jueves, 18 de enero de 2018

Bandung, el despertar de los pueblos coloniales y la corrupción de las élites africanas

Darío Herchhoren

El año 1955 marcó un hito en la historia de la humanidad a raíz de una reunión de políticos de la época en la ciudad de Bandung, en Indonesia, muy cerca de su capital, la ciudad de Yakarta.

En esa ciudad se dieron cita el primer ministro de Birmania, la actual Mianmar U Nu, el primer ministro indio Jalarhual Nehru, el presidente de Egipto Coronel Abd El Nasser, y el anfitrión que era el presidente de Indonesia Ahmed Sukarno. De esa reunión nació el Movimiento de Países no alineados que alcanzaría en años sucesivos una enorme importancia, ya que introducía un elemento de estabilidad entre los dos bloques en que se había dividido el mundo luego de la segunda guerra mundial.

Luego de esa guerra surgió el bloque socialista con la URSS a la cabeza; y el bloque imperialista liderado por los USA y sus aliados de la OTAN. Ciertamente que el grupo de no alineados no era homogéneo, ya que en él cohabitaban países claramente capitalistas como era Indonesia o Egipto con otros como Yugoeslavia que era socialista. La sola formación del nuevo bloque significó un gran impulso para el proceso de descolonización que había comenzado en Asia y África, y que culminó con la descolonización de las antiguas colonias portuguesas de África a raíz de la revolución de los claveles en Portugal en 1974, con la revolución argelina, y finalmente con la caída del régimen de "apartheid" en Sudáfrica y Namibia. De esa manera se completaba el cuadro de la descolonización africana al menos de manera formal.

Los países colonizadores del continente negro eran Inglaterra, Bélgica, Francia, Portugal, Alemania e Italia. Estos dos últimos perdieron sus colonias por la derrota que sufrieron en la primera y segunda guerra mundiales. Alemania perdió Togo y Namibia que pasaron a ser un fideicomiso de Inglaterra e Italia al ser derrotada en la segunda guerra mundial, perdió Libia, Eritrea, Etiopía y Somalía.

Las colonias francesas declararon su independencia luego de una sangrienta guerra de liberación encabezada por el Frente de Liberación Nacional de Argelia que llegó a un acuerdo con el gobierno del General De Gaulle firmando los acuerdos de Evian, y que fueron rubricados por Ferhat Abbas en representación del FLNA y por el ministro Edgard Fauré por el gobierno francés.

El gobierno del general De Gaulle, se aseguraba en ese acuerdo de paz el manejo del petróleo y el gas argelinos que serían administrados por la multinacional francesa Total Fina durante cincuenta años, pasados los cuales lo haría al cincuenta por ciento con el gobierno argelino.

Portugal dado el carácter de izquierda de la revolución de los claveles simplemente firmó acuerdos de reconocimiento de la soberanía de sus antiguas colonias de Mozambique, Angola y Guinea Bissau, y el gobierno blanco de Sudáfrica entregó el poder político formalmente a Nelson Mandela que acordó con el presidente blanco Leclerc, que las minas de oro y diamantes de Sudáfrica seguirían administradas por la mismas empresas que africaners (blancos) habían creado al efecto.

Hasta aquí el relato del largo periplo que llevó a la independencia a las más importantes colonias africanas. Pero, ¿qué pasó con las élites africanas que encabezaron los primeros gobiernos nativos?

En Argelia su primer presidente fue Ahmed Ben Bella, que marcó un rumbo socialista a su gobierno, llevando adelante una importante reforma agraria que transformaría el país, al menos en los ámbitos rurales. Sin embargo no se dio un impulso a la industria, que se limitaba a algunas actividades de servicios y producciones artesanales.

En Angola hubo una sangrienta guerra civil que duró muchos años gracias a la nefasta intervención indirecta de los USA que apoyaron a una guerrilla contraria al gobierno del Movimiento Popular de Liberación de Angola de Agostinho Neto que fue el primer presidente de Angola, y que debió destinar cuantiosos recursos a la guerra contra el grupo de Jonás Savimbi, sostenido por los USA, hasta que finalmente fue derrotado, y Jonás Savimbi fue muerto en combate.

En Mozambique el Movimiento de Liberación fue liderado por Samora Machel de formación marxista leninista, y que tomó medidas para desarrollar la industria pesquera, la hidroelectricidad y el turismo, y pese a la muerte de este dirigente, no abandonó su carácter socialista, y actualmente viene aplicando una política de defensa del patrimonio nacional, y ha construido una gran presa que provee al propio país, y vende energía eléctrica a países limítrofes y nacionalizó las pesquerías.

Pero todo esto se fue apagando, empezando por un golpe de estado en Argelia, que acabó con Ben Bella, y puso en su lugar al coronel Huari Bumedian, que formalmente siguió la política de Ben Bella al cual encarceló durante once años, y abrió la puerta a la burocratización del nuevo estado y a la corrupción de sus élites.

Otro tanto pasó en Angola, donde la muerte de Agostinho Neto, que fué sucedido por su vicepresidente José Eduardo Dos Santos, desató la mayor corrupción de África, donde los ministros del gobierno cobran "mordidas" del 30 %, y donde la hija de Dos Santos, Isabel Dos Santos, que vive en Portugal es la mujer más rica de ese país.

En Sudáfrica, Jacob Zuma, su actual presidente que sucedió a Nelson Mandela, está acusado de corrupción y está siendo investigado por el parlamento y es posible que no acabe su mandato.

¿Qué ha pasado? Creo sinceramente que los movimientos de liberación africanos han estado encabezados por una clase intelectual que se benefició del hecho de que las metrópolis formaron una clase gerencial que les ayudaría a administrar la colonia, y sobre todo de que en estos países no existiera una clase obrera potente, con la única salvedad de Sudáfrica. Al no existir esa clase obrera que es, por cierto, la que nada tiene que perder porque nada tienen, ha sido fácil que el grupo que en un principio lideró la liberación, se convirtió en un grupo mesiánico que era obedecido con ciega confianza por las masas, y de allí a considerar que el nuevo estado era de su propiedad hay solo un paso. Se ha convertido en una cleptocracia, que cada vez es más impopular, que sigue sumiendo en la miseria a sus pueblos, y que ya va siendo contestada por las masas que están viendo que solo llegarán a la verdadera independencia cuando derriben a los corruptos y a los corruptores.

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