jueves, 31 de mayo de 2018

55 años del asesinato de Julián Grimau, un crimen de Estado

Juan José del Águila Torres

He recuperado en la red un amplio reportaje “Julián Grimau, el último muerto de la guerra civil”, publicado en el diario El País, del 22 de enero de 1978, cuyo autor fue José Antonio Novais, periodista, corresponsal de Le Monde en España y coautor, junto al abogado Amandino Rodríguez Armada, del libro reportaje “¿Quién mató a Julián Grimau?” En sus páginas 12 y 13 relataba con precisión los primeros momentos tras la detención de Grimau en la Dirección General de Seguridad: “Uno de los agentes allí presente me dijo: ‘Pronto te vamos a matar’. Otro, poniéndose un guantelete, me preguntó: ‘¿Cómo quieres que te pegue como funcionario o como médico?’... Después, todo lo empecé a ver como en sueños, prosigue Grimau, recuerdo algo así como un largo pasillo donde se podía apreciar un patio en el cual unos obreros estaban realizando trabajos de albañilería. Pero todo muy desvaído, como entre brumas. Me daba la impresión que caminaba como por un paso elevado o algo así. Al final veía unos cortinajes. Después todo se volvió oscuro, como en tinieblas. Cuando recobré el conocimiento no sabía dónde estaba. Permanecí varios días semiinconsciente. Muy lentamente me fui dando cuenta de mi estado físico”.

Este testimonio directo del propio Julián Grimau relatado a su abogado civil Amandino Rodríguez Armada y recogido en el reportaje de Novais, cuando consiguió acompañado por un notario entrevistarse con él en el Hospital, concuerda con el oficio remitido por el propio médico de la Dirección General de Seguridad en el mismo día de la detención al Juez que instruyó el sumario por intento de suicidio: “... dichas lesiones se las ha producido (el herido) al arrojarse lanzado a través del cristal de una ventana cerrada y al caer al patio con pavimento de losas de piedra desde una altura de tres metros según manifiestan los funcionarios de la Brigada de Investigación Social, que iban a proceder a su interrogatorio”.

Versión ésta no coincidente con “la oficial”, según la cual Grimau se lanzó esposado desde uno de los despachos de la Brigada Político-Social por una ventana cerrada y caer en el callejón de San Ricardo, puesto que ésta era una calle pública y no un patio. Tampoco su pavimento eran “losas de piedra” sino “baldosas hidráulicas”; es decir, el típico cuadriculado de cemento de las aceras de aquella época. Y, por último, tampoco fue recogido por unos policías armadas de servicio- no identificados en las actuaciones-, que le llevaron al botiquín, sino que fueron miembros de la Brigada Político Social- tampoco identificados en las actuaciones- que iban a proceder a su interrogatorio.

He querido mantener la calificación de Crimen de Estado al cometido con Julián Grimau por las autoridades, políticas, administrativas y judiciales militares de la dictadura franquista, así como por la totalidad de los medios informativos de comunicación –prensa escrita, radio y TVE– que participaron activamente en el mismo a finales del año 1962 y durante 1963, sin que hasta la fecha ninguno de los herederos del Estado franquista hayan objetado sobre esa acusación criminal.

Se utilizó esa clara y contundente acusación el 27 de noviembre de 1997, en la defensa pública de la tesis doctoral presentada en la Facultad de Derecho de Sevilla, en el capítulo dedicado al tema de Julián Grimau, texto que puede ser consultado hoy, con un simple clic, y como título del capítulo III, El crimen de Estado en la gestación del TOP, de la obra “El TOP, La represión de la libertad (1963-1977)”, que se publicó en noviembre de 2001 por Planeta y permaneció en el mercado hasta febrero del 2002, año en que dicha editorial acordó retirarla alegando no tener espacio en sus almacenes.

En la versión de Wikipedia sobre Julián Grimau no existe referencia alguna a que fuese un crimen de Estado. Por el contrario, contiene diversos extremos que mantienen y avalan la versión “oficial” y otros manifiestamente erróneos, como que fue defenestrado desde un segundo piso a un callejón; que en el juicio ejerció de fiscal un habitual de los juicios políticos Manuel Fernández Martin, cuando lo cierto es que fue Ponente miembro del Consejo de Guerra y quién redactó la sentencia de guerra y del que se descubrió no tenia licenciatura de derecho, requisito legalmente obligatorio para ejercer dicha función en el cuerpo jurídico militar; que se aplicó la Ley de Responsabilidades Políticas, cuando fueron preceptos del Código de Justicia Militar y el Decreto de 21 de septiembre de 1960 los que posibilitaron la imposición de la condena y ejecución de la pena de muerte; y, por último, Julián no salió desde el cuartel de Campamento para su ejecución, sino que partió de la cárcel de Carabanchel al campo de tiro donde fue fusilado por un piquete de soldados de reemplazo, al negarse la Guardia Civil a llevar a cabo dicha tarea.

https://www.cronicapopular.es/2018/05/55-anos-del-crimen-de-estado-de-julian-grimau/


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