lunes, 28 de agosto de 2017

El tiro por la culata

Darío Herchhoren

Desde hace quizá cientos de años, los USA vienen sancionando al mundo entero. Algunas de esas sanciones se han traducido en guerras o invasiones, tales como la invasión de Japón en la década de 1870; o la invasión de la isla de Granada, luego del desastre de Vietnam, y para levantar la moral de las tropas USA, que pretextaron la construcción de una pista de aterrizaje en la isla por trabajadores cubanos y la construcción de hornos de pan, que según dijeron eran una amenaza para los USA.

Otras veces esas sanciones se tradujeron en tratar de ahogar la economía de algunos países que no aceptaban la tutela de los USA, y otras simplemente consistían en no reconocer la legitimidad de las autoridades de algún país o su legalidad. Un caso paradigmático fue lo que sucedió con la República Popular China, luego del triunfo de la revolución en 1949. El ejército popular de liberación chino había conquistado todo el territorio continental chino, y las tropas fugitivas del ejército de Chiang Kay Check, se refugiaron en la isla de Formosa (Taiwan), y en algunas islas menores. En el territorio continental habitaban 800 millones de habitantes, y en Formosa alrededor de 17 millones. Sin embargo la tradicional torpeza de la diplomacia yanqui dispuso que la “verdadera” China era la de Formosa, y que en el Consejo de Seguridad de la ONU, que estaba compuesta por los cinco “grandes” que habían ganado la guerra, la representación china era la de Formosa que “representaba a todo el pueblo chino”.

Con mayor sensatez, muchos países fueron aceptando al gobierno chino representado por Mao Zedong y comenzaron a comerciar con la República Popular de China, a la cual los imperialistas seguían llamando “China Comunista”, en oposición a la “China Nacionalista”, según los imperialistas la verdadera China. Esta situación se hizo tan ridícula que fue el presidente Richard Nixon quien viajó a China y se entrevistó con Mao Zedong, y en esa ocasión las cosas se pusieron en su lugar. La República Popular China recuperó el sillón en el Consejo de Seguridad de la ONU, y el mundo entero aceptó esa situación. Se reconoció que solo había una China, y algunos, como los USA siguieron manteniendo relaciones no diplomáticas con Taiwan, a la cual convirtieron en una inmensa base militar y fuente de provocaciones hacia la verdadera China, pero les salió el tiro por la culata. China se convirtió en la principal potencia industrializada del mundo, y navíos mercantes chinos están en todos los puertos del mundo descargando los productos manufacturados chinos. ¿De qué sirvió esa política del imperio? De nada.

Estamos en 2017 y el imperio parece no haber aprendido nada de las lecciones de la historia. Ahora intenta sancionar a China, a Rusia, a la República Popular de Corea y a Irán. Pero el tiempo ha pasado, y la hegemonía ha sido perdida definitivamente por los USA. Los paìses sancionados han elaborado una estrategia consistente en no utilizar más el dólar como moneda de mensuración de su comercio y utilizar sus monedas nacionales además de desligarse del sistema SWIFT, que consiste en la posibilidad de utilizar el dólar USA, y fijar unos medios de compensación bancarios controlados por los USA, que obliga a sus usuarios a que todas las operaciones de su comercio exterior pasen por bancos USA, por los cuales cobran jugosas comisiones. Esto está a punto de acabarse, ya que los sancionados, acaban de crear su propio sistema de compensación en sus monedas nacionales, y parece que los países BRICS (Brasil, Rusia, China y Sudáfrica) adherirán a él. Se trata de un tráfico comercial de cien mil millones de dólares anuales (no es moco de pavo) que los bancos USA dejarán de pasar por sus ventanillas. Esto es una herida de muerte para el imperio; que seguirá recibiendo tiros por la culata. Con Trump o sin él, el imperio se hunde. Tenía razón Mao, cuando decía que el imperialismo era un tigre de papel. Ahora, ese tigre ha perdido sus dientes.

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