miércoles, 28 de marzo de 2018

‘Disparen a todo el que se mueva’: las masacres surcoreanas en la Guerra de Vietnam

James Griffiths

Tran Thi Duoc tenía 16 años cuando los soldados llegaron a su pueblo. Vestían uniformes de camuflaje y portaban largos rifles de color negro. Tras ellos, en una cercana aldea hacia el noroeste, ella y otros vecinos podían ver el humo de casas ardiendo a la luz del brillante mediodía.

Los soldados, que eran asiáticos pero hablaban un lenguaje que los lugareños no entendían, les ordenaron abandonar sus casas y reunirse alrededor de un pozo en el centro del pueblo. Entonces empezó el tiroteo. Como contó Tran mas tarde a investigadores militares estadounidenses, cayó al suelo e intento hacerse la muerta, pero un soldado la vio y tiro de de ella. “Uní mis dos manos delante de mi pecho, me arrodillé y le supliqué”, dijo. “Pero me disparó”. Las balas rompieron sus dedos, penetraron en sus brazos y en el cuerpo, pero no la mataron. Cuando después de perder el sentido despertó, vio a sus padres y a dos hermanos muertos, y a su hermana de tres meses herida. En total, 69 personas murieron en Phong Nhi y la vecina Phong Nhat aquel día de febrero de 1968, según la investigación estadounidense que se mantuvo en secreto durante décadas. Fue una de muchas atrocidades de la Guerra de Vietnam cometidas contra civiles indefensos que quedarían ensombrecidas por la masacre de My Lai, un mes mas tarde. Al contrario que My Lai, que seria conocida unos años después del hecho, los asesinatos de Phong Nhi y Phong Nhat permanecieron prácticamente desconocidos hasta el siglo XXI.

Fueron presuntamente perpetradas no por tropas estadounidenses, sino por soldados de Corea del Sur, un patrón de comportamiento brutal documentado en cables e informes del gobierno de Estados Unidos, ahora desclasificados, y en los testimonios de supervivientes y veteranos. Las revelaciones sobre las atrocidades surcoreanas durante la guerra de Vietnam, que comenzaron a principios de la década del 2000, encendieron un debate sobre la culpabilidad del país en el conflicto llevado a cabo por Estados Unidos. Este reconocimiento, que se mezcló con la propia historia de abusos a Corea del Sur por parte de potencias extranjeras y asesinatos en masa, aún continúa constituyendo un tema profundamente sensible.

En septiembre de 1965, el presidente Park Chung-hee, antiguo general que tomó el poder mediante un golpe de Estado cuatro años antes, ordenó a miles de combatientes surcoreanos entrar en Vietnam. Formaban el grueso del denominado Free World Military Assistance Forces, una curiosa mezcla de tropas de Corea del Sur, Australia, Nueva Zelanda, Filipinas, España y Taiwan. Según un informe de 2016 de la Escuela de Estudios Militares Avanzados (SAMS), “la República de Corea desempeñó un papel crucial en las operaciones del ejército norteamericano, y en 1972 superaban en efectivos a sus socios norteamericanos”. Alrededor de unos 320.000 soldados surcoreanos rotarían en Vietnam durante la guerra, con unos 50.000 en su despliegue máximo, según el informe de la SAMS. Pese a ello, el papel de Corea del Sur es poco conocido en Occidente, en donde la guerra de Vietnam mantiene la imagen universal en la cultura popular de ser una guerra efectuada por tropas norteamericanas, con un apoyo menor de otros países.

El despliegue fue un golpe político maestro de Park, según el historiador Kil J. Yi, en tanto que hizo al presidente necesario para un gobierno de Estados Unidos que dudaba ante el coste de apuntalar a una administración surcoreana que se alejaba de la democracia.

“Corea del Sur estaba bajo una enorme presión para conseguir ayuda económica y militar de Estados Unidos”, declaró Yi a la CNN. “La guerra de Vietnam fue el catalizador para que Washington decidiera continuar la ayuda masiva al gobierno surcoreano”. “La participación de Corea del Sur cambió la forma en que Washington percibía a Corea del Sur y a sus fuerzas militares”, añadiendo que en el curso de la guerra “Corea del Sur se convirtió en un modelo de Estado cliente”.

La ayuda de Corea del Sur fue en aumento desde mediados a finales de los 60, pero poco hizo para girar el signo de la guerra, y a principios de 1968, los norvietnamitas y sus aliados revolucionarios del Sur, denominados “Vietcong” por Estados Unidos, lanzaron la devastadora Ofensiva del Tet, un ataque por sorpresa masivo contra 36 ciudades de Vietnam del Sur incluyendo la capital, Saigón.

En respuesta, Estados Unidos, la alianza Free World y las fuerzas survietnamitas lanzaron una brutal contraofensiva, crudamente presentada al público norteamericano cuando un fotógrafo de la AP retrató al general Nguyen Ngoc Loan ejecutando sumariamente a prisionero desarmado del Vietcong en las calles de Saigón. Según Nick Turse, autor de “Kill anything that moves: The Real American War in Vietnam”, la respuesta a la ofensiva del Tet “se convirtió rápidamente en una orgía de masacres”. En cuestión de meses tendría lugar la matanza de My Lai. Fue también entonces cuando una fuerza de marines de Corea del Sur patrullando cerca del pueblo de Phong Nhat (a veces denominado Phong Nhut) tuvo esporádicos ataques de francotiradores.

Según una investigación militar de Estados Unidos, los surcoreanos respondieron bombardeando el pueblo con morteros, antes de avanzar contra él. Se dirigieron entonces hacia el cercano Phang Nhi, en donde supuestamente masacraron a docenas de habitantes. Las tropas norteamericanas entraron en el pueblo después de que los surcoreanos lo abandonaran. “Los habitantes habían sido agrupados en tres grupos y tiroteados”, según se indicaba en un informe de la embajada norteamericana en Vietnam del Sur. “Algunas víctimas habían sido apuñaladas, y una joven tenía sus pechos cortados... 69 civiles fueron muertos, la mayoría mujeres y niños”.

El teniente J.R. Sylvia vio la masacre desde una posición frente al pueblo, con una fuerza de marines USA y tropas survietnamitas. “Los coreanos negaron permiso para entrar en Phong Nhi”, declaró a los investigadores. “Por ello sólo pudimos esperar hasta que terminaron”. Cuando entraron, “la patrulla vio a dos ancianos enterrados bajo los restos de una casa incendiada, un gran número de cuerpos en una zanja cubierta con hierba, y bastantes otros cuerpos recuperados de los restos, todos demasiado quemados para identificarlos o determinar su sexo”. “Mas adelante en el camino otro gran número de cuerpos se encontraron... con dos mujeres heridas”, declaraba Sylvia. “Una de ellas enseñaba continuamente su tarjeta de identificación por miedo a que la patrulla la matara”. Las fotos tomadas por las tropas norteamericanas, incluidas en los informes de los investigadores, muestran a mujeres y niños disparados a quemarropa y mutilados, y sus casas quemadas.

Una historia del cuerpo de marines estadounidense sobre aquel período sugiere que tales comportamientos eran habituales: el general Rathvon Thompkins dijo a sus autores que allá en donde los coreanos eran disparados “o pensaban que estaban siendo disparados desde un pueblo... se desviaban del camino y arrasaban totalmente el pueblo... constituiría una lección para los vietnamitas”.

El comandante de marines, general Robert Cushman, añadía que “tuvimos un gran problema con esas atrocidades que se les atribuían, sobre las que informamos a Saigón”.

Dos meses después de la masacre de Phong Nhi, el comandante de las fuerzas norteamericanas en Vietnam, el general William Westmoreland, envió una copia previa de la investigación a su equivalente surcoreano, el teniente general Chae Myung-shing, pidiéndole una respuesta urgente, según los documentos desclasificados.

Chae aseguró a Westmoreland que las tropas de Corea del Sur no eran responsables, culpando por el contrario de ello a los comunistas revolucionarios del Vietcong. “El Vietcong, en numerosas ocasiones, ha operado en esta área, disfrazados con uniformes similares a aquellos usados por las tropas de Corea del Sur”, respondía Chae en un cable desclasificado. “Deducimos que la masacre era un acto organizado y sin piedad ejecutado por los comunistas”. El caso no fue más adelante. Frente a una abyecta negación por parte de Corea del Sur, poco podían hacer los investigadores norteamericanos, pese a describir el relato de Chae como “incoherente” con las pruebas de los marines, de las tropas vietnamitas y de los civiles.

Como Turse ha documentado reuniendo docenas de documentos desclasificados, declaraciones en tribunales militares y pruebas de crímenes de guerra, la mayoría de las atrocidades de las tropas estadounidenses y de sus aliados no se investigaron y quedaron impunes, pese a que los asesinatos en masa de los civiles “fueron terriblemente habituales a lo largo del conflicto”.

My Lai fue una rara excepción, tanto porque salto a las portadas de prensa en todo el mundo como porque alguien fue considerado responsable: el teniente norteamericano William Calley. Fue sometido a consejo de guerra y condenado a prisión de por vida. Pero fue liberado en 1974, tras permanecer solo tres años en arresto domiciliario. Ninguno de sus superiores sería castigado.

El horror de My Lai sirvió para ocultar otras atrocidades, que, como Turse escribe, “han desaparecido prácticamente de la memoria popular”. Y ello pese a un esfuerzo de años de civiles vietnamitas, pacifistas, periodistas y veteranos de las fuerzas armadas para atraer la atención sobre el horror de la guerra. Como el que sería Secretario de Estado John Kerry testificó ante el Congreso en 1971, “los crímenes de guerra cometidos en el sudeste asiático no fueron incidentes aislados sino crímenes perpetrados a diario con el total conocimiento de los oficiales a todos los niveles de mando”.

En las audiencias “Winter Soldier” organizadas por Vietnams Veterans Against the War, una transcripción de las cuales fue posteriormente incorporadas a los registros del Congreso por el senador Mark Hatfield, los soldados testificaron, según dijo Kerry, como “violaron, cortaron orejas, cabezas, como conectaban los cables de teléfonos portátiles a los genitales y los conectaban, cortaban miembros, reventaban cuerpos, disparaban al azar contra civiles, arrasaron pueblos al estilo de Gengis Kan, disparaban a perros y gatos por diversión, envenenaban almacenes de comida, y en resumen, devastaron los campos de Vietnam del Sur”.

También testificaron sobre la conducta de sus aliados. Un testigo declaro en las audiencias “Winter Soldier” el trato a cuatro enfermeras de Vietnam del Norte hechas prisioneras por parte de los marines de Corea del Sur. “Ataron sus manos al suelo, las abrieron de piernas y violaron a las cuatro”, continuando la narración de cómo las tropas coreanas mutilaron y asesinaron a las mujeres.

En Estados Unidos, la opinión pública sobre Vietnam se hundió en la medida en que las pruebas de masacres contra civiles empezaron a aflorar, acabando con la publicación de los Papeles del Pentágono exponiendo la naturaleza “sistemática” de los engaños de las diversas administraciones presidenciales sobre la guerra.

Sin embargo, Ku Seu-jong, directora ejecutiva de la Korean-Vietnamese Peace Foundation, dice que “pese al hecho de que la guerra de Vietnam fue el primer y mas masivo combate en el exterior de la historia de Corea del Sur, y tuvo gran influencia en el crecimiento económico del país, todavía es una guerra ‘olvidada’”. “Se prohibía discutir porque Corea del Sur entró en guerra, y lo que hizo”. Desde 1999 Ku ayudó a recoger pruebas de las masacres de Corea del Sur como corresponsal del semanario Hankyoreh 21. En 2001 el presidente surcoreano Kim Dae-jung declaró en una visita a dirigentes vietnamitas que sentía “haber tomado parte en una guerra desgraciada y haber producido involuntariamente dolor al pueblo de Vietnam”. Los conservadores se sintieron ofendidos, y Park Geun-hye, hija de Park Chung-hee y futura presidenta surcoreana, acusó a Kim de dar una puñalada por la espalda al honor de Corea del Sur, según los medios locales.

Las ayudas masivas que llegaron de Estados Unidos con la guerra ayudaron a producir un boom económico que convirtió a Corea del Sur en una de las economías asiáticas destacadas, y reconociendo que el origen de este crecimiento sigue siendo un tema delicado, declara el historiados Yi: “Los surcoreanos en la década de los 80 y los 90 fueron llevados a la creencia de que su transformación económica era un milagro del Rio Han, no el baño de sangre de Indochina”. “Afirmar que uno de los factores contribuyentes fue el envío de 300.000 soldados a Vietnam, algunos de los cuales actuaron muy violentamente, no se compagina muy bien con la historia moderna”.

“Existe un factor de autocensura que impide mirar con seriedad la cara mas oscura y sangrienta de la intervención de Corea del Sur en la guerra de Vietnam”. La discusión de esa guerra sigue siendo un tema delicado también en las relaciones de Corea del Sur con Vietnam, en donde tanto Seúl como Hanoi, ahora aliados muy cercanos, evitan el tema. El pasado año, el presidente Moon Jae-in recibió un poco habitual reproche de Hanoi cuando, en un discurso durante el Memorial Day, alabó la “dedicación y sacrificio de los veteranos de guerra coreanos”, quienes “llevaron a cabo su misión silenciosamente, venciendo dificultades en las junglas y contra las altas temperaturas”. En una declaración, el ministro vietnamita de Asuntos Exteriores exigió a Seúl evitar acciones en el futuro que pudieran “afectar negativamente a las relaciones de cooperación entre los dos países”.

Según Ku “los llamamientos al reconocimiento de la verdad sobre la masacre de civiles survietnamitas” han ido aumentando en los pasados veinte años. La sensibilidad sobre cómo y cuántas disculpas se han de pedir a Vietnam es especialmente delicada, dada la propia experiencia del país bajo la ocupación japonesa, y las disputas actuales sobre las llamadas “mujeres de confort” enroladas a la fuerza por Japón en la Segunda Guerra Mundial, relatos que Japón niega rotundamente.

Muchos de los que presionan en pro de una completa aclaración del pasado de la guerra con Vietnam hacen campaña también en el tema de las “mujeres de confort”, incluyendo artistas como Kim Seo-kyung y Kim Eun-sung, quienes diseñaron una estatua icónica de una “mujer de confort”, y cuyas versiones han sido levantadas en señal de protesta frente a bastantes consulados en Corea del Sur.

El pasado año, los Kim inauguraron una estatua en recuerdo de las víctimas de la Guerra de Vietnam en la isla surcoreana de Jeju, acto patrocinado por la Asociación para la Paz Coreano-Vietnamita. Ku comentó que la estatua, denominada la “Vietnam Pietá”, que toma como modelo el tradicional retrato de la Virgen María con Jesús en sus brazos tras la crucifixión, “está pensada como una petición de perdón por la guerra de Vietnam”. Kim Seo-kyung dice que ella y su marido se inspiraron al ver a japoneses asistir a reuniones para pedir perdón por el trato de su país a Corea durante la Segunda Guerra Mundial, y diseñaron la estatua para pedir disculpas a nuestra manera por la guerra de Vietnam. Los planes eran inaugurar estatuas en Vietnam y Corea del Sur a la vez, pero no se consiguió.

En abril, el Tribunal Público sobre Crímenes de Guerra de las Tropas Surcoreanas durante la Guerra de Vietnam se celebrará en Seúl, centrándose en las masacres de Phong Nhi y Phong Nhat, y los asesinatos en Ha My. Sus organizadores tienen previsto emplear el material recogido en las audiencias no oficiales para ayudar a promulgar una ley por daños contra el gobierno surcoreano a finales de año. El tribunal también presionará al presidente Moon, que ha defraudado a los activistas al no ir mas allá de los anteriores dirigentes, en un viaje en noviembre a Vietnam, limitándose a decir que Corea del Sur “tiene una deuda sentimental” con el país. El gobierno surcoreano no respondió a una interpelación para que comentara este artículo.

“Pensamos que es tiempo de que el gobierno coreano mantenga su responsabilidad, y la acepte, por los hechos de la guerra de Vietnam”, declaró la abogada y una de los organizadores del Tribunal, Boram Jang, añadiendo que dada la continua presión sobre Japón en el tema de las “mujeres de confort” y otros abusos de la Segunda Guerra Mundial “debiéramos pedir perdón de forma oficial a las víctimas de la guerra de Vietnam”. “Nuestro principio en este Tribunal no es el de juzgar o condenar a aquellos soldados coreanos que participaron, queremos escuchar sus historias y no sólo condenarlos. Tal vez aquellos veteranos sean también víctimas”.

James Griffiths, The ‘forgotten’ My Lai: South Korea’s Vietnam War massacres, CNN, 24 de febrero de 2018

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