domingo, 11 de febrero de 2018

‘A veces no nos dejaban ni dormir; teníamos que salir corriendo’


Benito García Blanco. Huyó con 21 años.

El recorrido: Huyó con otros compañeros del batallón del Ejército de la Malagueta hasta llegar a Almería. Allí recibió instrucción en el
campamento de Viator y luchó en el frente de Madrid hasta el final de la guerra. Toda su familia huye también a Almería y de allí a Alicante. Al terminar la guerra, regresan a Málaga.

Su historia: El domingo 7 de febrero Benito lo pasa todo el día en el cuartel. Está en un batallón del Ejército en La Malagueta, donde recibe instrucción. Al anochecer, con las tropas naciones e italianas cercando la ciudad, reciben nueva orden de sus superiores. “Formaron el batallón y tiramos para El Palo. No había consigna ninguna, sólo que había que huir. Pasamos El Palo, tiramos para Torre del Mar y allí ya se deshizo el batallón y cada uno tiró para un lado”.

Benito recorre todo el camino vestido de miliciano y armado; al igual que otros seis compañeros que le acompañan. Cuando llegan a Vélez Málaga, se encuentran el pueblo desolado. “La mayoría de las casas ya estaban abandonadas. Las familias se iban y las dejaban abiertas”. Los refugiados entran en ellas para buscar algo de comida. “Conseguir alimento estaba muy difícil. A veces encontrabas cosas por el camino. Un día encontramos en un cortijo una tinaja llena de aceite; era tan alta como una habitación. Cuando yo llegué, ya estaba casi por la mitad.

La gente cogía el aceite para hacer tortillas con harina. Pero el aceite estaba tan bajo que no se podía coger con cubos porque no teníamos soga. Entonces, nos turnamos para que cada 20 minutos uno se dejara coger por los pies con la cabeza para abajo y subiera el aceite”.

Optan por avanzar de noche por la carretera, mientras que, de día, prefieren hacerlo campo a través para evitar los cañonazos de los barcos y las bombas de los aviones. “A veces no nos dejaban ni dormir un poco porque las tropas nacionales venían atrás zumbando y teníamos que salir corriendo”. El grupo de hombres jóvenes adelanta con facilidad al resto del grupo, la mayoría, familias con niños. “Las mujeres se liaban las piernas con sábanas porque, de tanto andar, las llevaban hinchadas. Algunos hombres tampoco podían andar. Yo, como era joven, seguía”.

En ocasiones, se producen enfrentamientos entre los mismos refugiados. “Había grupos que discutían por cualquier tontería”. Los animales de carga se convierten en un bien codiciado, hasta el punto de que son el origen de peleas o objeto de robo. “Un día vimos un caballo que llevaba a dos hombres y a una mujer encima. Era un caballo que habían cogido por la carretera. Salieron unos cuantos de un grupo que iba junto al nuestro y querían que se bajaran para que descansaran otros que iban andando. Los que estaban subidos se negaron y se liaron a tiros. Nosotros llevábamos armas porque éramos militares, pero había gente que no lo era, y que también llevaba. Al final, los que iban en el caballo resultaron heridos y se subieron otras personas”.

En aquella ocasión, Benito no llega a desenfundar su arma, pero sí lo hace más adelante, a la altura de Salobreña. Allí, les sorprenden los nacionales. “Se formó un tiroteo, pero se aguantó. Después se retuvieron ellos y nosotros salimos corriendo”.

A la entrada de Almería, después de siete días de camino, les obligan a despojarse de todo el armamento. Durante tres meses, Benito recibe instrucción en el almeriense campamento de Viator, de donde parte para defender el frente de Madrid. “Cuando cae Madrid, a mí me pilla en un hospital porque resulté herido en una pierna durante un bombardeo”. Los nacionales le cogen prisionero y permanece un corto periodo de tiempo recluido en un edificio hasta que le dejan en libertad bajo la orden de que vuelva a Málaga. Él, sin embargo, marcha hacia Alicante, donde le espera su familia, que también había huido por la carretera de Almería. “Allí estuve mes y medio. Al final, regresamos a Málaga. En la estación, me detuvieron y me metieron en un campo de concentración en los callejones del Perchel”. Después de tres meses, pasa a un campamento de refugiados militares en Torremolinos, de donde sale por buena conducta. Benito asegura que no se tomó ninguna otra represalia contra él, es más, llegó a hacer el servicio militar una vez terminada la guerra.

http://www.diariosur.es/malaga/desbanda-testimonios-huida-20180206145526-nt.html

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