viernes, 13 de octubre de 2017

El gobierno fascista ucraniano impone la uniformidad lingüística en las escuelas

El 1 de setiembre el gobierno de Kiev aprobó una reforma educativa que liquida de un plumazo toda la imponente variedad lingüística y cultural que tradicionalmente ha existido en el país, lo cual ha levantado protestas entre sus vecinos rusos, polacos, húngaros y rumanos que tienen minorías viviendo en Ucrania y ya no podrán aprender su lengua materna.

La nueva ley aprobada en Kiev se opone a los criterios de la Unión Europea sobre la educación en países multiétnicos, por lo que el gobierno se ha metido en un atolladero: si sigue el dictado que le llega de Bruselas debería defender a los rusófonos, algo que sobrepasa su capacidad digestiva.

En Kiev como en los demás sitios, los fascistas se buscan problemas donde nunca los hubo. A partir del año que viene la diversidad lingüística no se conservará, excepto en las guarderías y escuelas de enseñanza primaria, mientras logran introducir el ucraniano como idioma único y exclusivo. A partir de 2020 las previsiones son que no haya otra enseñanza que la que se imparte en ucraniano.

Los países vecinos han puesto el grito en el cielo y empiezan a restringir los visados con destino a Ucrania, que puede verse aún más aislada diplomáticamente, incluso de Bruselas que, hasta la fecha ha mimado a los descerebrados de Kiev, guiando cada uno de sus pasos por la senda del bien y los derechos humanos.

“Es inaceptable que la Unión Europea cierre escuelas en pleno siglo XXI únicamente porque enseñan en lenguas minoritarias”, dice una nota oficial de protesta del gobierno húngaro.

La Asamblea parlamentaria del Consejo de Europa, el nido de rusofobia por antonomasia, se ha visto obligada a ponerse contra la reforma que quieren implementar en Kiev, “sin consenso”, dicen. No obstante, no quieren ir muy lejos porque lo que subyace es un ataque a la lengua rusa, algo en que los europarlamentarios están absolutamente de acuerdo con la camarilla fascista de Kiev.

Naturalmente, dicen los mentecatos de la Asamblea, las minorías rusas representan los intereses de Rusia... Hay que andar con cuidado no sea que entreguemos alguna baza a Putin y sus ogros del Kremlin.

Para caminar sobre el alambre, como los funambulistas, lo menos apropiado son tipos como los que se instalaron en Kiev en 2014. Nunca afinan sus instrumentos, por lo que quien se ha encargado de modificar la ley ucraniana es... la Comisión de Venecia,  por lo que volvemos a insistir en que si bien los fascistas siempre presumen de su “patriotismo”, al final dejan que las cosas las hagan terceros países. Los perros siempre van a donde sus amos les llevan bien sujetos por la correa.

La Comisión de Venecia es uno de esos órganos característico del Consejo de Europa, creado en 1990 y compuesto por “especialistas” en Derecho Constitucional. Da miedo sólo pensar en ello, es decir, en que las leyes no las hacen políticos que responden ante sus votantes, que es la esencia de la democracia, sino “expertos” en vivir del cuento.

Por ejemplo, estos “expertos” de la Comisión de Venecia han estado presionando al Govern catalán porque -según decían- el referéndum debía pactarse (*), un principio del que no se acordaron en los tiempos de la Guerra de los Balcanes, donde despedazaron a un Estado a golpe de bombas. A los “expertos” les suele ocurrir: se acuedan de las cosas cuando les conviene.

(*) http://www.lavanguardia.com/politica/20170603/423150730181/carta-comision-venecia-respuesta-puigdemont-referendum.html

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