miércoles, 18 de julio de 2018

Un cura y un fabricante de armas ucraniano están implicados en el falso asesinato de Babchenko

Babchenko, el asesinado y luego resucitado
En mayo el New York Times se enfadó mucho por la muerte y posterior resurrección del “periodista” Arkady Babchenko en Kiev. A los periodistas gringos no les gusta que les tomen el pelo: son ellos quienes toman el pelo a los demás.

El cabreo explica el interesante artículo publicado el mes pasado (*), porque el Caso Babchenko va de una paradoja a otra: ahora quienes se han visto obligados a confesar han sido los espías que organizaron el montaje. Al final el interrogador ha sido interrogado: el espionaje quería detener a los sospechosos que debían conducirles hasta el Kremlin. Un montaje debía llevar a otro, a la campaña de intoxicación mediática.

A Babchenko se le suman en el montaje otros personajes esperpénticos de parecida factura, fabricados por el espionaje ucraniano. Uno de ellos es un sacerdote fascista llamado Oleksiy Tsimbalyuk.

Tsimbalyuk es un antiguo monje y diácono de la Iglesia Ortodoxa Rusa que usaba el apodo de “Aristarkh”. Es un fanático antiruso. Su fe política es más fuerte que su fe religiosa y la animadversión por Rusia hizo que abandonara a la Iglesia oficial y se pasara a otra disidente.

Combatió en la Guerra del Donbas junto a las bandas fascistas. En su perfil de Facebook las fotos no lo muestran con sotana sino con equipo de combate caqui, incluyendo un escudo de los fascistas de Pravy Sektor.

En un documental de 10 minutos sobre él, que apareció en línea en enero de 2017, describió el asesinato de miembros de las milicias populares que combaten en el Donbas como un “acto de misericordia”.

El sacerdote ha confesado que trabaja para los servicios de inteligencia ucranianos, añadiendo que fue contratado por sus jefes para matar a Babchenko. En Facebook asegura que tras el montaje se presentó a las autoridades.

Aunque al principio un portavoz del espionaje ucraniano lo negó, luego admitió que había desempeñado “cierto papel” en el montaje, pero no quisieron decir cuál.

No haría falta decirlo: dado su odio hacia Rusia, es absolutamente inverosímil que este cura haya sido elegido por Rusia para matar a Babchenko.

Pero el cura sólo era el pistolero, el ejecutor material. Detrás estaba el organizador: Boris L. Herman. Según admite el gobierno de Kiev, Herman no sólo planeó matar a Babchenko sino que tenía una lista de unas treinta personas más para eliminar, naturalmente siguiendo órdenes de Moscú.

Un tribunal de Kiev acusó a Herman del asesinato ficticio y ha estado preso preventivamente durante dos meses. Los fiscales dijeron que había pagado 15.000 dólares al asesino, la mitad de lo que le prometieron por el crimen.

En el tribunal, Herman intentó vincular el complot con Putin, aunque afirmó que, lo mismo que el sacerdote, él también había trabajado para el gobierno de Kiev desde principios de este año.

“Recibí una llamada de un conocido de larga data que vive en Moscú, y durante mi comunicación con él, resultó que estaba trabajando para una fundación de Putin para orquestar la desestabilización de Ucrania”, dijo Herman.

Admitió que sabía perfectamente que no habría ningún asesinato. El monje fue contratado porque no quería matar a un hombre desarmado, dijo al tribunal. Una vez que tuvo lugar el “asesinato”, dijo que su contacto ruso le dio una lista con otros 30 nombres, que pasó a la contrainteligencia ucraniana.

El abogado de Herman, Eugene Solodko, escribió en Facebook que su cliente era el director ejecutivo de Schmeisser, una empresa ucraniano-alemana y el único fabricante de armas en Ucrania que no es propiedad del gobierno. Se especializa en la fabricación de miras de rifle de francotirador, dice el abogado.

La oficina del fiscal negó que Herman trabajara para la contrainteligencia ucraniana.

Ucrania ha sido criticada por organizaciones internacionales, dirigentes políticos extranjeros y periodistas por simular el asesinato de Babchenko. La embajada ucraniana en Londres se sintió obligada a emitir una declaración justificando lo que llamó una “operación especial”, indicando que “la guerra híbrida desatada por la Federación Rusa contra Ucrania requiere enfoques poco ortodoxos”.

El gobierno de Kiev no ha explicado los motivos del montaje.

Por su parte, Babchenko dijo que había aceptado participar en la farsa porque creía que su vida corría peligro. Dio algunos detalles sobre la puesta en escena del falso crimen: los guardias de seguridad tomaron una de sus sudaderas y dispararon a través de ella, luego la cubrieron con sangre de cerdo y, finalmente, se la puso de nuevo.

Su esposa, que estaba involucrada en la comedia, llamó a una ambulancia y le trasladaron al hospital, ingresando en una unidad de cuidados intensivos, declarado muerto y llevado a la morgue. Fue entonces cuando dejó de hacerse el muerto y empezó a ver los homenajes que le rendían por televisión.

(*) https://mobile.nytimes.com/2018/06/01/world/europe/ukraine-arkady-babchenko.html


Tsimbalyuk, el monje guerrero, combatiente en el Donbas y enemigo jurado de Rusia

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