sábado, 6 de enero de 2018

La policía francesa abre una investigación contra sí misma por ‘negligencia’ en un asesinato yihadista

Kermiche: el yihadista que anunció su crimen
Ayer informamos de que la policía francesa había hecho “la vista gorda” ante la preparación del atentado yihadista que costó la vida al padre Hamel en julio de 2016. Ante el correspondiente escándalo, ahora abren una investigación interna por “negligencia”. Ya se sabe que en estos casos abundan los eufemismos.

No obstante, en el asesinato del padre Hamel, un cura de 86 años, además de “negligencia” se produjo una falsificación de papeles, lo cual demuestra que la policía no está para esclarecer la verdad, como suponen muchos, sino para ocultarla.

El asesinato resultó chocante en Francia porque demostró con claridad lo que los fascistas persiguen, con la ayuda de la policía francesa en este caso: estamos ante una guerra de religiones; los islamistas matan a los cristianos, es un nuevo martirio...

En esta parodia no falta de nada. El cura fue degollado de la manera más atroz que cabe imaginar, en un lugar sagrado, en plena misa...

El padre Hamel no era un cura vulgar y corriente. No; era un santo. Su proceso de beatificación comenzó en abril del año pasado a petición de Monseñor Lebrun, obispo de Rouen.

Es un martirio servido a la carta por la policía. “¿Han fallado los servicios de información?”, se pregunta la prensa francesa. Quizá sea aún peor: los servicios de información nunca saben nada o son los últimos en enterarse.

El joven Adel Kermiche, de 19 años de edad, era un yihadista muy conocido en Rouen, en la Normandía francesa. No se cortaba en sus mensajes en Telegram de reconocer que era miembro del Califato Islámico, sus reuniones con otros yihadistas y que por dos veces había tratado de viajar a Siria, pero que prefería atentar en suelo francés.

En Francia los fariseos se echan las manos a la cabeza. No les importa que hayan matado a un cura de 86 años; los peros es que estos trapos sucios salgan a la luz.

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