sábado, 18 de noviembre de 2017

Las mujeres republicanas fueron específicamente humilladas por el franquismo durante la posguerra

Mujeres antifascistas rapadas
El 16 de marzo la organización Women's Link Worldwide interpuso una querella para solicitar la investigación de los crímenes cometidos durante el franquismo contra las mujeres republicanas, como paso fundamental para exigir el fin de la impunidad de los asesinatos perpetrados durante la posguerra.

La acción se enmarca dentro de la querella iniciada en 2010 en Buenos Aires contra el franquismo, y que actualmente engloba más de 300 querellas. La organización pidió a la jueza María Servine que se amplíe la causa para incorporar los crímenes hacia las mujeres durante la Guerra Civil y a lo largo de los años de dictadura.

Women's Link aplica una perspectiva que toma en cuenta que la violencia que se utilizó contra mujeres y hombres fue diferente, tuvo un impacto diferente, y un significado diferente.

La violencia ejecutada por el bando fascista contra las mujeres no sólo fue de una brutalidad diferente, sino que además tenía un objetivo claro, que era castigar a aquellas mujeres que el régimen consideraba que habían roto con su posición social y cuyo objetivo principal buscaba enviar un mensaje de presión a la sociedad completa de cuál debía ser el modelo de conducta femenino, y al mismo tiempo utilizó a las mujeres para castigar a los hombres del bando republicano, lo que es un tipo de violencia específica que tiene que ser analizada y castigada de forma específica.

La querella presentada por Women's Link Worldwide relata las experiencias de seis mujeres que sufrieron abusos por el hecho de serlo durante el franquismo. Cinco de los testimonios los han obtenido gracias a sus familiares, mientras que el restante proviene directamente de una superviviente. Cuatro de las seis mujeres, denuncia la organización, continúan desaparecidas en la actualidad.

Margalida Jaume Vendrel era una relojera asentada en la localidad de Manacor (Mallorca). En 1936 su marido fue retenido sin motivo aparente durante una semana en la comisaría local, periodo tras el cual Margalida, embarazada de siete meses, fue llamada también. Ambos sufrieron todo tipo de humillaciones y torturas, y finalmente fueron ejecutados. Años después, un vecino del pueblo admitió haber sido testigo de las violaciones que la mujer sufrió durante su retención por parte de al menos uno de los falangistas.

Daria y Mercedes Buzadé Adroher eran dos hermanas que partieron a Mallorca en 1936, desde Barcelona, como personal sanitario en una expedición republicana. Semanas después de iniciar el viaje, las enfermeras fueron detenidas por tropas franquistas e interrogadas por las autoridades, que ordenaron, además, que todas ellas fuesen examinadas para comprobar su virginidad. Tras ello, fueron brutal y repetidamente violadas por un grupo de falangistas. Se cree que al día siguiente fueron asesinadas en el cementerio de Son Coletes, pero sus restos se encuentran en una fosa común de ese cementerio que a día de hoy no ha sido exhumado.

Pilar Sánchez Lladrés militaba en el Partido Socialista y habitaba en el barrio obrero de La Soledat, en Mallorca. En 1936, tropas franquistas detienen a su marido y a sus cuatro hijos, pero no a Pilar, que había conseguido esconderse. Días después, y debido a la incertidumbre sobre el estado de su familia, Pilar sale de su escondite y enseguida es denunciada y detenida por miembros de la Falange. Los cuatro hombres que la detuvieron fueron autores de las palizas y violaciones que sufrió Pilar, según el relato de un vecino que fue testigo de los hechos. Los mismos hombres que abusaron de ella repetidas veces la asesinaron en septiembre de 1936 y abandonaron su cuerpo, que se encuentra en una fosa común del cementerio de Sencelles.

Matilde Lanza Vaz militó en el Partido Comunista y fue parte activa del mismo desde la proclamación de la Segunda República. En 1939 fue detenida y juzgada en un consejo de guerra. Tras seis meses en los calabozos de la Puerta del Sol, fue trasladada a la prisión de Las Ventas, y posteriormente a la prisión de mujeres Can Sales, en Palma de Mallorca. Viendo que la mujer se había convertido en un referente para el resto de reclusas, las autoridades iniciaron una labor de adoctrinamiento para convertirla al catolicismo, como maniobra propagandística del régimen y como golpe de efecto para minar la moral del resto de mujeres presas.

En 1941 la aíslan y obligan a bautizarse. Antes de la celebración del bautizo, la joven acude a la enfermería, en el piso más alto de la prisión, y desde allí se arroja al patio. Tras 45 minutos de agonía, y todavía inconsciente, las autoridades carcelarias la bautizan. Su cuerpo fue inhumado en el cementerio municipal de la localidad.

Lidia Falcón O'Neil fue detenida siete veces entre los años 1960 y 1974 en base a los delitos de opinión y asociación ilícita, y procesada en varias ocasiones por la publicación de artículos de opinión. Fue encarcelada en repetidas ocasiones en las prisiones de Barcelona y Madrid. Falcón sufrió torturas, claramente dirigidas a su condición de mujer joven, que consistieron en golpes en el estómago y en el hígado bajo el grito de “ahora ya no parirás más, puta bruja”.

El perito de la querella, Bartomeu Garí, destacó que “a las mujeres se les aplicó otra modalidad represiva mucho más brutal”. Este tipo de violencia no suele ser objeto de denuncia, por pudor o por vergüenza, de modo que romper esto es sumamente importante.

Aunque la represión franquista recayó sobre las espaldas de hombres y mujeres, la motivación, las causas y los efectos son necesariamente distintos. La organización relata que los crímenes contra las mujeres antifascistas incluyeron aspectos como la violencia sexual, habitualmente ejercida por los carceleros o por falangistas que entraban en las cárceles a visitar a las mujeres de manera recurrente. Las mujeres eran detenidas y violadas, no sólo por su lucha política, sino también por el delito consorte, es decir, por ser familiar de hombres antifascistas.

El franquismo siempre se caracterizó por negar la existencia de presas políticas, que fueron tratadas como delincuentes comunes. Las torturas a las que fueron sometidas las mujeres se ejercían con el mismo odio y fuerza que hacia los hombres, pero había un componente de género específico hacia ellas, tanto en los insultos como en el uso particular y sexuado de la violencia, las descargas genitales y golpes en el bajo vientre.

Fue común, asimismo, el robo de bebés, que ronda los 30.960 niños y niñas. Los hijos de las mujeres que eran asesinadas fueron entregados a familias de militares franquistas para eliminar la semilla marxista y darles una educación afín al régimen. Hasta los años 80, muchas mujeres sufrieron el robo de sus hijos en los hospitales bajo la excusa de enfermedad grave y posterior muerte del bebé.

Finalmente, las mujeres fueron sometidas a humillaciones relacionadas con cortes de pelo al cero y purgas con aceite de ricino. Las mujeres que no podían controlar sus esfínteres eran obligadas a pasear por las calles de su pueblo o ciudad, bajo las burlas y agresiones de sus vecinos.

https://www.infolibre.es/noticias/politica/2016/03/16/las_mujeres_victimas_del_franquismo_piden_justicia_argentina_46475_1012.html

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