domingo, 8 de julio de 2018

Japón ahorca a 7 miembros de la secta Aum de la Verdad Suprema

El gurú Shoko Asahara
Si hubiera ocurrido en cualquier otro país, como Corea, Venezuela, Siria o Irán, las cadenas de televisión nos hubieran agobiado con la noticia. Pero ha ocurrido en Japón, un país civilizado, desarrollado y avanzado... que en pleno siglo XXI sigue levantando cadalsos para ejecutar a sus ondenados a muerte.

Se trata de Shoko Asahara, gurú de la secta Aum y otros seis miembros más, condenados a muerte por su responsabilidad en el ataque con gas sarín en el metro de Tokio en 1995, que asesinó a 13 personas y causó enfermedades, a veces irreversibles, a otras 6.300 personas.

Fueron ahorcados el viernes. Es la primera vez que Japón ejecuta a miembros de Aum. Otros seis fieles condenados a la misma pena siguen en el corredor de la muerte, a los que hay que añadir 190 más condenados a penas diversas.

Shoko Asahara esperaba desde 1999 en el corredor de la muerte, junto con sus cómplices.

Los miembros de la secta difundieron gas sarín en cinco trenes del metro de Tokio que circulaban hacia el centro administrativo de la capital.

Para ello utilizaron bolsas de plástico perforadas con puntas de paraguas por donde liberaron el veneno. Nadie entendió inmediatamente lo que estaba sucediendo a esa hora temprana, en medio de la hora punta, cuando muchos pasajeros se asfixiaban por las bocas del metro sin ver nada.

En junio del año anterior 7 personas fueron asesinadas en Matsumoto y otras 600 sufrieron diversas enfermedades como resultado de un ataque con gas sarín por parte de los miembros de Aum.

En 1999 la secta reconoció oficialmente por primera vez su responsabilidad en el ataque a las redes de metro de Tokio y Matsumoto.

La primera sentencia de muerte por el atentado de 1995 fue impuesta en 1999. La ley japonesa especifica que los condenados a muerte deben ser ejecutados en un plazo de seis meses a partir de la confirmación de su sentencia, pero en la práctica a menudo permanecen en el corredor de la muerte durante años.

La secta, que llegó a atraer a 10.000 fieles, fabricó en un laboratorio grandes cantidades de gas sarín, un producto letal creado por científicos bajo el III Reich.

El gurú Asahara pasó de los programas de televisión a las campañas electorales para captar la atención de los incautos, incluidos jóvenes científicos de alto vuelo, médicos, abogados y otros individuos de élite.

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