitaria en la región y hace un par de meses los campamentos de los venezolanos fueron atacados y quemados después de que un brasileño resultara herido. Su familia acusó a un exiliado venezolano de asaltarle y robarle.

Las palabras del joven Bolsonaro confirman el papel que Estados Unidos viene desempeñando en Brasil y en otros países latinoamericanos que también “luchan contra la corrupción” para desalojar a los restos del sueño bolivariano. “Trump ofrecerá a Bolsonaro colaboración militar para Venezuela”, titulaba ayer ABC (*).

No obstante, ayer Bolsonaro padre cambió el registro, al descartar una intervención militar en Venezuela. Sólo pretende “dar una nueva dimensión” a Mercosur, por considerar que el bloque está “supravalorado”.

Por su parte, en Venezuela se tientan la ropa. El gobierno de Maduro ha felicitado al pueblo brasileño por las elecciones. Antes había dicho que los comicios eran “falsos y estaban trucados” a causa del encarcelamiento de Lula.

“Es el momento de reaccionar frente a la epidemia fascista en América Latina”, dijo Maduro. Más bien se está haciendo un poco tarde. Venezuela ya tiene a Iván Duque a un lado, en Colombia, y a Bolsonaro en el otro.

Por lo demás, nos gustaría saber qué entiende Maduro por “reaccionar” frente al fascismo.

(*) https://www.abc.es/internacional/abci-trump-ofrecera-bolsonaro-colaboracion-militar-para-venezuela-201810292027_noticia.html

martes, 30 de octubre de 2018

Fascismo y multinacionales: el papel de Volkswagen en las torturas practicadas durante la dictadura brasileña

La filial de Volkswagen en Brasil prestó apoyo material a las torturas perpetradas por la dictadura militar de 1964 a 1985. El informe final de la Comisión Nacional de la Verdad, publicado a finales de 2014, ofreció los detalles sobre el papel de la multinacional alemana.

El monopolio Volkswagen, con sede en Wolfsburg, Alemania, es el segundo mayor fabricante de automóviles del mundo. Su filial en Brasil produce automóviles desde 1953 y actualmente emplea a 24.000 trabajadores.

Lucio Bellentani, antiguo trabajador de Volkswagen en la planta de Sao Bernardo do Campo, cerca de Sao Paulo, contó a la Comisión su experiencia en 1972: “Me bloquearon los brazos a la espalda e inmediatamente me pusieron las esposas. La tortura comenzó en cuanto llegamos al centro de seguridad de Volkswagen. Me golpearon, apalearon y abofetearon”.

La Comisión de la Verdad fue creada en 2011 por la presidenta Dilma Rousseff para investigar los crimenes cometidos contra quienes resistieron al régimen militar. El informe final de 1.000 páginas destaca el asesinato y la desaparición de 434 personas. La Comisión precisó que “esos eran sólo los casos que habían podido comprobar... a pesar de las dificultades de la investigación, en particular la imposibilidad de acceder a los documentos de las fuerzas armadas, que, según la versión oficial, habrían sido destruidos”.

Según algunas estimaciones, varios miles de personas fueron detenidas por razones políticas y 6.000 fueron torturadas durante los años de la dictadura.

El informe señala que más de 80 empresas nacionales e internacionales colaboraron ampliamente con el gobierno militar. Proporcionaron información sobre sus trabajadores, entregaron a personas al Departamento de Orden Político y Social (antiguo centro administrativo de la policía, centro penitenciario y sala de torturas) o incluso financiaron a fuerzas paramilitares progubernamentales, como la Operação Bandeirante.

En febrero de 2014 la Comisión decidió examinar más de cerca la relación entre el régimen militar y Volkswagen. Los resultados prueban que oficiales del ejército y la policía y representantes de 25 grandes empresas se reunieron en el marco del Centro Comunitario de Seguridad (CECOSE), un organismo especial de represión creado en 1983.

El informe concluye que “el representante de Volkswagen desempeñó un papel muy importante durante estas reuniones. Inició discusiones sobre temas de gran importancia y preparó informes para el CECOSE”. Las empresas esperaban que el gobierno les ayudara a resolver los problemas que enfrentaban con sus trabajadores. Los bajos salarios de los trabajadores se consideraban un elemento clave del crecimiento económico del Brasil.

Luiz Inacio Lula da Silva era uno de los trabajadores que Volkswagen vigilaba, aunque no estaba contratado por la multinacional. Entonces Lula, que entre 2003 y 2010 fue Presidente de Brasil, informó a los obreros de Volkswagen que sus patrones les espiaban.

En Alemania se creó una coalición de veinte ONG, “Nunca Mais - Nie Wieder”, para reunir información sobre el papel de las multinacionales e instituciones alemanas que apoyaron la dictadura brasileña. Académicos como Nina Schneider, historiadora latinoamericana de la Universidad de Constanza, asegura que las empresas matrices alemanas estaban al tanto de lo que sucedía en Brasil. “Hay que arrojar luz y Volkswagen debe explicar su papel”, dijo a la radio Deutsche Welle.

Las controversias sobre las actividades de Volkswagen en Brasil no son nuevas. En 1945 Franz Paul Stangl, antiguo comandante nazi de los campos de exterminio de Sobibor y Treblinka, escapó de Alemania a Brasil, donde trabajó durante 15 años para Volkswagen en Sao Bernardo do Campo. Stangl fue extraditado en 1967 y declarado culpable de la masacre de 900.000 personas.

Tras la publicación del informe de la Comisión de la Verdad, Volkswagen se comprometió a buscar información sobre la participación de matones a su servicio en el terrorismo de Estado. Pero hasta la fecha, Volkswagen sigue acumulando denuncias ya que en 2015 la multinacional fue acusada de prácticas antisindicales y de despedir a 800 trabajadores en su planta de Anchieta en Sao Bernardo do Campo.



Más información:
- Informe y conclusiones de la Comisión Nacional de la Verdad sobre los crímenes de la dictadura militar en Brasil

La jerarquía católica: el pilar más escondido del fascismo en Colombia

Horacio Duque

La Jerarquía católica colombiana es otro actor fundamental en el fascismo colombiano. Parte vital del poder colonial, después de la independencia de los años 20 del siglo XIX, ella siguió incrustada en el alma de la sociedad y de sus elites políticas. Ella misma era un poder oscurantista y retrogrado del poder.

Durante la Regeneración conservadora (1886-1930) y con la firma del Concordato con Roma, la Jerarquía católica fue pieza central de todo el andamiaje dominante del campo conservador en la sociedad colombiana de aquella época, pues era la encargada de la educación, la familia y las buenas costumbres.

Tan pronto se dan los brotes políticos de la ideología fascista, los grandes jerarcas católicos asumen su correspondiente posición y participan de las campañas del fascismo y la violencia que lo acompaña contra lo que ellos consideran son los enemigos de la civilización occidental, cristiana y creyente.

Veamos entonces cual fue el protagonismo fascista de tal Jerarquía que aun hoy sigue encuadrada con los sectores mas oscurantistas de la nación, aunque con algunas excepciones muy importantes.

En una aproximación a las relaciones “non sanctas” entre religión y política en Colombia , se encuentran muchos elementos que nos permiten ver cómo se fue perfilando un modelo de sociedad que no dio espacio para que se consolidaran principios de raigambre democrática, con un Estado sólido, donde la concepción de una sociedad diversa y plural pudiera manifestarse sin estrellarse no solo con postulados profundamente conservadores sino con controles sociales que hacían difícil ser distinto, ser diferente al modelo propuesto por quienes durante décadas tuvieron la dirección y la función de moldear la sociedad.

La iglesia colombiana, más que cualquier otra institución recibió un mayor influjo del exterior por sus vínculos jerárquicos con el Vaticano y la distribución de las congregaciones religiosas en diferentes países del mundo. Inevitablemente los cambios de obispos y arzobispos de la alta cúpula eclesiástica eran señalados por el vaticano por intermedio de su vocero el Nuncio Apostólico. De igual manera, las comunidades eclesiásticas y el clero regular como los Jesuitas, los Claretianos, los franciscanos etc., guardaban fuertes vínculos con las congregaciones hermanas, especialmente las establecidas en España. Las encíclicas papales y las bulas ideológicos señaladas por el Vaticano eran un dogma indubitable para la Iglesia colombiana que los seguía.

Por todo lo anterior, la Iglesia no podía escapar de las noticias y las influencias que llegaban de diferentes-partes del mundo, sobre los atinentes a su fuero. El Vaticano había intentado un acercamiento con los Estados totalitarios europeos firmando un concordato y alcanzando diferentes prerrogativas.

Los acuerdos del Vaticano con nazis y fascistas

El 20 de julio de 1933, el gobierno nazi acordó con el Vaticano la regulación de los propios asuntos de la Iglesia católica alemana sin interferencia del Estado. El tratado fue firmado por Von Papen y Pacelli -Pio XII más tarde- pero nunca fue llevado a la práctica y quedó como letra muerta. El gobierno de Hitler buscaba una legitimación en el concierto internacional para cubrir con un velo espeso los abusos del nuevo régimen. Además de ser una estrategia de política exterior, todos los actos de los nazis después de la ratificación del concordato, el 25 de julio, iban en contravía con los preceptos fundamentales del catolicismo. Hitler promulgó leyes de esterilización y disolvió las Juventudes Católicas. Más tarde, el nazismo reprimió y encarceló a sacerdotes y Monjas por “inmoralidad” además de censurar y prohibir los escritos de la Iglesia católica alemana. En 1937, el Papa Pío XI publicó la encíclica “Mit Brennender Sorgo” (Con Profundo Dolor) donde acusaba al nazismo por las hostilidades y las persecuciones contra la Iglesia. Esta encíclica habría de liberar de toda culpa al Vaticano por la supuesta “complicidad” que lo había ligado al totalitarismo nazi. Defendió el Concordato firmado con los nazis, pero atacó agriamente al nacionalsocialismo por destruir la dignidad humana. La Iglesia colombiana, a raíz de estos sucesos, no mostró mayor admiración por el nazismo, a pesar de algunas similitudes ideológicas como el anticomunismo que los identificaban. Los clérigos en Colombia, fueron, por el contrario, más inclinados al Estado fascista italiano que también había logrado estrechar sus lazos diplomáticos con la Santa Sede. Pío XI amante del orden, propugnó por la firma de un tratado con Mussolini quien así podía consolidar su prestigio y su autoridad sobre la base de la reconciliación con la Iglesia.

Mussolini firma los acuerdos de Letrán
Los acuerdos de Letrán, en 1929, crearon la ciudad del Vaticano y compensaron al Papado por la pérdida de sus Estados entre 1860 y 187O. El Concordato reconocía, igualmente, al catolicismo como la religión oficial y le daba al matrimonio católico fuerza de ley, prohibiendo el divorcio.

Las relaciones entre Mussolini y el Papa no fueron siempre las mejores y un leve distanciamiento se hizo evidente, en 1931, cuando el Duce quiso sustituir las Juventudes Católicas por los Hijos de la Loba, los Balillas y los Avanguardisti -jóvenes fascistas-. No obstante, en Teramo, Italia, con motivo del Congreso Eucarístico -celebrado casi simultáneamente al Congreso de Medellín en 1935- la Iglesia le hizo llegar el siguiente mensaje a Mussolini: “Congreso Eucarístico Nacional, con asistencia del delegado de Su Santidad y las autoridades eclesiásticas, invoca a Jesús Eucaristía para que conceda prosperidad y grandeza a la patria siempre amada, gracias a los esfuerzos de vuestra Excelencia que le ha hecho más compacta y fuerte”.

Innegablemente existían entre el Estado fascista y la Iglesia importantes puntos de coincidencia que permitieron la coexistencia tranquila a lo largo de la década de los 30. Tan sólo fue al finalizar la Segunda Guerra Mundial que se trató de poner de relieve las diferencias que habían marcado las relaciones entre Mussolini y el Papado para salvar de cualquier señalamiento a la Iglesia por la complicidad con el totalitarismo. De hecho, las diferencias existieron al igual que las coincidencias, pero los disentimientos obedecían más a la amenaza de perder cierto poder a manos de fascismo que por desacuerdo ideológico de fondo. El Concordato con el fascismo italiano era para la Iglesia colombiana un buen ejemplo de las prerrogativas que se podían obtener como las subvenciones y la secularización de la sociedad. Un Concordato era, a todas luces, una garantía para perpetuar el poder y las prebendas de la Iglesia en Colombia, durante los gobiernos liberales con los cuales secularmente se había enfrentado. Aunque Colombia había suscrito un Concordato con el Vaticano, en 1887, dicho tratado sólo había subsistido gracias a los gobiernos de la hegemonía conservadora. Existía, por lo tanto, gran temor por lo que pudiera suceder de llegar al poder un presidente liberal con ideas anticlericales. En el clero del país existía una predisposición por aceptar al Estado totalitario italiano toda protección y el respeto que había mostrado hacia el Estado Vaticano y la institución del papa, incluso en los momentos más álgidos de la Segunda Guerra Mundial, cuando la Santa Sede había acogido a algunos fugitivos y perseguidos del régimen. Pero había más puntos de coincidencia con el fascismo. Desde el siglo XIX, León XIII había promulgado la encíclica Rerum Novarum, quizás, una de las más importantes de las que hayan sido publicadas por cuanto allí se establecía una respuesta, al mismo tiempo retórica y pragmática al socialismo. En ella se postulaban los primeros pasos para el corporativismo como una forma alternativa de aglutinar a los obreros y a los trabajadores.

La Encíclica Rerum Novarum señalaba la restauración del orden social según las leyes evangélicas. La encíclica le hizo ganar a León XIII el título de Papa de los obreros al perseguir los derechos y los deberes del capital y del trabajo. Pio XII, durante la consolidación del Estado fascista y después de las conversaciones para la firma del acuerdo de Letrán que se extendieron por tres años, promulgó la encíclica Cuadragésimo Anno, conmemorativa de los 40 años de la encíclica de León XIII. La encíclica fue redactada por clérigos italianos y alemanes en un momento en el cual el Papa debía mostrar su proximidad a Mussolini en un esfuerzo por consolidar los acuerdos diplomáticos. Por ello, para Pío XI resultó altamente provechosa la conmemoración de la encíclica Rerum Novarum para ratificar las inclinaciones de la Iglesia católica por el Estado corporativo y las asociaciones profesionales. Desde ese preciso momento, la Iglesia coincidió ideológicamente con las principales premisas corporativas y autoritarias del Duce, siempre y cuando no pusieran en juego su monopolio sobre la fe y la fidelidad de los católicos. Por ello, en 1931, la encíclica Non Abbismo Bisogno atacó el culto pagano hacia el Estado fascista, la encíclica Mit Brennender Sorge, en 1937, denunció los abusos del nazismo, y Divini Redemptoris, del mismo año, condenó el comunismo ateo que destruía el orden social y la dignidad del ser humano. En este constante acercamiento y alejamiento al fascismo se movió la Santa Sede durante casi dos décadas.

El corporativismo en la Iglesia colombiana

El fascismo italiano y el nazismo alemán no representaban necesariamente los modelos ideales a seguir por una Iglesia de derecha, entre otras cosas, porque eran considerados por algunos sectores del clero como regímenes materialistas y anticatólicos. No obstante, ciertas condiciones ideológicas, entre la Iglesia Y el fascismo, expresadas en las encíclicas papales sobre el orden social anticomunista y corporativo, le abrieron espacio a variadas simpatías por estos regímenes totalitarios.

El sacerdote Félix Restrepo, por largos años rector de la Universidad Javeriana fue el principal baluarte de las ideas corporativistas en el país. Aunque Restrepo tenía marcada influencia del corporativismo de Mussolini, el sacerdote colombiano recogió la idea decantada de Sardiña y utilizada por el régimen Salazarista en Portugal. El nacionalismo lusitano perseguía el retorno de la sociedad portuguesa a las condiciones naturales de su formación y su desarrollo. Estas condiciones estaban dadas por la familia, el Municipio, la Corporación, la Provincia y el Estado.

El Salazarismo era muy conveniente para la Iglesia en la medida en que uno de sus pilares fundamentales era el cristianismo. Es preciso ir más allá y realizar por la proyección del genio de cada patria una conciencia mayor, un ideal superior de civilización el de la civilización cristiana que ha formado el mundo y que lo esperamos con confianza, lo salvara aun, afirmaba Restrepo. En el fondo, Félix Restrepo buscaba una respuesta social a toda la ola de reivindicaciones laborales que se venía gestando en Colombia por medio de huelgas y movilizaciones de trabajadores. De esta manera, seguía fielmente las encíclicas papales que buscaban una respuesta similar para los obreros del mundo entero y así frenar los ímpetus comunistas. Si bien Restrepo seguía las directrices de la Santa Sede en cuanto a una tranquila convivencia de las clases sociales; su postura se nutrió de las ideas de Mussolini sobre Senados corporativos que representaban la expresión de las políticas de la Iglesia llevadas a la práctica. El sacerdote jesuita exponía así sus ideas, citado por Ruiz Vasquez (2004) Cámara corporativa o senado corporativo es la más alta expresión del Estado que lleva el mismo nombre. En ella el pueblo todo se siente representado, según sus diversos oficios, para que las cuestiones se estudien a la luz de la ciencia y la experiencia, con miras al bien común y lejos de toda pasión política. El corporativismo cierra la lucha de clases y establece en su lugar la cooperación de las clases en beneficio de todas. En no pocas ocasiones, el jesuita colombiano se refirió al Salazarismo con admiración y respeto en la Revista Javeriana, órgano institucional de los Jesuitas. En otras ocasiones, no escondió su denodado pro franquismo.

La postura corporativista de Félix Restrepo fue una de las pocas respuestas coherentes que se dieron en el seno de la Iglesia en procura de aglutinar a las masas y oponerse de una manera práctica a los movimientos populares y socialistas. Inveteradamente, el llamado a los feligreses, había sido bastante fructífero desde los púlpitos, pero la efervescencia laboral de la década de los 20 representó un nuevo reto para los sacerdotes de las ciudades y los pueblos. Muchos párrocos acudieron a la tradicional condenación del demonio y el mal esta vez representado por el comunismo ateo. En el fondo esta prédica pastoral podía quedar sin piso si las reivindicaciones laborales eran alimentadas, como en efecto lo fueron, por algún partido político. Los sectores tradicionalistas comenzaron a perder importancia en lo espiritual, el clero sintió que disminuía su prestigio con la secularización del Estado, en lo social sufrió deterioro un patronato rural y urbano, pues los trabajadores del campo y de la ciudad tuvieron vía ancha para organizarse. Por ello la propuesta fascista de corporativismo representaba, a todas luces, un intento apropiado por desligar a las masas de los principales preceptos marxistas de lucha de clases.

La distorsión de la Acción Social Católica


La corriente corporativa de la iglesia era el evidente rechazo al comunismo que llenaba de pavor los corazones de no pocos conservadores y devotos de la derecha. En 1926, se había fundado el Partido Socialista, y en 1930, paralelo al inicio de los gobiernos liberales, el Partido Comunista comenzaba a desarrollar sus primeras acciones. El "terror rojo" se apoderó de la Iglesia que observaba con espanto el surgimiento acelerado del comunismo toda vez que los partidos de izquierda apoyaban las reformas constitucionales de López Pumarejo como la redistribución de las tierras y la consagración institucional de prerrogativas y derechos laborales a los trabajadores, en un afán por consolidar la tesis del Estado Benefactor que estaba haciendo carrera en Estados Unidos. Entre 1931 y 1937, las asociaciones gremiales pasaron de 16 a 159.

La Acción Católica


La llamada Acción Social Católica fue otra respuesta alternativa que propuso la Iglesia colombiana para combatir a la izquierda en el terreno de la movilización de masas. El arzobispo coadjutor de Bogotá, Juan Manuel González Arbeláez, fue el principal artífice de la nueva política que desplegó una inusitada campaña por hacerse al favor de la población. Para ello se utilizaron diversas publicaciones con un tiraje total de ciento veinte mil ejemplares (44 semanarios, 60 revistas mensuales y 13 quincenales). Se repartieron radios entre los campesinos, tal como lo había hecho el Ministerio de Propaganda nazi en Alemania. La “Voz de Colombia” y más tarde la Radio Sutatenza fueron los medios de difusión de las principales ideas de la Acción Católica. La Iglesia era propietaria de 150 salas de cine y un número indeterminado de bibliotecas donde sólo se podía leer la literatura autorizada por el Papa. Al mismo tiempo, se buscaba congregar a la población en sindicatos de obreros, asociaciones femeninas, juventudes católicas (los Yocistas) y grupos de devoción. En 1938, la Acción de González, había asegurado la adhesión de cien mil simpatizantes. En distintas ocasiones el liberalismo criticó abiertamente la Acción Católica catalogándola de movimiento militar y a los Yocistas se les culpó de haber recibido un entrenamiento paramilitar. La Acción Social Católica no desvirtuó las acusaciones y los rumores que circulaban especialmente en Cundinamarca por el contrario, reforzó lo dicho con una actitud beligerante al señalar que la Acción era un ejército listo para la batalla. La actividad de la Acción Católica durante los 30 y su renovación al finalizar el segundo mandato Alfonso López Pumarejo, selló en las páginas de la historia, el carácter contrarrevolucionario y desestabilizador del movimiento. La actividad de González Arbeláez y Félix Restrepo seguía de cerca los preceptos señalados por el Vaticano desde el siglo XIX. Sin embargo, dado que sus actividades fueron desarrolladas durante el apogeo del fascismo europeo, la coincidencia ideológica no tardó en establecerse. La expresión de varios elementos que se habían puesto en juego en Alemania e Italia se utilizó en el seno de la Iglesia colombiana:

1. El anticomunismo exacerbado.
2. La movilización de las masas con preceptos conservaduristas.
3. La utilización masiva e innovadora de los medios de comunicación (en especial la radiodifusión que para la época era un medio novedoso de propaganda y publicidad).
4. La corporativizacion de la sociedad por medio de gremios y asociaciones.
5. La militarización de los cuadros más importantes de la Acción.

El Papa Pío XI señaló para todas las Acciones Católicas de América Latina, la conveniencia y el imperativo de ejercer influencia cuando los intereses católicos fueran lesionados, dirigiendo y buscando la manera de no dejarse aprovechar por interés privados o de partidos. Lo que concebía Pio XI como colaboración laica a la misión apostólica no tuvo razón de ser en Colombia donde la Acción Social Católica se convirtió en un aparato contestatario del partido liberal y sus representantes se inscribieron fervientemente en el partido conservador.

Según Fernán Gonzales (1986) no hubo un esfuerzo por formar líder laicos que pudieran ser autónomos en la vida social y política sin enajenarse al liberalismo y al comunismo, creando una especie de terreno propio de la Iglesia que evitara la contaminación y la confrontación con otras ideologías.

El énfasis dado a la lucha anticomunista por encima de una respuesta católica a los problemas de los obreros tal como lo instituía el Papa, no impidió que la Acción Católica Colombiana tuviera dimensiones sociales y desarrollara una verdadera política sectorial.

La radicalización y la violencia latente que expresó la Acción Católica en nuestro país, además de su alianza con el Partido Conservador, le imprimieron un carácter atípico con respecto a los demás casos latinoamericanos. La actitud amenazante de la Acción Católica y la línea corporativista en el seno de la iglesia estuvo reforzada por otras dos vertientes ideológicas: la tradicional y la franquista.

Las tres corrientes ideológicas de la Iglesia colombiana

En la Iglesia colombiana comenzaron a dibujarse, en la década de los 30 tres líneas ideológicas todas ellas enmarcadas dentro de la derecha y el conservatismo.

La primera, como ya se vio, siguió fielmente los postulados ínsitos a las encíclicas papales, especialmente en lo relacionado al corporativismo y a una acción social católica.

La segunda línea ideológica, tradicional por naturaleza, seguía fielmente la postura antiliberal del siglo XIX que habían adoptado las comunidades religiosas como respuesta a las políticas anticlericales de los presidentes liberales, especialmente, durante los gobiernos de Mosquera en el cual se habían expulsado a los Jesuitas y desafiado el fuero sacerdotal y en el mandato de José Hilarlo López con la expulsión del arzobispo de Bogotá. La Iglesia sólo encontró protección en el régimen conservador que se inició con Rafael Núñez y se prolongó por más de 30 años. La alianza Iglesia-conservatismo se afianzó en la Constitución de 1886 donde se estipularon todas las prerrogativas para el catolicismo apostólico y romano como religión oficial. Un año más tarde, el Estado firmo con el Papa el Concordato para afianzar el poder de la Iglesia como baluarte insustituible de la sociedad. El partido conservador, una minoría política, buscó entronizar a la Iglesia con el fin de recibir su apoyo por cuanto esta institución aglutinaba a la casi totalidad de la población en torno a los preceptos cristianos. De esta manera, el Estado quedó sujeto a las jerarquías eclesiásticas al tiempo que se preservaba el poder ideológico y político de la Iglesia sobre los colombianos, protegiendo la educación confesional y manteniendo la injerencia sobre los nacimientos, los matrimonios y las defunciones. El matrimonio entre el partido conservador y la Iglesia, le reportaba al primero el sustento de masas que no poseía y al segundo le significaba la protección a sus jugosas prerrogativas. Con el tiempo, el poder de la Iglesia llegó a ser tan decisorio en la vida política del país, que los candidatos presidenciales no eran escogidos en las urnas sino señalados por la alta cúpula clerical. El acto electoral se convirtió así, durante la hegemonía conservadora, en una simple refrendación de los designios de la Iglesia. Esta tenía dominio directo sobre la vida social y las relaciones políticas. Por último, la tercera línea ideológica se caracterizó por defender el franquismo y tomar partido por los Nacionalistas durante la Guerra Civil Española. Esta tendencia tomó fuerza en la década de los 30 y siguió fiel a su conducta incluso después de la victoria del Generalísimo Franco, en los años 40. Tal postura no fue ni mucho menos gratuita, sino que obedeció a la influencia directa de los hechos de la guerra española sobre los presbíteros colombianos. El clero asumió como suyo el papel beligerante en contra de los republicanos, que en repetidas ocasiones habían llevado a cabo políticas de laicización de la sociedad, especialmente durante el gobierno de Azaña. La leyes de 1932 abrogaron la instrucción religiosa en España y disolvieron las órdenes religiosas que representaban peligro para el Estado. La Compañía de Jesús fue liquidada y sus propiedades confiscadas. Los Jesuitas eran para el gobierno de la República una congregación poco deseable y sí muy peligrosa por su influencia en la educación y su poder económico. Los Jesuitas decidieron exilarse de manera voluntaria, pero la salida de los sacerdotes de la Compañía de Jesús se señaló en el mundo entero como la “expulsión” de la Congregación del territorio español.

En Colombia, donde los Jesuitas también habían sido considerados como un peligro inminente para la estabilidad de los gobiernos liberales del siglo XIX, la relación con lo que sucedía en España no fue difícil de establecer. Así como la República española en cabeza de Azaña “perseguía” al clero violando el Concordato y fomentando la intolerancia religiosa en Colombia, la legislación laica del gobierno de Alfonso López Pumarejo se percibió como una intromisión indebida en las potestades propias de la Iglesia. La separación natural entre el Estado y la Iglesia, es llevada a cabo por los gobiernos liberales en España y Colombia, ponía en entredicho el poder atávico de los religiosos. En esa medida, la Iglesia hacía una analogía a la vez simple y directa entre la República española y los gobiernos liberales, por un lado, y los nacionalistas y los conservadores, por el otro. Esta idea predominante, cobró más fuerza cuando diferentes religiosos españoles buscaron refugio en América Latina y expusieron a diestra y siniestra la persecución de que eran objeto en su tierra.

Al estallar la Guerra Civil Española, la tendencia dominante en el seno de la Iglesia colombiana se hizo aún más beligerante como respuesta a las innumerables informaciones provenientes de la península ibérica que ponían de manifiesto las ejecuciones de sacerdotes y la persecución indiscriminada. Si bien es cierto que los clérigos que murieron durante la guerra representaban un número considerable, no es menos verdadero que las noticias se maximizaron para dar una imagen más patética de lo que en verdad sucedía. Durante varias décadas los estudios más cezudos sobre la Guerra Civil tuvieron una enorme dificultad para establecer el número total de víctimas basándose en aproximaciones que podían oscilar del millón a los trescientos mil muertos. Hoy por hoy, difícilmente se puede contar con una cifra confiable aunque el estimativo más aceptado establece que el número total de víctimas fue de aproximadamente 600.000.

Presumiblemente, los religiosos colombianos debieron recibir informaciones alarmantes sobre la suerte de sus homónimos españoles ya que en la época, y muchos años después, fue prácticamente imposible establecer, a ciencia cierta, la veracidad de tales noticias. Las cifras de muertes de clérigos fueron o bien infladas o bien desestimadas según la conveniencia del grupo que las utilizaba. No obstante, hoy en día se sabe que los Republicanos ajusticiaron a 6.800 de 30.000 religiosos que vivían en España. Del clero regular el 23% desapareció. Del clero secular el 13% fue asesinado. Los comités revolucionarios del Frente Nacional apuntaron sus juicios contra los curas de los pueblos y los falangistas en las ciudades porque en ambos casos estas figuras representaban la imagen vívida de los nacionalistas “indeseables”.

De la orden Hospitalaria, por ejemplo, fueron fusilados a manos de los Republicanos cerca de 90 sacerdotes. Siete de ellos eran padres colombianos (antioqueños y caldenses). Todas estas circunstancias naturalmente, plantearon una relación estrecha entre los presbíteros españoles y los colombianos, no tan sólo por una identificación ideológica sino también por una participación directa en la guerra. Al coro se unieron las jerarquías y el clero colombiano que hicieron de la causa de Franco una cruzada de salvación. En la Revista Javeriana, el Padre Félix Restrepo daba cifras de 160 Iglesias incendiadas y 251 asaltadas y saqueadas. El Episcopado Colombiano envió mensajes de aliento y apoyo al clero español. Con el triunfo de Franco, la iglesia se convirtió, para el nuevo régimen, en uno de los aparatos ideológicos primordiales. El trípode sobre el cual se sostenía el Franquismo estaba conformado por la Falange, los sindicatos institucionales y la Iglesia. Desde ese preciso momento esta última recibió todas las garantías y libertades amparada por el Estado autoritario. Con esta nueva dinámica vinieron a Colombia, entre 1945 y 1952, varias misiones españolas, especialmente de Franciscanos, que llevaron a cabo una “evangelización” al norte del departamento del Valle del Cauca y al occidente del departamento del Tolima, en los momentos más álgidos de la violencia. La prédica religiosa se realizó en zonas en donde se llevaron a cabo las peores masacres como en Ceilán y Betania (municipio de Bugalagrande) y se basaba en una diatriba contra los liberales y una oda ditirámbica en honor Franco. Entre los campesinos liberales existía la convicción de que aquellos padres españoles colaboraban en la organización de la represión estatal conservadora sirviendo de enlace con los directorios del partido en cada municipio, repartiendo armas entre los conservadores. Que la Iglesia colombiana poseyera armas no era de extrañarse para aquella época por los antecedentes acaecidos con la Acción Social Católica. De igual manera durante el gobierno de Pedro Nel Ospina el Ministro de Gobierno afirmó que una congregación tenía a su haber más de 200 rifles. Mucho más tarde, el 9 de abril de 1948, en el Bogotazo, la muchedumbre que pretendía llegar al palacio presidencial para vengar el asesinato del caudillo liberal Jorge Eliecer Gaitán fue recibida a bala: desde el campanario de la Catedral Primada en la plaza de Bolívar en un esfuerzo por mantener el orden.

Anticlericalismo y secularismo: la Iglesia y los gobiernos liberales

Las líneas corporativistas y franquistas de la Iglesia surgieron además durante la década de los 30, como una respuesta a la llegada y consolidación del liberalismo en el poder al que se le atribuía el anticlericalismo recalcitrante y un desusado empeño por desplazar a la Iglesia. Desde sus inicios, los gobiernos liberales de Enrique Olaya Herrera (1930-1934) y Alfonso López Pumarejo (1934-1938) buscaron mantener unas sanas relaciones de equilibrio con la Iglesia y así legitimar los nuevos regímenes después de la larga hegemonía conservadora. De hecho, tanto Olaya como López lograron un peculiar apoyo a la Iglesia al evitar tocar las prerrogativas eclesiásticas con el ánimo de mostrar que los presbíteros podían continuar libremente, sin temor alguno, actividades durante los gobiernos liberales. No obstante, al corto tiempo, una fuerte ola anticlerical se contrapuso al sector más reaccionario de la Iglesia que señalaba a los liberales como ateos, herejes y comunistas.

El matrimonio de conveniencia, entre los Estados liberales y la Iglesia no se extendió por mucho tiempo y la separación sobrevino debido a diferentes factores.

En primer término, Laureano Gómez, una de las cabezas más visibles del partido conservador, buscó revitalizar su colectividad alinderando la Iglesia a su lado con la táctica que le fue propia por muchos años; es decir, señalando enemigos y peligros para crear temor entre sus posibles aliados y asegurar así la ferviente fidelidad de esos grupos. El periódico El Siglo mostró, desde sus páginas en agosto de 1936, el atroz asesinato de los religiosos colombianos en España en un intento por asociar el problema político y el problema religioso. En segundo término, González fue nombrado coadjutor y posible sucesor del arzobispo Primado Perdomo, lo cual radicalizó parte de la Iglesia, al plantearse la formación de la Acción Social Católica con todas sus estrategias fascistoides, militares y violentas.

Si esto sucedía entre los conservadores, los liberales especialmente los jefes regionales no desaprovecharon el advenimiento de los jefes de su partido para soslayar en los pueblos y pequeñas localidades, la actividad de la parroquia y lo curas. Por ello no faltó el hostigamiento y el enfrentamiento directo con el sacerdote de la región en una pugna por consolidar el poder político local. Las relaciones entre el Estado Liberal y la Iglesia comenzaron a deteriorarse a raíz de que el Congreso hiciera una denuncia por evasión de impuestos por parte de la Comunidad Jesuítica. Los debates en las Cámaras fueron enconados y varios representantes liberales llegaron a calificar a los Jesuitas de ladrones. Otro punto de enfrentamiento tuvo que ver con la preponderancia que quería asumir el Estado Liberal en lo que tocó, a disgusto de los clérigos, instituciones de reconocida estirpe confesional como el Colegio del Rosario y el Colegio de San Bartolomé. De hecho, la cúpula eclesiástica había reforzado su dominio sobre la educación superior desde los inicios mismos de los gobiernos liberales con la fundación de la Universidad Javeriana en Bogotá en 1930, y la Universidad Bolivariana en Medellín en 1934. Los conflictos fueron tensados al máximo con la propuesta gubernamental para la Reforma Constitucional de 1936 en donde se suprimía el nombre de Dios como fuente suprema de toda autoridad tal como había sido consagrado desde 1886 en el preámbulo de la Constitución. Igualmente, se buscó instaurar el divorcio y el matrimonio civil para escindir el poder del Estado y la sociedad, de las potestades de la Iglesia. La Constitución postulaba igualmente, la libertad de enseñanza pero con arreglo, vigilancia e inspección del poder civil del gobierno.

En 1935, se llevó a cabo el Congreso Eucarístico de Medellín que estuvo caracterizado por la radicalización de las posiciones en el seno dela Iglesia y en el partido liberal. El Congreso movilizó a cientos de miles de feligreses y reunió a importantes prelados de América Latina, en momentos en que las Cámaras legislativas discutían la conveniencia de reformar el Concordato con la Santa Sede. El Concejo de Bogotá, de mayoría liberal, manifestó, en una proposición, su pública aceptación del Congreso Eucarístico, siempre y cuando la Curia colombiana estuviese dispuesta a considerar la reforma del Concordato, la educación laica, la separación Estado-Iglesia y la prohibición de las misiones evangelizadoras.

Lo anterior creó el clima propicio para que Monseñor González Arbeláez, el representante del ala más radical de la Iglesia, llegara a Medellín portando la Custodia del Santísimo y reuniera al sínodo en contra de los liberales y del Estado Reformador. González reprochó al Concejo de Bogotá y señaló que no cedería ante los masones, ateos, comunistas y herejes concitando a los feligreses con estas palabras, al clausurar el Congreso: “Oigan Mueran los curas”, “López sí, curas no”, “Abajo Monseñor González y la Acción Católica”.

El anticlericalismo afianzó la supremacía de Monseñor González, en el seno de la Iglesia que, aliado políticamente con Laureano Gómez, utilizó la Acción Católica como un instrumento violento de respuesta militar a la vertiente anticlerical. Aunque muchas de las acusaciones contra González y la Acción Católica provenían del liberalismo, el lenguaje exacerbado del presbítero era un claro llamado a la violencia en donde se ordenaba a los católicos a “derramar hasta la última gota de sangre” en defensa de los postulados de la Iglesia. A pesar de la fuerza inusitada que cobró la Acción Social Católica, nunca llegó a representar un peligro inminente para el gobierno de López, entre otras cosas, porque la Iglesia al igual que el conservatismo se hallaba dividida y las luchas intestinas minimizaban cualquier intento por radicalizarla. A este respecto, vale la pena anotar que la división en la Iglesia obedecía a una postura de conveniencia utilizada en aras de conseguir el poder de la institución. Así hubiese una coincidencia de ideas o programas entre dos importantes clérigo, estos terminaban enfrentados si ello favorecía su predisposición por acceder al poder. Esta falta de cohesión interna fue la que impidió que las posturas de extrema derecha tuvieran mayor arraigo no sólo en la Iglesia sino en otras instancias de la vida colombiana.

El anticlericalismo, las encíclicas Papales, el advenimiento de Franco y la organización comunista, le abrieron las puertas al sector más radical representado en Monseñor González Perdomo, la cabeza más prominente de la jerarquía eclesiástica, se vio relegado a un segundo lugar frente al carisma de González quien gozaba del apoyo de Laureano Gómez. En vista de los insistentes rumores sobre un levantamiento militar auspiciado por la Acción Católica y Gómez, en el departamento del Cauca, el gobierno, por intermedio de su ministro Alberto Lleras, presionó ante el Vaticano el traslado de González Arbeláez a una Diócesis menos importante.

No obstante, la Acción Católica no cedió en sus intentos por aglutinar a los obreros independientes y asalariados rurales a pesar de la caída en desgracia de su jefe. Especialmente, el Yocismo, se reorganizó y enfiló nuevamente baterías gracias a la creación en 1936 del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) que tenía por misión coordinar las actividades de la Acción en el nivel nacional. En diciembre de 1936, los Yocistas organizaron en el Espinal, Tolima, una reunión nacional. En ella, se señaló la necesidad de luchar contra el comunismo que carcomía al liberalismo y a los sindicatos. El encuentro estuvo marcado por los grandes desfiles de corte militar con la utilización de uniformes y banderas y los actos masivos de congregación de camisas blancas. Al respecto el periódico liberal El Tolima apuntó, citado por Ruiz Vasquez (2004) en diciembre de 1936: Mientras el liberalismo se distrae en cuestiones bizantinas, la Acción Católica organiza huestes de camisas negras y se prepara para crearle problemas sociales al gobierno. Las organizaciones yocistas y los sindicatos de la clerecía corresponden a disposiciones dadas por un enemigo tan terrible como el comunismo y tan extraño y peligroso como el fascismo.

En los primeros años 1935-1936 (los Yocistas) se declaraban partidarios del corporativismo y elogiaban al fascismo italiano y al nazismo alemán por oponerse al comunismo.

No obstante, en 1937, los Yoscistas, a raíz de las encíclicas papales, renegaron del fascismo calificándolo como un producto del paganismo y afirmaron que la repuesta al comunismo no estaba ni en el fascismo ni en las dictaduras de derecha. La moderación del Yocismo traería un quiebre inevitable con la Acción Católica dirigida por Monseñor González aliada a la extrema derecha conservadora. Los choques entre ambas tendencias mostrarían las fisuras internas que irremediablemente atacaron la estructura eclesiástica restándole fuerza a los planteamientos fascistas. Si los Yocistas se convirtieron en demócratas cristianos la Acción Social Católica siguió fiel a sus premisas franquistas y fascistas.

Para finales de la década del 30, tres facciones propugnaban por sus intereses al interior de la Iglesia: la facción de Perdomo, los partidarios de Gonzalez y los Yocistas.

Los dos primeros grupos estaban fuertemente enfrentados en la pugna por el poder de la alta cúpula eclesiástica, a pesar de los esfuerzos de los gobiernos liberales por desplazar a Monseñor González de la vida política del país. La facción de González giró con más fuerza hacia el falangismo y el fascismo durante la Segunda Guerra Mundial. El clero falangista formó una red semi subterránea fuertemente representada en las comunidades monásticas rurales, donde se habían refugiado algunos españoles durante las guerras Carlistas y el Frente Popular. El clero falangista atacaba en privado a sus colegas moderados, alegando que estaban arrinconando al régimen liberal con un catolicismo errático.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los servicios de inteligencia británico se dieron a la acuciosa tarea de investigar cualquier actividad proclive al Eje en los países del hemisferio. El FBI de Estados Unidos y el Servicio de Inteligencia Británico realizaron labores de contraespionaje para determinar, en los países latinoamericanos, los nacionales y extranjeros que simpatizaban con las ideas nazis. El Servicio de Inteligencia Británico investigó las actividades de Monseñor González y estableció que el prelado se había envuelto en las actividades de la llamada Acción Combinada de la Hispanidad, un grupo político clandestino de tendencia fascista. La Acción Combinada, por intermedio de González, consiguió armas del gobierno argentino -ametralladoras- que luego fueron repartidas entre sus socios por medio de suscripciones parecidas a las que se hacían en las revistas. Para la fecha, 1944, el gobierno de López asistía al creciente rumor de que la extrema derecha buscaba derrocarlo. Por su lado, Monseñor Perdomo se mostró enemigo del fascismo y propuso la amplia lectura del escrito “ ¿Pueden el nazismo y la cristiandad coexistir?”, difundida profusamente por la embajada británica.

Cuando el primero de marzo de 1945, se hallaron los explosivos en la Catedral de Bogotá, Perdomo afirmó que reprobaba todo movimiento subversivo contra las autoridades constituidas. De hecho, el Primado hacía referencia en primer término a su autoridad dentro de la jerarquía de la Iglesia que habían puesto en duda los sectores más radicales inspirados por el fascismo.

La escisión en la Iglesia fue fruto indiscutible de la lucha por el poder; lo que se tradujo, incluso, en un ataque violento y directo del ala más radical. Sin embargo, el ajuste de cuentas, virulento y a veces pueril, no buscaba tan solo dirimir las diferencias entra las facciones de la elite, sino también expresaba la diferencia planteada en el binomio campo-ciudad. En efecto, los “Perdomistas” prevalecieron en los grandes centros urbanos, mientras que los “Gonzaliztas” intentaron influir en el sector rural. En el fondo, el ala clerical más recalcitrante reflejaba el temor que existía de tiempo atrás por la creciente urbanización que le significaba a la Iglesia la pérdida de poder e influencia en las curias de las pequeñas poblaciones. El universo restringido de la parroquia en el campo le permitía al clero una intromisión directa en la vida de los pobladores. Pero esta influencia se veía menoscabada en las grandes ciudades donde era más difícil establecer relaciones interpersonales y así estrechar los vínculos de adscripción a la Iglesia. Una primera reacción del clero, ante la migración campesina y la modernización del sector rural, la evidenció el tristemente célebre Miguel Ángel Builes, arzobispo de Santa Rosa de Osos. El prelado señaló, en 1929, la inconveniente injerencia del Estado en obras de infraestructura que irremediablemente descomponía al campesinado. De igual manera, las pastorales del padre se quejaban del peligro en que se encontraba la fe cristiana ante los avances de la modernización y el desarrollo. Existía el gran temor de que el campesino, tradicionalmente conservadurista, tomara posiciones opuestas a las instituciones establecidas con la entrada del capitalismo y las estructuras del mercado libre en el campo.

El ala más radical de la Iglesia, que conducía la Acción Católica, le otorgó grande importancia a la sindicalización campesina. En 1937, los sindicatos campesinos católicos comenzaron a proliferar en Cundinamarca. El gobernador del departamento, ante el giro de los acontecimientos, envió una misiva a Monseñor Perdomo donde criticaba el adoctrinamiento que se les impartía a aquellos campesinos. En estos días se ha venido creando una grave y peligrosa situación en algunos municipios que tiene por causa principal la formación de lo que se llama Sindicatos Católicos, organizados y dirigidos por los señores curas párrocos, sindicatos a los que se les han dado una organización casi militar. Tales sindicatos cuentan con un escalafón de oficiales de Cristo, donde hay una jerarquía a semejanza de la que existe en el ramo militar..

El arzobispo González en sus informes a la Santa Sede en 1938, sobre las actividades de la Acción Católica, se complacía en señalar que los campesinos eran movilizados a través de “manifestaciones masivas de fe religiosa”, con desfiles, estandartes y banderas en donde se ponían en juego los mecanismos sociológicos por encima de la religiosidad.

Posteriormente, en 1945, la Acción Católica sería conducida muy eficientemente por la Comunidad Jesuítica que habría de conformar la Unión de Trabajadores Colombianos (UTC) en un intento por mediar en los conflictos laborales en las empresas privadas. El sindicalismo católico surgió como una expresión anticomunista para ser la competencia de la Central de Trabajadores Colombianos (CTC) manipulada por el liberalismo.

La Iglesia católica y la violencia


Gonzalez (1986) plantea que la línea de González prevaleció en campos y veredas durante la Violencia entre los años de 1949 Y 1953. Hoy por hoy, es difícil señalar en qué medida influyó la Acción Social Católica, el clericalismo a ultranza, los sindicatos campesinos, el franquismo y la condenación de los liberales, en aquella Violencia que se agudizó a partir del 9 de abril de 1948 con la muerte del caudillo liberal Jorge Eliecer Gaitán. A raíz de los sucesos del Bogotazo, importantes prelados señalaron al comunismo y al liberalismo como los directos responsables de los disturbios. Entre otros, monseñor Crisanto Luque (Obispo de Tunja), monseñor Gerardo Martínez (Obispo de Garzón Y Monseñor Builes (Obispo de Santa Rosa de Osos) hicieron estos señalamientos en sus pastorales. Los preceptos cristianos fueron utilizados como un simple pretexto para arrogarle un carácter grupista a una lucha que, en el fondo, era una redistribución violenta de la riqueza y de la tierra. Es probable, también, que la prédica pastoral beligerante calara hondamente en los sectores conservadores, exaltando los ánimos. La religión les dio a los asesinos de la violencia toda una simbología alrededor de la cual realizaban sus fechorías o cometían las masacres. Los victimarios, organizados en cuadrillas generalmente, iniciaban el asesinato colectivo con lemas como “Que vivan San Juan y San Pedro”, “Viva Cristo Rey”, “Ateos mal nacidos”. La jerga utilizada estaba acompañada por la posesión dé símbolos, fetiches del catolicismo. Los cuadrilleros llevaban en sus bolsillos estampas de la Virgen del Carmen y del Cristo Milagroso de Buga o escapularios y medallas al cuello.

Las masacres, amparadas por el supuesto de una “Santa Cruzada”, escondían un afán del campesino por ascender en la escala social ante el bloqueo que representaba la estructura agraria retardataria y hacendataria. En otras ocasiones, la violencia respondía a una pugna por el poder local de las regiones y municipios. El resultado evidente de las fisuras sociales y las necesidades económicas más apremiantes de la sociedad se manifestaron y buscaron una salida en la violencia. Las cosechas y el ganado eran robados y las tierras eran compradas a precios irrisorios debido a las amenazas y el terror. El grueso de la población era carne de cañón en este conflicto atizado desde los púlpitos con sermones que señalaban, por ejemplo, que matar liberales no era pecado. De esta manera, el asesino recibía indulgencias de la Iglesia que sobre el papel era el conductor de los sanos preceptos de la moralidad de la fe católica.

Para las elecciones de 1949, el clero se movilizo en los campos haciendo un llamado a la votación conservadora por medio del sentimiento católico. Laureano Gómez pescó en el río revuelto del enfrentamiento entre el clero metropolitano y el clero rural. Una vez más, como en la década de los 30, la Iglesia se convertía en el aparato ideológico del partido conservador. Indudablemente, la Iglesia colombiana contaba con una estructura propagandística incomparable para movilizar a los campesinos. Desde las 150 salas de cine propiedad de la Iglesia, hasta las publicaciones, pasando por la radio y la predica desde los púlpitos constituían, en su conjunto, un sistema publicitario fuerte y acabado. Sumado a lo anterior el apostolado llevado a cabo en Colombia había apuntado hacia la corporativizacion de la sociedad con organizaciones de derecha como los sindicatos de campesinos y de obreros, las asociaciones de trabajadores y los movimientos de juventud, todos guiados por la premisa de la igualdad de clases antes que su lucha. Dicho adoctrinamiento era altamente conveniente para un gobierno de extrema derecha que no quería ver expresiones contestatarias y sí un fuerte apoyo popular.

Laureano Gómez lo comprendió así y supo sacar ventaja de la muerte de Perdomo, en 1950, con el consiguiente debilitamiento del ala moderada de la Iglesia. Con el fallecimiento del Primado no sólo se radicalizó la Iglesia sino que se le abrieron las puertas al clero rural para imponerse sobre el clero metropolitano. De esta manera, los sectores más retardatarios de la Iglesia que tenían su asiento en el campo, pudieron moverse libremente para ejercer un proselitismo político virulento dirigido a atizar los ánimos en contra de los pobladores liberales. No obstante, los ataques constantes y la diatriba exagerada pusieron al clero en el incómodo papel de instrumento de la “dictadura civil”. Lo que en un principio fue la principal arma de la Iglesia –el poder de movilización- se convirtió, a la larga, en su principal defecto restándole credibilidad y legitimidad en amplios sectores de la sociedad, especialmente entre los campesinos liberales y los comerciantes de las pequeñas ciudades. A partir de ese momento la Iglesia no pudo constituirse en un instrumento de conciliación y mediación en el seno de la sociedad colombiana.

En el próximo texto vamos a intentar una sociología del fascismo en Colombia y su prolongación con el uribismo y sus ejércitos narco paramilitares, responsables de la masacre y el desplazamiento de millones (ocho) de campesinos colombianos despojados de sus bienes y tierras por las hordas asesinas de la autodefensa organizada por Uribe Vélez a partir de las Convivir, aparatos paramilitares legalizados por el narco gobierno de Samper Pizano en el año del 1997 como una concesión de Samper a la ultraderecha uribista a raíz del proceso 8000 que destapo la financiación del narco a su campaña electoral y a su gobierno.

https://www.aporrea.org/internacionales/a270906.html

El juicio por la exhibición de un documental antifranquista no entra dentro del auge del fascismo

El 14 y 15 de noviembre se celebrará un juicio en Iruña contra los miembros de ZER Clemente Bernad y Carolina Martínez por difundir el documental “A sus muertos” el año pasado dentro de las jornadas “¿Qué hacemos con el Monumento a los Caídos?”

El documental trata del conocido como “Monumento a los Caídos”, aunque su nombre oficial es “Navarra a sus muertos en la Cruzada”, un símbolo vigente en honor del golpismo y del franquismo.

Mensualmente en su cripta se celebran misas en honor a los criminales fascistas que desataron la guerra civil en 1936 y asesinaron solo en Navarra a más de 3.500 personas.

El documental se reparte en seis preguntas hechas a los viandantes en el entorno del monumento y muestra las estrechas relaciones entre el pasado y el presente en el espacio urbano.

La Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz interpuso una denuncia contra ellos a raíz de la exhibición del documental, por la que serán juzgados por un delito de revelación de secretos, con una petición por parte de la Fiscalía de 2 años de prisión y multa de 12.000 euros para cada uno de ellos. La acusación particular eleva la petición a 2 años y 6 meses de prisión.

La Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz se creó en 1939 por excombatientes requetés para “mantener íntegramente y con agresividad si fuera preciso, el espíritu que llevó a Navarra a la Cruzada por Dios y por España“. Desde entonces vienen celebrando misas en el Monumento todos los días 19 de cada mes y especialmente el 19 de julio, ya que el golpe de Estado de 1936 en Navarra fue el 19 de julio, en honor de los militares golpistas Mola y Sanjurjo y de los combatientes navarros del bando franquista muertos en la Guerra Civil, en clara apología del fascismoy el golpismo.

Este tipo de hechos no forman parte del auge del fascismo sino del fascismo mismo porque son exactamente iguales ahora que en 1939. No son ningún “peligro” sino realidades evidentes. Aquí ha cambiado (casi) nada.

Cuatro muertos durante una huelga en la República Dominicana

Anoche murió un herido de bala durante la huelga en San Francisco de Macoris, en la República Dominicana. El fallecido, de nacionalidad haitiana, había sido evacuado al hospital.

La huelga está convocada por organizaciones populares que reclaman aumento de salarios, arreglo de calles, carreteras, construcción de acueductos y respeto a la soberanía nacional, entre otras demandas.

Uno de los organizadores del paro, el Frente Amplio de Lucha Popular (Falpo), ha destacado el apoyo a la huelga general, ya que más del 95 por ciento del transporte de pasajeros está paralizado, así como la docencia y distintos comercios.

Respecto al tema del transporte, la Oficina Metropolitana de Servicios de Autobuses reforzó la cantidad de unidades en Santiago y, además, cuenta con el apoyo de autobuses del Ministerio de Defensa totalmente gratis para la población.

La protesta está dando lugar a duros enfrentamientos en las calles entre manifestantes, que lanzan piedras, y policías, que disparan sus armas y han matado a cuatro huelguistas y herido a otros cinco.

Los piquetes queman neumaticos para bloquear las calles. Se están produciendo saqueos a los comercios e intentos de incendiar las oficinas del partido PLD. La policía utiliza drones por vez primera en un intento de reaccionar ante la movilización popular.

Los familiares de las víctimas y los colectivos populares responsabilizan a la policía de las muertes. Tras conocerse las muertes, vecinos de Ciruelitos se lanzaron a la calle gritando a la policía “que nos maten a todos”.

Uno de los muertos es un niño de 13 años, Kevin Rodríguez, que falleció tras recibir dos impactos de bala en la cabeza durante un incidente con la policía en el municipio de Navarrete, perteneciente a la provincia Santiago.

En Ciruelitos, también en la provincia de Santiago, se han producido violentos enfrentamientos entre manifestantes y policías, resultando con dos impactos de bala en la cabeza Wilson David Camilo, de 25 años.

La víctima salió a una tienda para comprar una lata de leche para un hijo suyo, pero antes de llegar a su destino se encontró en medio de un tiroteo de la policía contra los manifestantes.

Algunos manifestantes encapuchados también dispararon contra la sede del Ayuntamiento de San Francisco de Macorís, aunque no causaron ninguna víctima.

lunes, 29 de octubre de 2018

Turquía inicia la disolución del llamado ‘ejército libre de Siria’ en el norte


Ayer Abu Jula, dirigente de los Mártires de Al-Sharqiyah, anunció la disolución de su grupo y la entrega de todas sus armas y vehículos en el norte de Alepo.

“Debido al deterioro de mi salud y a ciertos actos criminales, que han sido cometidos por ciertos grupos de ciertas facciones e imputados a los Mártires de Al-Sharqiyah, anuncio la disolución completa de la agrupación de los Mártires de Al-Sharqiyah”, dijo Abu Jula en un mensaje grabado en vídeo.

Más tarde, el Observatorio Sirio de Derechos Humanos reveló que Turquía y varios grupos del llamado “ejército libre de Siria” habían impulsado a Abu Jula a tomar esa decisión a fin de castigarlo por lanzar un ataque no autorizado contra el ejército regular en Tadef, que está protegido por el acuerdo de desmilitarización.

Durante el ataque, que tuvo lugar el 5 de julio, Abu Jula y sus combatientes capturaron Tadef tras matar e herir a varios soldados sirios. En ese momento, fuentes cercanas a los Mártires de Sharqiyah afirmaron que el ataque tenía por objeto apoyar a los militantes en el sur de Siria, que estaban luchando para detener el avance del ejército regular.

Abu Jula y sus milicianos se retiraron de la aldea el mismo día, unas horas más tarde. Sin embargo, parece que Turquía no está dispuesta a tolerar a cualquiera que se atreva a desobedecer sus órdenes en el área controlada del Escudo del Éufrates.

El incidente con Abu Jula envia un mensaje muy claro a otros grupos del llamado “ejército libre de Siria” que operan en el norte, muchos de los cuales están violando el acuerdo de desmilitarización en Idlib, que ha sido aprobado por Turquía.

‘Vamos a matarlos. No quedará nada. Si no quieres que los libaneses los maten, los mataremos nosotros’

Niño palestino en un campo de refugiados
Con motivo del 30 aniversario de las masacres de los campos palestinos de Sabra y Shatila, en donde fueron asesinados entre 800 y 2.000 palestinos, en 2012 el investigador estadounidense Seth Anziska publicó un artículo en el New York Times asegurando que los dirigentes israelíes habían engañado deliberadamente a sus homólogos estadounidenses.

Es una de las dos ingenuidades más típicas sobre dichas matanzas. La primera consiste en decir que fue cosa de los falangistas libaneses, sin intervención israelí; la segunda admite la intervención israelí, pero elude la responsabilidad de Estados Unidos, a quien todos engañan.

Hoy el mismo autor acaba de publicar un libro sobre la diplomacia estadounidense en Oriente Medio desde el primer Acuerdo de Camp David (1977) hasta los Acuerdos de Oslo (1993) en el que dedica unas 20 páginas a las masacres de Sabra y Shatila con la aportación de nuevas fuentes, incluyendo documentos clasificados de la Comisión Kahane en Israel, que había evaluado la responsabilidad de los sionistas en los crímenes.

Poco antes de las masacres, Israel había logrado la expulsión (negociada) de los combatientes palestinos de la OLP del Líbano a Túnez y otros países árabes.

Una vez que fueron evacuados, el 1 de septiembre de 1982 el presidente estadounidense Reagan pronunció el único discurso importante de sus dos mandatos dedicado a la guerra israelo-palestina. Aunque no apoyaba la creación de un Estado palestino, exigía la evacuación israelí de los territorios que ocupaba en Cisjordania y Gaza.

El Primer Ministro israelí Menahem Begin reaccionó muy agresivamente porque consideró que el plan de Reagan conducía a la formación de un Estado palestino, lo que era tanto como instalar una base soviética en el corazón de Oriente Medio.

En un Líbano ocupado por Israel, Begin había logrado poner a Bechir Gemayel, el dirigente de las falanges cristianas, en la Presidencia. Pero Gemayel es asesinado muy poco después, el ejército israelí invade la capital, Beirut, y los falangistas entran en los campos palestinos porque los israelíes los dejan entrar, les proporcionan apoyo logístico y, en particular, iluminan los campamentos por la noche para que la matanza sea la mayor posible.

Al día siguiente, Morris Draper, embajador itinerante de Estados Unidos en Oriente Medio, y Sam Lewis, embajador en Tel Aviv, se reunieron con el ministro de Defensa Ariel Sharon, el jefe de Estado Mayor Rafael Eitan y el jefe de Inteligencia Militar Yehoshua Saguy. Draper exige que Israel retire a los falangistas de los campos de refugiados y Saguy se niega. Cuando Draper insiste, el general israelí responde, burlándose de él: “¿Y quién les impedirá quedarse?”

Los israelíes consideran que los campos tienen que ser “limpiados de terroristas”, afirmando falsamente que los combatientes palestinos de la OLP todavía estaban presentes. “La gente hostil dirá que el Tsahal [ejército israelí] permanece en Beirut para permitir que los libaneses maten a los palestinos en los campos”, dice Draper, a lo que Sharon responde: “Así que vamos a matarlos. No quedará nada. Si no quieres que los libaneses los maten, los mataremos nosotros”.

Era un desafío, una manera de decir a Estados Unidos: “vamos a matarlos y no te atreverás a hacer nada contra nosotros”. De esa manera los israelíes consiguen que Estados Unidos acepte que los falangistas sigan en los campos de refugiados durante otras 48 horas. El precio es conocido: entre 800 y 2.000 palestinos asesinadas o desaparecidas. Víctimas de violaciones, niños y ancianos muertos a tiros, hombres llevados a destinos sin retorno.

Los falangistas cristianos no fueron más que el brazo ejecutor del ejército israelí. Lo que unía a israelíes y falangistas no sólo era el intento de debilitar a la OLP, sino a los palestinos, en general, como confesó el general Saguy en una conversación con Bashir Gemayel celebrada en el rancho privado de Ariel Sharon el 31 de julio de 1982. Dos días antes de que corriera la sangre, Gemayel le dijo a Sharon que “se deben crear las condiciones para que los palestinos abandonen el Líbano”.

Los documentos muestran que los israelíes estaban plenamente informados de las intenciones de los falangistas de expulsar a los palestinos del Líbano por el terror. El 14 de junio de 1982, una semana después de que comenzara la invasión israelí, Gemayel dijo al director del Mossad, Nahum Admoni, que “es posible que, dependiendo del contexto, necesitemos varios Deir Yassin”, es decir, varias matanzas, una propuesta que el jefe falangista realiza tres meses antes de las masacres.

El tema se volvió a plantear de forma inequívoca a principios de julio. Durante una reunión en el cuartel general de los falangistas en Beirut, Gemayel preguntó a los israelíes “si se opondrían si él [Gemayel] llevara excavadoras a los campos palestinos en el sur para llevárselos”. Sharon, que está presente, responde: “Nada de esto es asunto nuestro”.

Las discusiones para expulsar a los palestinos a la fuerza continuaron hasta poco antes de la masacre. Según declaró ante la Comisión Kahane el coronel israelí Elkana Harnof, un alto funcionario de inteligencia, los falangistas le dijeron que “Sabra se convertiría en un zoológico y Chatila en un aparcamiento”. Un miembro del equipo de investigación de la Comisión Kahane tomó declaración al padre de uno de los falangistas que le dijo que antes de la operación, los milicianos cristianos habían sido informados por su dirigente, Elie Hobeika. “Los hombres comprendieron que su misión era liquidar a los jóvenes palestinos, para empujar [a la población] a huir de los campos a gran escala”.

El aparato de seguridad israelí, en su conjunto, era plenamente consciente de las intenciones de su aliado libanés, los falangistas cristianos. Los archivos de la Comisión Kahane muestran claros signos de coordinación entre israelíes y falangistas antes de la entrada en los campos, aunque la excusa es siempre la de “deshacerse de los terroristas”.

Los israelíes y los falangistas no sólo hablaban entre ellos de la ”liquidación de los terroristas”, sino también del futuro de la población palestina: una masacre obligaría a los palestinos a huir de Líbano.

Los generales israelíes y el Mossad están claramente informados de las intenciones de los falangistas. De su conversación con el enviado especial de Estados Unidos, Draper, se desprende que el Ministro de Asuntos Exteriores Yitzhak Shamir es plenamente consciente de lo que está ocurriendo en los campos palestinos durante las masacres.

Pero lo que muestran los archivos, sobre todo, no es la existencia de determinadas responsabilidades, sino un contexto general y una acumulación de signos que explican por qué los israelíes, a sabiendas, dejan que los falangistas libaneses cometan la carnicería.

Canadá concede asilo político a 117 miembros de los Cascos Blancos

Los países imperialistas no son tan refractarios a los emigrantes, ni tan xenófonos, como se dice... siempre y cuando sean de una categoría especial, similares a los yihadistas que combatieron en la Guerra de Siria.

Hace 80 años, Canadá ya fue un país hospitalario hacia los kulaks ucranianos que huyeron del “holodomor”, por lo que acumula un selecto exilio.

Ahora acoge a 117 de Cascos Blancos que, junto con sus familiares, fueron evacuados del sur de Siria el verano pasado, según asegura la emisora CBC.

En una guerra tanto la evacuación como el exilio son muy selectivos; no se lo concenden a cualquiera, ni sirve cualquier motivo. Los que logran huir son personal de confianza que ha prestado servicios muy especiales a sus jefes.

Los motivos por los cuales una organización que en medio de una guerra feroz ha realizado una labor humanitaria, o sea, neutral, se ve obligada a evacuar a sus miembros, merece algo más que una reflexión.

A finales de julio, más de 400 miembros de los Cascos Blancos fueron evacuados de Siria a petición de Canadá, Unión Europea y Estados Unidos.

Los que ahora llegan a Canadá primero fueron alojados en Jordania, mientras se les buscaba un nuevo destino que no necesitara pasar los requisitos de la aduana ni los papeles de la emigración.

Según CBC, los Cascos Blancos y sus familias se ubicarán en las provincias de Columbia Británica, Saskatchewan, Ontario y Nueva Escocia.

La ofensiva a gran escala del ejército sirio contra los terroristas en las regiones del suroeste del país, hizo temer por sus vidas. Los imperialistas esperaban evacuar hasta 1.200 personas, incluidos los equipos de respuesta rápida pero, al final, sólo 422 miembros y familiares lograron salir de Siria el pasado mes de julio.

Los restantes miembros de los Cascos Blancos se trasladarán a la Unión Europea, donde no se espera que los habituales “ultraderechistas” que tanto protestan contra la emigración, sobre todo si es mulsulmana, realice la más mínima protesta.

Al contrario. Tanto los “ultraderechistas” como los yihadistas son ramas del mismo tronco.

Huelga general de 1918 en Suiza: antes de la revolución llegó la capitulación

Marguerite Meyer

En noviembre se cumple el primer centenario del acontecimiento político que colocó a Suiza al borde de una guerra civil: la huelga general de 1918. ¿Qué causas tuvo? El hecho de que suizos abrieran fuego contra sus compatriotas se debió a un cúmulo de diversos factores.

Suiza siempre fue una parte de Europa. No hay nada que lo demuestre mejor que los acontecimientos que desembocaron en la huelga general y que después seguirían influyendo en la política helvética durante décadas.

Los sucesos del mes de noviembre de 1918 fueron la culminación de una serie de situaciones y acontecimientos políticos y sociales. ¿Cuáles fueron sus ingredientes? Una guerra mundial, revoluciones en Europa, una cúpula militar implacable y temerosa y una clase baja que vivía en la miseria.

La gente que a mediados de la década de los años 1910 vivía en los barrios obreros de Zurich y otras ciudades del país tenían ya suficientes preocupaciones: con frecuencia compartían varias familias una sola vivienda que, además, solía ser vieja y húmeda. Un sueldo no era suficiente para una familia: el concepto burgués del “salario único subsistencia” no funcionaba, por lo que tanto hombres como mujeres se veían en la necesidad de dedicarse a una actividad asalariada.

Y de repente se dejaban de pagar los sueldos: soldados fueron llamados al servicio militar activo. Durante la Primera Guerra Mundial 238.000 soldados fueron movilizados por el general Ulrich Wille para entrar en las milicias y proteger las fronteras en caso necesario.

Muchos de esos efectivos formaban parte de la clase trabajadora. El alistamiento puso a sus familias en grandes dificultades: entonces no existían todavía las indemnizaciones por pérdida de salario a causa del llamamiento a filas, que no se introdujeron en Suiza hasta la Segunda Guerra Mundial. Tampoco existía la asistencia social.

Por eso fueron enormes las pérdidas salariales en muchas familias: los ingresos de los hogares se redujeron en parte a la mitad, mientras algunas familias burgueses salían ganando. Muchos empresarios suizos suministraban a los dos bandos en guerra munición y materiales con altos beneficios. Algunos accionistas suizos ganaban así dividendos exorbitantes.

La distribución de la riqueza entre pobres y ricos se alteró rápida y drásticamente. “Sabemos que se amplió la brecha entre los que tenían mucho y los que tenían poco o nada, es decir, entre la clase obrera y los llamados oportunistas de la guerra, los empresarios”, afirma Brigitte Studer, profesora de Historia Suiza en la Universidad de Berna.

Crecía el descontento, y también el hambre: a partir de marzo de 1917 se empezaron a racionar gradualmente los alimentos, que además se encarecían cada vez más, poniendo en graves problemas a muchas familias de las clases humildes: “Entonces gastaba un asalariado medio cerca de la mitad de su sueldo en alimentos”, recalca el historiador Sébastien Guex de la Universidad de Lausana.

Algunas ciudades intentaban aliviar la penuria con la venta de patatas a precios rebajados o con la distribución gratuita de alimentos a los más necesitados. Pero la combinación de guerra mundial, mal tiempo y malas cosechas provocaron hambrunas en los años 1916 y 1917.

La Primera Guerra Mundial también repercutió en los distintos grupos políticos: en un lado se encontraban los burgueses y la élite militar, en el otro, la izquierda dividida. Ya en 1915 se habían dado cita representantes destacados del socialismo europeo en un encuentro conspirativo en Zimmerwald, una pequeña aldea campesina en los aledaños de Berna. Trataron de responder a la pregunta de si era legítimo o no el apoyo a los gobiernos en guerra por parte de socialistas y socialdemócratas.

El encuentro fue organizado por el consejero nacional (diputado) socialista Robert Grimm, que se convertiría en uno de los principales protagonistas de la huelga general. El eximpresor de libros militaba en las filas de los llamados centristas marxistas, que claramente se declaraban partidarios del socialismo, pero que en el fondo se veían como intermediarios entre revolucionarios y reformistas. En esa reunión participó también Vladímir Ilich Lenin, que era partidario de la subversión violenta, idea que Grimm rechazaba. Pese a esta discrepancia ideológica, Grimm colaboró en la organización del famoso viaje que realizó Lenin de Zurich a Petrogrado. Las desavenencias entre las distintas corrientes en la izquierda provocaban reiteradas disputas sobre las doctrinas imperantes del movimiento.

La mecha que desencadenó la huelga general empezó a arder pronto: en Zurich se produjeron los primeros incidentes sangrientos el 17 de noviembre de 1917. Un grupo simpatizante del pacifista y objetor de conciencia Max Dätwyler se congregó para protestar contra las dos fábricas de munición municipales, al que se unió otro grupo de jóvenes más radicales. Los “disturbios de noviembre” se recrudecieron; murieron cuatro personas y treinta acabaron heridas.

A partir de entonces, Suiza no volvería a recuperar la tranquilidad en todo el año 1918: en febrero destacados dirigentes socialistas y del sindicalismo fundaron el “Comité de Olten” en reacción a los planes del Consejo Federal (Gobierno) que pretendía introducir la obligatoriedad del servicio civil. Uno de esos dirigentees fue Robert Grimm.

A lo largo y ancho del país la gente protestaba contra la escasez de alimentos. Sobre todo en el Tesino se sufría mucho. En marzo asaltaron y saquearon trabajadoras y trabajadores la central lechera en Bellinzona. El 1 de mayo anunció el Consejo Federal la subida del precio de la leche. Dos semanas más tarde se empezó a racionar el queso, una medida que convenía a los granjeros, pero no a la clase obrera urbana: en lugar de elaborar quesos con la leche desnatada se dedicaban las queserías a producir caseína, que se vendía a fábricas de armamento germanas como producto sucedáneo del caucho.

Ya en los años anteriores habían protestado sobre todo las mujeres en los llamados “tumultos de los mercados” en ciudades como Biel, Thun y Grenchen. En junio de 1918 se reunieron en Zurich cerca de mil mujeres delante del ayuntamiento. Exigían poner coto a la inflación, la introducción de un mínimo de subsistencia y la redistribución de los alimentos. En una segunda manifestación algunos días más tarde se reunieron 15.000 personas. Las mujeres presentaron la primera petición popular cantonal desde su introducción. La dirigente política era la marxista zuriquense Rosa Bloch-Bollag, que también había formado parte del Comité de Olten.

En septiembre se declararon en huelga los trabajadores de banca para exigir un salario mínimo. El hecho de que se organizaran e incluso se declararan en huelga los asalariados del sector bancario fue una novedad. Esto preocupó a amplios sectores de la burguesía helvética y a los militares y reforzó los temores de una revolución. Se temía una subversión que siguiese los patrones rusos.

La postura de la cúpula militar suiza poco tenía que ver con querer apaciguar los efectos de esta efervescencia. En su mayoría veían el movimiento obrero como elemento desintegrador de la sociedad. “El generalato y también el gobierno vivían en una burbuja, diríamos hoy”, explica el historiador Jakob Tanner. “Se ocultó por completo que el movimiento obrero se esforzaba en encontrar formas razonables para la defensa de sus intereses. Solo se trataba de volver a realzar al máximo la importancia del ejército”.

El general Ulrich Wille representaba una imagen prusiana del ejército: para él un buen ciudadano debía ser ante todo un buen soldado. Frente al comportamiento dubitativo de las autoridades cantonales y del Consejo Federal, contestaba con dureza y demostraciones de fuerza. De esa manera se pretendía sofocar las protestas en su origen para no permitir en ningún caso situaciones como en Rusia o en Alemania, donde los gobiernos habían quedado fuera de combate.

Hoy sabemos que el movimiento obrero suizo no estaba preparado para la insurrección armada, por lo que se oponía a ella mayoritariamente. Pero los acontecimientos en los países vecinos hacían plausibles las preocupaciones que entonces tenían los militares.

https://www.swissinfo.ch/spa/huelga-general-1918-_antes-de-la-revoluci%C3%B3n-lleg%C3%B3-la-capitulaci%C3%B3n/44498662
https://www.swissinfo.ch/spa/huelga-general-de-1918_-creo-que-planean-una--guerra-civil-/44501608

domingo, 28 de octubre de 2018

Khashoggi: el periodista de las mil caras

Jamal Khashoggi era un periodista con mil caras pero ninguna es la que venden los intoxicadores. Procedía de una familia poderosa y rica, lo que le permitió estudiar en Estados Unidos.

Era nieto de Mohammed Jaled Khashoggi, médico personal de Abdelaziz Ben Abderrahmane Ben Saud, alias Ibn Saud, el fundador del Reino de Arabia saudí.

Era sobrino de Adnan Khashoggi, un poderoso traficante de armas, considerado a principios de los ochenta como el hombre más rico del mundo. Su tío vivió en Marbella hasta que murió el año pasado en Londres.

También era sobrino de Samira Khashoggi, madre de Dodi El-Fayed, la amante de la princesa Diana que murió en 1997 en el accidente de París.

Osama Bin Laden también estaba entre sus familiares, un hombre muy cercano al que entrevistó dos veces. En 1988 posó con un lanzacohetes entre los yihadistas árabes que combatieron a la URSS en el frente afgano.

El periodista era miembro de la Hermandad Musulmana, una organización apoyada por el régimen saudí durante la Guerra Fría contra los movimientos progresistas y laicos árabes, y luego clasificada como organización terrorista por el mismo régimen saudí tan pronto como tejió su red en las instituciones del Reino.

Pero ahora la Hermandad Musulmana pretende reemplazar a la monarquía saudí por un Estado islamista más moderno, dice John Bradley en The Spectator.

Su pertenencia a la Hermandad Musulmana le acercó al Presidente turco  Erdogan, también afiliado a la Hermandad Musulmana.

Como miembro de la Hermandad Musulmana, Khashoggi se oponía al acercamiento de Riad al Estado de Israel y apoyaba las reivindicaciones palestinas (al menos hasta cierto punto).

No es nada nuevo, aunque son datos que las cadenas de intoxicación están ocultando sistemáticamente para cargar las tintas contra Riad.

Khashoggi era muchas cosas, pero no era otras. Por supuesto, no era ningún demócrata. Durante mucho tiempo fue un cortesano incondicional del régimen y colaborador de los órganos de propaganda de la monarquía, como la Gaceta Saudita, Okaz o Al-Watan.

Por supuesto, en 2011 apoyó a los islamistas que desataron la Guerra de Siria.

También apoyó públicamente la decapitación del dirigente chiíta saudí Nimr Baqr Al-Nimr, condenado a muerte en enero de 2016 por sus discursos contra la Casa Real que impera en Riad.

Khashoggi no era periodista sino dirigente del espionaje saudí, dice el periódico alemán Die Welt (*). Durante décadas fue asesor de Turki Ben Fayçal, dirigente del espionaje saudí y fabricante de la marca Al-Qaeda, al alimón con Estados Unidos.

Finalmente, Khashoggi acabó enfrentado con el príncipe Mohammed Ben Salman, una de las batallas intestinas que sacuden a los clanes de Riad.

La más importante de esas batallas es que ha llevado a los saudíes a imponer un bloqueo contra Qatar y, en definitiva, a enfrentarse con Turquía, que es quien ha destapado su atroz asesinato.

Junto con le CIA, Khashoggi preparaba una “Primavera Árabe” en Riad. En enero formó el grupo Dawn en Delaware y también tenía previsto poner en marcha un sitio web orientado a la economía. El plan consistía en reunir a intelectuales, reformistas e “islamistas moderados” en la llamada “Democracia para el mundo árabe actual”, especialmente dedicada a controlar a la prensa árabe.

El plan procede de su experiencia personal en el intento de asalto de los islamistas al gobierno argelino en la década de los noventa, los Amigos de la Democracia en Argelia, donde Khashoggi fue corresponsal durante las fallidas elecciones, que el gobierno canceló para evitar una victoria islamista.

(*) https://pjmedia.com/spengler/german-press-reveals-saudi-spook-saga-behind-khashoggi-disappearance/

Los fascistas de Houston reclutan milicias armadas para ir a la frontera a atacar la caravana de migrantes

Niños de la caravana viajando en un camión
Los fascistas de Houston, la capital de Texas, están reclutando y armando milicias para ir a la frontera de México y detener por la fuerza la caravana de migrantes centroamericanos que está a 1.600 kilómetros de Río Grande.

No está claro exactamente cuántos fascistas llegarán a la frontera.

La caravana, integrada por unos 7.000 migrantes, está ahora a unos 1.600 kilómetros de la frontera sur de Estados Unidos, adonde llegarían en varias semanas.

La posibilidad de que haya civiles armados en la frontera –y la caldeada retórica sobre política migratoria– han atizado los temores hacia el surgimiento de grupos de matones fascistas en momentos en que las tensiones ya se encuentran altas debido a las bombas caseras enviadas por correo a algunos de los críticos de Trump.

Esta semana, la Patrulla Fronteriza advirtió a los terratenientes de Texas que prevé que lleguen “posibles civiles armados” a sus propiedades debido a la caravana.

Tres fascistas dijeron que irían a la frontera o que organizarían a otras personas, y algunos grupos han publicado en Facebook advertencias graves sobre la caravana. Uno dijo que era “imperativo tener soldados sobre el terreno”. Otro escribió: “Guerra. Protejan la frontera ya”.

Los fascistas dijeron que planean llevar armas y equipo como chalecos blindados para ayudar a la Patrulla Fronteriza para evitar que entren al país personas de manera ilegal. “Se están riendo en nuestra cara”, expresó Shannon McGauley, presidenta de los Minutemen, un grupo fascista de Texas. “Estados Unidos es un caos”.

McGauley dijo que en tres puntos tendría a los fascistas de su grupo de la frontera sur del estado con México y espera tener a entre 25 y 100 personas más en los próximos días.

Los fascistas han patrullado intermitentemente la frontera sur de 3.200 kilómetros durante más de una década. Generalmente, vigilan la frontera en busca de migrantes que cruzan la frontera ilegalmente y cuando los ven llaman a la Patrulla Fronteriza.

A veces, los han atacado cobardemente. En 2009 una fascista mató a dos de ellos que irrumpieron en una propiedad donde ella creía que se guardaban drogas cerca de la frontera, en Arivaca, Arizona.

Sin embargo, en las últimas semanas, habitantes de la misma ciudad han colocado letreros en los que advierten de que los fascistas no son bienvenidos.

El trayecto hacia el norte de los migrantes ha suscitado furor en plena campaña electoral en Estados Unidos. Trump ha pedido el envío del Ejército a la frontera y un funcionario del Pentágono anunció que el gobierno despachará 800 o más efectivos en servicio activo.

A pesar de la paranoia la llegada de migrantes, aunque ha aumentado este año, continúa por debajo de las cifras de décadas anteriores.

La reacción describe a los migrantes como unan amenaza existencial a un estilo de vida particular. Monica Marin, habitante de Oregon, ha recaudado en internet 4.000 dólares para ayudar a los fascistas a comprar provisiones. Marin afirmó que los emigrantes de la caravana son peligrosos, palabras similares a las pronunciadas por Trump acerca de que “personas del Oriente Medio desconocidas” se han mezclado entre la multitud de migrantes.

“Veo a hombres jóvenes en edad de combatir que no parecen hambrientos, sino listos para pelear”, declaró Marin. También señaló que “estamos adiestrados, no somos fanáticos. No estamos ahí para disparar contra la gente”.

Otros son defensores de los migrantes. Marianna Trevino Wright, una habitante del sur de Texas que dirige el Centro Nacional de las Mariposas, una organización sin fines de lucro, dijo temer más a los fascistas que a la caravana. “A diario efectuamos pacíficamente nuestras actividades aquí”, declaró Wright. “La idea de que nos pudieran invadir, no inmigrantes ilegales, sino grupos de civiles armados... es lamentable, y las cosas terminarán mal”.


Hondureños de la caravana de migrantes descansan sobre la línea férrea en Arriaga, al sur de México