sábado, 3 de febrero de 2018

Una crónica de la agresión imperialista contra Yugoeslavia: ‘El peso de las cadenas’

El documental canadiense sobre la Guerra de Yugoeslavia, “El peso de las cadenas”, realizado en 2010 por el director Boris Malagurski (*), narra la destrucción de Yugoslavia, el papel central que jugaron los imperialistas, la Unión Europea y la OTAN, así como el secuestro de la verdad por los medios de intoxicación.

A diferencia de su primer documental, “Kosovo: Can You Imagine?” (Kosovo, ¿Puedes imaginar?), se centra en todo el espacio de la antigua Yugoslavia y no sólo en la guerra serbio-kosovar.

La historia oficial, relatada por los medios, describe la Guerra de Yugoslavia de mediados de los noventa como el resultado de conflictos étnicos, religiosos e independentistas de larga data.

Por el contrario, Malagurski demuestra que la guerra fue alentada por las potencias imperialistas para imponer un capitalismo a la medida de sus propios intereses en la región. Con testimonios de testigos, especialistas y un gran material de archivo, Malagurski revela que el Banco Mundial ya tenía un informe de las posibles consecuencias que una injerencia militar generaría, mucho antes de desatarse la guerra. Entre esas consecuencias, el capital financiero había diseñado las coordenadas económicas que iban a intentar llevar adelante en función de colonizar el territorio.

“¿Quién querría ser realmente una colonia?”, es el disparador con el que abre el documental. De inmediato, vuelve al interrogante: “¿Era tan terrible la vieja Yugoslavia comunista?”. “Un mes de vacaciones, escuela, vivienda y salud garantizadas”, se responde a sí mismo. Malagurski pinta a la ya desaparecida Yugoslavia como un sistema con una relación especial entre Estado, empresas privadas y cooperativas de trabajadores. Luego hace un largo recorrido histórico que muestra las idas y vueltas de un país unido, desunido y vuelto a juntar una vez más. Entre esas desavenencias y atravesando la Primera y Segunda Guerra Mundiales, se repite un patrón común: la intención de las grandes potencias de apoderarse de una porción del pastel.

En 1943, con Yugoslavia unida, emerge la figura del mariscal Tito. Bajo su égida, la de un dirigente no alineado que trata de edificar un “tercera vía” entre “el este y el oeste”, el capitalismo y el socialismo.

A su muerte en 1984, Estados Unidos comienza a operar sobre Yugoslavia. Caído el bloque socialista, era el momento de alinear a Yugoeslavia dentro de la férula de OTAN e instalar un capitalismo a la medida.

Los documentos desclasificados de la CIA que demuestran que Estados Unidos estaba esperando su oportunidad de hacer el abordaje. Unos pocos se quedaron a la fuerza o mediante trampas, con el esfuerzo de muchos. Así es como financiaron a los opositores y compraron a los periodistas.

El operativo colonizador estaba en marcha. El objetivo: disciplinar a todos los países emergentes. El Banco Mundial y el FMI imponen sus decisiones en el nuevo gobierno: retirar la protección social o destruir la industria local para luego comprarla a precios de ganga.

De este modo, la fábrica de cigarrillos serbia Niz, es comprada por Philip Morris a precio de ganga, o la fábrica de autos Yugo, bombardeada por resultar peligrosa su entrada en el mercado americano.

Como resultado de estas políticas, sube el desempleo y bajan los salarios. Al mismo tiempo, estos protagonistas promueven las internas religiosas o étnicas. Se va cocinando la guerra, primero entre Serbia y Croacia, luego el resto de los países. Al tiempo y como efecto dominó, todos reclaman la independencia. La guerra de Yugoslavia estaba oficialmente declarada y, con ella, la “limpieza étnica”. La OTAN es el instrumento utilizado por Estados Unidos y Alemania para la invasión militar. Crear el caos y luego “intervenir para salvarlos”. De eso se trata, como siempre.

Una vez llevada adelante la destrucción y entre imágenes de violencia lacerante, el documental nos sumerge en el conmovedor momento de ver a familias, amigos y vecinos separarse a la fuerza, luego de pasar toda una vida juntos. “Queremos volver a la vieja Yugoslavia”, proclaman. Ayuda a comprender este penoso e incomprensible desarraigo, echarle un vistazo a otro documental, “Hermanos y enemigos”, donde dos ex jugadores, compañeros y amigos de una gran selección de básquet yugoslava, enfrentan la insólita situación de tener que finalizar su vínculo afectivo por decisión de otros. Otros, desconocidos.

A Malagurski se le puede reprochar la ausencia de un análisis más profundo y riguroso sobre el funcionamiento de lo que él considera como “socialismo” en Yugoeslavia. Pero logra desenmascarar las tretas del imperialismo para imponer sus intereses a la fuerza y utilizando todos los instrumentos que tienen a mano para esconder y tergiversar sus verdaderas intenciones. El respeto por la libertad y la soberanía de los pueblos, nunca estuvo en el diccionario de las grandes potencias.

Los piratas nunca pasan de moda.

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