domingo, 27 de mayo de 2018

Ni el ejército ni los sindicatos amarillos logran acabar con la huelga de camioneros en Brasil

Ayer continuaba la huelga de camioneros que desde el pasado 21 de mayo paraliza varias de las principales carreteras de Brasil. Los bloqueos persisten pese a la orden del presidente brasileño, Michel Temer, de intervención del ejército para abrir al tráfico las carreteras más afectadas.

Aunque el Ejecutivo había anunciado una tregua de 15 días con el sindicato de transportistas, tan solo 132 de los 519 bloqueos fueron levantados.

El paro de camioneros ha generado una crisis de desabastecimiento que continúa desde hace una semana y sin que parezca haber una solución a la vista, pese a que el gobierno dispuso la intervención del ejército.

El gobierno de Brasil amenazó con detener a los trabajadores que promueven la huelga y señaló que ya han comenzado a cobrar las multas a varios de ellos.

El ministro de la Secretaría de Gobierno de la Presidencia, Carlos Marun, aseguró que investigaciones adelantadas por la policía federal han permitido establecer bases sólidas para dictar órdenes de prisión de varios dirigentes de la huelga.

El combustible está prácticamente agotado en las principales ciudades del país, el transporte público opera con menos de la mitad de la flota, la gente no tiene como llegar a sus trabajos y niños y jóvenes han tenido que permanecer en casa por el cierre de escuelas y universidades.

El viernes la escasez de combustible obligó a cancelar más de 70 vuelos en diferentes partes del país, entre ellos Brasilia, uno de los más afectados.

Sao Paulo, la ciudad más rica y poblada de Brasil, decretó este viernes estado de emergencia por los “excesos de protestas” de los ciudadanos en las calles.

La Alcaldía afirmó en un comunicado que, en caso de que la huelga se alargue, podrá ser decretado un día festivo y precisó que el “estado de emergencia podría evolucionar a un estado de calamidad pública”.

Así como en Sao Paulo, otras ciudades como Río de Janeiro, Brasilia y Recife han sentido fuertemente la consecuencias de la huelga de camioneros.

El presidente Temer acusa del caos a una “minoría radical que está cerrando carreteras e impidiendo que muchos camioneros lleven adelante el deseo de atender a la población”.

Sin embargo, el presidente de la Asociación Brasileña de los Camioneros (Abcan), José da Fonseca, dijo que el número de manifestantes en las calles muestra que no se trata de una minoría, sino “la mayoría del movimiento y que no está satisfecha con el acuerdo anunciado”.

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