viernes, 13 de octubre de 2017

Fotografías de prisioneros de guerra alemanes en el interior del ‘gulag’ soviético

La URSS debe ser sinónimo de represión. En toda referencia a la URSS la intoxicación imperialista reserva siempre un capítulo (al menos uno) muy especial para hablar a las persecuciones, purgas y fusilamientos; de lo contrario no podríamos decir que estamos aludiendo a aquel país. El “gulag” tiene que aparecer en primer plano como el aspecto más sobresaliente (y a veces único) de la historia soviética.

Antes del surgimiento de la URSS, durante la autocracia zarista, el sistema punitivo ruso se caracterizaba por dos notas típicas: los recintos eran abiertos y el trabajo era obligatorio para los reclusos. En Rusia no existían cárceles cerradas, cuyo surgimiento es muy reciente.


En la historia penitenciaria, mientras la cárcel cerrada está ligada a la ociosidad del recluso, en el sistema abierto o campo de concentración, está ligada al trabajo forzoso que, lejos de ser una sanción en retroceso, se va generalizando a todos los sistemas penitenciarios modernos.

Así, el tendido de los más de 9.000 kilómetros de la red ferroviaria del transiberiano, una obra que se prolongó desde 1891 a 1905, lo llevaron a cabo miles de convictos, tanto políticos como de derecho común.

La URSS heredó el mismo sistema penitenciario que ya existía y existen numerosos relatos verídicos, tanto literarios como gráficos, que demuestran las falsedades vertidas por la intoxicación imperialista.

Tras la Segunda Guerra Mundial, entre dos y tres millones de soldados alemanes fueron capturados y encerrados en colonias penitenciarias. Además, junto a ellos fueron capturados gran número de soldados de otras nacionalidades que se pusieron vountariamente al servicio de los nazis: italianos, rumanos, húngaros, finlandeses, croatas, suecos...



No obstante, como el trato de los soviéticos hacia los presos alemanes era peor que hacia los de otras nacionalidades, muchos de ellos ocultaron su verdadero país de origen.

Desde siempre se conocen numerosos testimonios gráficos de los prisioneros de guerra en los “gulags” soviéticos, que no ha sido publicados en la prensa imperialista por razones obvias: no dan la imagen de crueldad que se espera de ellos.



Para alojar a los millones de prisioneros de guerra, la URSS construyó 300 nuevas colonias que, la mayor parte de las veces, no eran muy grandes, ya que solían encerrar entre cien y mil presos. Muchas de ellas fueron efímeros, ya que sólo se mantuvieron algunos meses, mientras que otros duraron años.

Molotov, el ministro soviético de Asuntos Exteriores, dijo que ningún preso regresaría a Alemania antes de que Stalingrado fuera reconstruida. La mayor parte de ellos trabajaron en explotaciones forestales y construcción de puentes y pantanos.


La jornada de trabajo de los presos era de ocho horas diarias como máximo, podían recibir visitas, mantener correspondencia e intercambiar paquetes con personas ajenas a la colonia. Todos los presos cobraban el mismo salario que estaba establecido para el sector e incluso cobraban extras en una cuenta bancaria, si así lo solicitaban. Una vez liberados, retiraban el dinero del banco antes de regresar a su casa.

Como es natural, hubo intentos de evasión. Entre 1942 y 1948 un total de 11.000 presos trataron de fugarse, algo que sólo lograron el 3 por ciento de ellos.



También se produjeron motines dentro de las colonias y campos de trabajo. Por ejemplo, en 1945 en Minsk los presos protestaron por la escasa alimentación que les suministraban. Colocaron barricadas en los edificios y secuestraron a los guardianes. Las negociaciones no prosperaron y la artillería soviética bombardeó la colonia. Murieron unas 100 personas.


La liberación de los presos se llevó a cabo progresivamente, empezando en 1946 por los enfermos y los inválidos. Desde entonces hasta 1955, cuando se firmó un acuerdo con Alemania, fueron liberados dos millones de ellos.



Como pueden comprobar, a diferencia de las cárceles españolas, el empleo de cámaras fotográficas en el interior del ‘gulag’ estaba autorizado. No había nada que esconder.


 
Archivos fotográficos de Anatoly Egorov, Arkady Shaikhet, Georgy Zelma, Serguei Korshunov, Ivan Schagin, Viktor Temin y Arkady Chaikhet en http://www.russiainphoto.ru 

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