martes, 13 de febrero de 2018

En Oriente Medio Rusia no resolverá ningún problema que las partes no sean capaces de resolver

En Siria la bandera de la URSS también desfila
Darius Shahtahmasebi publica unas apasionantes reflexiones en Information Clearing House (*) sobre los motivos por los que Rusia no hace nada ante los bombardeos israelíes contra Siria. ¿Por qué Rusia los consiente?, ¿acaso es un apoyo discreto a Israel?, sugiere un lector.

La pregunta se puede extender a otros aliados del gobierno de Damasco, como Irán o Hezbollah, o al propio gobierno. ¿Por qué nadie hace nada?, ¿se debe a que Israel amenaza con lanzar bombas nucleares contra cualquier objetivo?, ¿le tienen miedo a Israel?

Shahtahmasebi comenta que en la pregunta hay varias hipótesis que se dan por supuestas: Rusia puede hacer algo para frenar las agresiones israelíes y, además, está obligada a hacerlo.

Nosotros añadimos una tercera que también se podría poner encima de la mesa: lo que quiere Israel es precisamente provocar que alguien haga algo, que siempre ha sido muy típico de las tácticas sionistas.

Por su parte, Shahtahmasebi comenta que no está de acuerdo con ninguna de las dos hipótesis que, a falta de argumentos, siempre conducen a una paradoja hipócrita:

a) todo lo que hace Rusia está mal, es erróneo
b) cuando no es así es porque debería hacer más de lo que hace

Pero, ¿cómo podría Rusia frenar las agresiones isrelíes? Podría haber puesto en marcha su maquinaria diplomática, plantear una queja al Consejo de Seguridad de la ONU, expresar su protesta en público y en privado, o bien pasar a la acción y abatir alguno de los cazas israelíes.

Medio siglo de experiencia demuestra que eso se hace sólo para quedar bien ante los espectadores del mundo. A Israel nunca le han frenado las resoluciones de la ONU, los comunicados y las lamentaciones. Ellos sólo entienden el lenguaje de la fuerza.

El sistema ruso de defensa antiaérea se localiza alrededor de las bases de Hmeimim y Tartus, escribe Shahtahmasebi, porque la aviación israelí, a diferencia del ejército de tierra, está muy bien preparada y guarda un distancia de seguridad con los misiles rusos.

Pero supongamos que un misil ruso alcanza a un bombardero israelí, ¿qué pasaría? A la inversa, supongamos que es el bombardero israelí el que destruye un arsenal ruso. ¿Cómo debería reaccionar Rusia?, ¿debería declarar la guerra a Israel?, ¿debería atacar?

La respuesta ya la sabemos: en noviembre de 2015 Turquía derribó un caza ruso en la frontera de Siria, mató al piloto Oleg Peshkov y no ocurrió nada de eso; ni siquiera tomaron represalias contra los turcos.

El sistema antiaéreo ruso en Siria es -con gran diferencia- el más avanzado del mundo y podría acabar con una parte de la aviación israelí, pero son pocos y no bastarían para acabar con todos ellos. Por el contrario, un ataque sostenido de los cazas israelíes sí podría acabar con las defensas antiaéreas rusas en Siria.

Por lo tanto, si Rusia no incrementa la escala de sus operación aéreas en Siria, está condenada a una derrota sin paliativos frente a Israel, por lo que se impone el principio número uno de cualquier estrategia militar: no te metas en ninguna guerra que no estés en condiciones de ganar.

La segunda hipótesis es: ¿tiene Rusia alguna obligación de frenar los bombardeos israelíes contra Siria? Es una pregunta muy extendida desde que en 2014 se produjo el Golpe de Estado en Kiev. Algunos están convencidos de que los entuertos que el imperialismo causa a los países del mundo tienen que ser resueltos por Rusia.

Pero formulen Ustedes la pregunta al revés: ¿qué países han corrido en auxilio de Rusia cuando lo ha necesitado?, ¿en la guerra de Chechenia?, ¿en la de Georgia?, ¿la de Osetia del sur?, ¿la de Abjasia?, ¿en la anexión de Crimea?

No tienen más que acudir a las hemerotecas para recordar las declaraciones públicas de los mandatarios del mundo en esos conflictos. Repasen las votaciones en la ONU de los diferentes países. Recuerden lo que dijeron los países árabes “amigos” durante la Guerra de Kosovo...

¿Quién pagará los gigantescos gastos del despliegue del ejército ruso en Siria?, ¿quién consolará a los familiares de los soldados rusos que han muerto en el campo de batalla?, ¿el gobierno de Damasco?, ¿Irán?, ¿Hezbollah?, ¿la Liga Árabe? ¿la Organización de Cooperación Islámica?

En este tipo de debates lo único que se olvida es justamente lo principal, que es lo que Putin no se ha cansado de repetir y nadie le ha hecho ni caso: el ejército ruso está en Siria defendiendo los intereses de Rusia y por eso su despliegue es limitado. A partir de ahí podemos empezar a entender los demás asuntos de Oriente Medio, que Rusia no puede resolver si los países implicados no los resuelven por sí mismos.

Pero que no se confunda nadie; también aquí hay un punto de partida obvio: en Oriente Medio al imperialismo y sus acólitos no les interesa resolver ningún problema, sino más bien todo lo contrario.

Si no confundimos las cosas, lo cual es bastante corriente, caeremos en la cuenta de que, en efecto, Rusia no sólo ha defendido a Siria en el terreno militar sino que ha apoyado siempre al gobierno de Bashar Al-Assad por un principio también muy simple y muy sencillo: el gobierno de Damasco es el único que tiene legitimidad en Siria.

A partir de ahí se puede avanzar cuanto se quiera: si dicho gobierno no sirve a los intereses de la población siria, o los contradice, es algo que sólo concierne decidirlo a ella.

Aparte de Rusia, el país que más ha trabajado por Siria durante la guerra, ha sido Irán que, lo mismo que Rusia, tampoco es un país árabe, lo cual está teniendo efectos contraproducentes porque la reacción árabe se preocupa mucho en ponerlo de manifiesto a cada paso para alinearse en favor de Estados Unidos e Israel.

Tiene absoluta razón el dirigente de Hezbollah, Hassan Nasrallah, cuando califica a los países árabes de traidores y cómplices del imperialismo y el sionismo.

Si eso está claro podemos pasar al otro aspecto de la cuestión, que es la alianza entre Siria, Rusia, Irán y Hezbollah, un compromiso singular porque no aparece en ningún tratado mutuo de defensa, por lo que son independientes: ninguno tiene ninguna obligación hacia el otro.

Eso también requiere una explicación. Todas esas partes tienen objetivos comunes y otros que no lo son. Ninguno de ellos puede ni debe verse involucrado en batallas que no le conciernen. En noviembre de 2015 Siria, Irán o Hezbollah no podían declarar la guerra a Turquía por haber derribado el caza ruso. El tiempo ha demostrado que eso hubiera sido un gravísimo error.

En una guerra nadie se puede andar por las ramas: los bombardeos de Israel demuestran que el desenlace de la Guerra de Siria es uno de los mayores desasatres para sus planes. Israel ha sido uno de los grandes derrotados en los campos de batalla de Siria y Rusia ha contribuido a ello de una manera muy importante.

Eso no quiere decir que Rusia deba ignorar la potencia militar de Israel en ninguna parte del mundo, y menos en Oriente Medio, no sólo por su armamento nuclear sino por sus estrechos vínculos con Estados Unidos.

La relación de Rusia con Israel es compleja, viene de lejos y no va a cambiar -si es que tiene que hacerlo- de la noche a la mañana. Los hechos decisivos que marcarán el futuro de Siria y de Oriente Medio son los siguientes:

a) hay una parte que demuestra interés por resolver los complejos problemas de la región y no por aumentarlos, ni por crear otros nuevos

b) en la mesa de negociaciones donde esos problemas se discuten no están ni Estados Unidos, ni Israel, ni los países del Golfo

c) Rusia no trata ni a Siria, ni Irán, ni a Hezbollah de la manera que el imperialismo pretende, como parias, sino todo lo contrario: como protagonistas en la lucha por la paz y en la resolución de los problemas de Siria y Oriente Medio

Una causa justa, como la que persigue el Eje de la Resistencia en Oriente Medio, no busca enemigos; no lo necesita porque son los enemigos los que les buscarán a ellos para aplastarlos.

(*) http://www.informationclearinghouse.info/48576.htm

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