lunes, 18 de junio de 2018

La izquierda de Españistán

Rebeca Quintáns

Mientras los catalanes se manifiestan contra la represión de sus docentes, resistiendo todos los ataques del gobierno central con más movilizaciones sociales, después de haber puesto en jaque por primera vez el régimen monárquico del 78 en un process que está lejos de ser vencido...

Mientras los vascos organizan una cadena humana con cerca de 100.000 voluntarios para reclamar el derecho a decidir (“Gure Esku Dago”, está en nuestras manos), reforzando un segundo frente contra un estado que ha torturado y asesinado durante décadas para reprimir su lucha por la independencia...

Mientras los gallegos se rebelan tomando la plaza del Obradoiro en una de las manifestaciones más multitudinarias de los últimos tiempos, contra el proyecto de reabrir una mina de cobre en Touro que pondría en peligro su sistema de vida (las producciones ganaderas y la pesca en la ría de Arousa, que son las principales fuentes de riqueza en el país), desde una perspectiva indefectiblemente identitaria...

La izquierda en Españistán poco menos que hace el ridículo reclamando un poco de atención por parte de Pedro Sánchez, como damisela burlada por un don Juan, mendigando migajas de poder en el nuevo gobierno de tintes indiscutiblemente azul anaranjado. Continúa queriendo vender la burra del Estado plurinacional con el buenismo de “vamos a llevarnos todos bien” con que demuestra no entender en absoluto de qué va la película; y se explaya en el interminable debate sobre si es posible ser de izquierdas y nacionalista a la vez, queriendo inventar un internacionalismo sin naciones tan paradógico e incomprensible como el dogma de la santísima trinidad de los católicos. Excepto algunos grupos pequeños -como Red Roja, Iniciativa Comunista, la coordinadora 25S, Marchas por la Dignidad, Izquierda Castellana, PCPE y poquitos más-, que siempre han defendido el derecho de autodeterminación de los pueblos y reconocido la existencia de presos políticos, los partidos que habitualmente se identifican con la izquierda dosifican la lucha posponiendo cuestiones clave -como el republicanismo o el control por parte del estado de las fuentes energéticas-, mientras piden la unidad de los trabajadores de todas las “regiones” para poder avanzar llegando a acuerdos parlamentarios con los representantes de la oligarquía financiera.

Es frustrante asistir a actos como el que se celebró la pasada semana en el Teatro del Barrio de Madrid, con Ángeles Maestro (Red Roja) y Vidal Aragonés (CUP), sobre “clase obrera y cuestión nacional”, y ver cómo su exposición (excelente y pedagógica) choca contra un muro en buena parte del público, que se aferra a una doctrina izquierdosa exclusiva del Estado español post-franquista: Falsean el marxismo leninista con la pedantería de citas traídas ad hoc, con retórica que justifica la gran traición de PCE y PSOE en la Transición (aceptando la monarquía sin referéndum y una partidocracia encerrada en estrechos límites constitucionales y electorales, en sustitución de una democracia no sólo formal), y dicen aspirar a una revolución proletaria que los procesos de liberación nacional les están estorbando. Deprimente y cabreante si no fuera porque, mal que les pese, en la gente más joven y concienciada su discurso no cala. Los líderes de la izquierda de Españistán caminan solos como clavos ardientes a los que se aferran cada vez menos desesperados. Después del bluff de Podemos, volvemos al punto de partida: Que no, que no nos representan.

3 comentarios:

  1. Pues sí señor, así se habla ... o así se escribe.
    Enhorabuena por el artículo.

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  2. Tu pensamiento es el mio, más claro imposible, totalmente de acuerdo.

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  3. Lo que se vio en twitter en octubre del año pasado por parte de ciertos súper comunistas del PCE (sacedator y CIA) fue de auténtica vergüenza. Sólo les faltó gritar "España una, grande y libre". Gran artículo de Rebeca.

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