lunes, 29 de enero de 2018

Korzhev: un pintor soviético y universal que nunca quiso renegar de la URSS

Gely Korzhev en su taller de Moscú
El pintor soviético Gely Korzhev, fallecido en 2012, fue clave en el panorama artístico de la URSS posterior a la Segunda Guerra Mundial y, desde luego, es uno de los mejores de todo el mundo, por más que “el mundo” no le conozca, lo cual no importa nada porque ese mismo “mundo” tampoco conoce nada concerniente a la URSS... salvo los cuatro tópicos de siempre. “El mundo” se lo pierde. Peor para él.

En 2016 la galería Tretyakov organizó una exposición retrospectiva de su obra, “el acontecimiento cultural más esperado de los últimos años”, admitió la prensa de Moscú.

Empecemos advirtiendo que Korzhev fue comunista hasta su último aliento, aún después de la caída del Telón de Acero, lo cual es fundamental para entender su obra, que se divide en ciclos, extraordinarios todos ellos. El más importante es “Quemados por el fuego de la guerra”, un serie derivada de la Segunda Guerra Mundial, una huella que le persiguió hasta el fin de sus días.

Como tantos otros, Korzhev se opuso a las reformas introducidas en la URSS por Jruschov a partir de 1956 y, por lo tanto, se enfrentó a muchos de los artistas e intelectuales, que fueron cómplices de las nuevas políticas de entonces. En 1976 abandonó la Unión Artistas soviéticos y luego también se opuso a Gorbachov, abandonando voluntariamente su trabajo académico.

A finales de los noventa rechazó un premio que quiso otorgarle el nuevo Estado y redactó una carta explicando los motivos: “Nací en la Unión Soviética y creí sinceramente en las ideas e ideales de la época, hoy consideradas coo un error histórico. La ceptación de un premio del Estado supondría por mi parte una confesión de hipocresía a lo largo de mi carrera artística. Les ruego que consideren mi repudio con la comprensión requerida”.

Quienes hayan leído el relato “El destino de un hombre” de Sholojov, escrito en la posguerra, identificarán inmediatamente la pintura de Korzhev, retratos de personajes abrumados por los sufrimientos causados por los nazis durante la guerra, muy diferentes de los que aparecen en la pintura soviética anterior a 1941.

En la galería Regina de Moscú se expusieron en 1993 obras del ciclo dedicado a Don Quijote (“el campeón intrépido de la justicia”) que, para el artista, simbolizaban su desprecio por la nueva Rusia capitalista, sus políticos y sus mediocres ambiciones de “nuevos ricos”. En una entrevista de 2001 el pintor manifestó que sólo le interesaban los “quijotes”, aquellos marginados que seguían combatiendo contra viento y marea. En su pintura empiezan a aparecer escenas que ya nadie recordaba en Moscú: los vagabundos pidiendo limosna tirados en las calles.

Uno de los ciclos pictóricos de Korzhev es “Marusya”, muy recomendable para quieran sacarse los esquemas que sobre la URSS se le han quedado pegados en la cabeza. Se trata de desnudos que demuestran que Korzhev es un clásico y que, además, por eso mismo, no es soviético, ni ruso, ni de ninguna parte, sino universal.

Para demostrarlo basta con recordar que se definía a sí mismo de la manera más clásica que cabe imaginar en un pintor: “Más que nada soy un pintor de naturalezas muertas”. Muchas de sus obras, como la Hoz y el martillo, son así, objetos cotidianos a través de los cuales se desvela el trabajo y la vida cotidiana de su dueño.


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