martes, 1 de mayo de 2018

Al circo le crecen los enanos

B.

Sobre todo, y últimamente, al PP. No salen de una vulgar trepa como Cifuentes, y antes Montoro y el protofascista juez Llarena a cuenta de la financiación del 1-0 catalán, cuando va el modosito ministro de Justicia -es una forma de hablar-, Rafael Catalá, y la caga dudando de las facultades mentales -un "problema singular"- de un juez del caso de "La Manada" que emite su parecer particular desde el diván de un frenopático culpando poco menos que a la víctima donde no ve violación y sí "jolgorio".

Bueno, pues, no pasó un minuto para que, como un resorte, saltaran jueces y fiscales, conservadores y progresistas, que se dice en el periodismo convencional, a la yugular del ministro afeándole el gesto y la osadía de "opinar" sobre la sentencia de un impúdico tribunal alejado del sentir popular que, indignado, se ha echado a la calle para emitir su veredicto popular. Un Consejo General del Poder Judicial, con su presidente Lesmes a la cabeza, convertido en un medieval gremio que defiende su corporación por encima de la verdad de las cosas y/o un miembro suyo está tarado o demente o es un incapaz.

En fin, para una vez que Catalá (experto en Casinos) dice -o se asoma- la verdad, van sus coleguis y lo crujen. Cuando dijo que la pena de 9 años le parecía "excesiva", todos callados como muertos. Insinúa una mínima "crítica" y le mentan la madre por no saber distinguir entre la "justicia" burguesa -a la que se debe y se lo recuerdan- y la justicia popular del vulgo ignorante de la que dios nos libre no vaya a ser que nos la apliquen también a nosotros el día menos pensado.

Buenas tardes.

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