jueves, 24 de agosto de 2017

El Califato Islámico como bandera de una guerra mundial: el Caso Barcelona

Los ataques en Barcelona y otras ciudades europeas aparecen luego de consumada la derrota en la faceta territorial de la guerra del Estado Islámico en Siria e Irak, y cambios en el apoyo de la coalición de países occidentales hacia la oposición armada siria.

Analistas afirman que detrás de grupos irregulares como las Maras en Centroamérica, narcoparamilitares en México y Colombia o yihadistas en el Oriente Medio, está el pretendido estado de excepción global dirigido por la corporaciones estadounidenses. Se trata de desmontar los Estados-nación y establecer los criterios de reconfiguración del llamado “orden internacional” que sirvan a su proyecto hegemónico.

El Estado Islámico (EI), Daesh o ISIS, según ha afirmado Thierry Meyssan, presidente y fundador de la Red Voltaire, es un movimiento esencialmente político que utiliza la religión como referencia para provocar el caos y desunir al mundo árabe. El extraordinario despliegue sobre una superficie de entre 40 y 90 mil kilómetros cuadrados, junto al equipamiento militar y el acceso ilimitado a las grandes redes mediáticas mundiales, no han sido impulsados solo por fondos provenientes del Oriente Medio. Una fuente diplomática anónima afirmó al diario estadounidense The World Tribune que el EI pidió “misiles antitanques, RPG, equipos de telecomunicaciones y chalecos antibalas a países europeos como Bulgaria, Croacia, Rumania y Ucrania [...] Los servicios de inteligencia de la OTAN facilitaron la entrega de ese armamento afirmando que era una ayuda humanitaria a Siria”.

En 2015 el presidente ruso Vladimir Putin aseguró que entre los 40 países que financian al EI se encuentran varios miembros del G-20, dijo en rueda de prensa al término de la cumbre del grupo celebrada en la ciudad turca de Antalya.

Meyssan también informó que el proyecto de presupuesto de Obama para las operaciones diplomáticas y militares en el exterior (Overseas Contingency Operations, OCO) para el año 2015 destinaría 500 millones de dólares para “formar y equipar elementos controlados de la oposición armada siria para ayudar a defender al pueblo sirio, a estabilizar las zonas bajo control de la oposición, facilitar la prestación de servicios esenciales, contrarrestar las amenazas terroristas y favorecer las condiciones de un arreglo negociado”. Sin embargo el “gobierno provisional” sirio destituyó al general Abdel Ilah al-Bashir y a su estado mayor por presiones de Estados Unidos. Sin tropas ni oficiales, la coalición nacional de la oposición exterior siria “puede tener la certeza de que los 500 millones de dólares prometidos acabarán casi directamente en manos del EIIL [siglas del EI en ese momento], afirmó.

En mayo de 2013, un mes después de haber fundado el EI, Ibrahim al-Badri -el “califa” conocido bajo el nombre de guerra de Abu Bakr al Baghdadi- se reunió en Siria con el senador estadounidense John McCain, líder republicano a quien Obama puso a cargo de la realización de las operaciones secretas por cuenta del gobierno.

Una guerra transnacionalizada

Según el Grupo Soufan, al conflicto armado de Siria, que inició en 2011, habían asistido 12.000 combatientes extranjeros de al menos 81 nacionalidades, sobre todo de Europa, Estados Unidos, países árabes, el sudeste asiático y el Cáucaso. Estiman que a comienzos de 2014, Rusia era el país del que procedía la mayoría de los 2.500 combatientes occidentales detectados para ese entonces (más de 800). Le seguían Francia (más de 700), Alemania (270), Reino Unido (más de 400), Bélgica (250), Australia (250), Países Bajos (120), Kosovo (120), Dinamarca (100), Suecia (90), Estados Unidos (70), Italia (53), España (51), Noruega (50), Finlandia (30), Suiza (10) y Portugal (6). El  diario El País de España informa que operativos de inteligencia en España descubrieron que varios militares y policías desertores detenidos tenían contactos en Marruecos, Luxemburgo, Bélgica, Reino Unido, Holanda, Estados Unidos, Francia, Bélgica, Túnez, Turquía, Egipto e, incluso, algunos países suramericanos.

Las estimaciones de la CIA se triplicaron a mitad de ese año: entre 20.000 y 31.500 militantes tenían posesión de amplias zonas de Siria e Irak debido a “los éxitos en el campo de batalla, la declaración del califato, una mayor actividad bélica y las nuevas vías de comunicación”, declaró el portavoz Ryan Trapani.

Karin von Hippel, quien sirvió como enviado especial para contrarrestar al EI bajo las órdenes del general estadounidense John Allen,  advirtió que Europa debía prepararse para más ataques terroristas una vez que fue aplastado en Mosul. “Creo que una vez que pierdan territorio en Irak y Siria y probablemente en Libia... volverán a una operación de estilo más insurgente que de un grupo terrorista que quiere intentar mantener el territorio”.

En 2016 el Departamento de Estado de EEUU estimó que “más de 40.000 combatientes extranjeros totales han ido al conflicto [en Siria] y de más de 100 países”. Muchos combatientes extranjeros pudieron viajar a través de Turquía al territorio dominado por el EI, la frontera turca había sido descrita como “porosa” y el gobierno de Erdogan como el “mayor patrocinador estatal” del grupo terrorista. También la ONU afirmó que al menos 30.000 combatientes habían viajado a Siria, aunque “algunos combatientes extranjeros ya han regresado a sus países de origen, extendiendo la violencia en sus propias comunidades”.

La guerra misma, la misma guerra

Este ejército yihadista ha sido desplazado en encarnizadas batallas de ciudades en las que dominaba ampliamente como las sirias Aleppo y Al Raqqa y las iraquíes Mosul y Tikrit, disminuye su expansión en el terreno como estrategia de guerra y es inminente el retorno al terror focalizado y viral. Tanto lo ocurrido en Barcelona como en otras ciudades europeas son un intento de mantener y elevar los niveles de miedo que terminan justificando el incremento del gasto militar y políticas de vigilancia y control social.

No es nuevo el hecho de que el fundamentalismo islámico se mueva según intereses geoestratégicos de Washington. En un análisis para Global Research, Patrick Martin describió cómo “las administraciones norteamericanas han tratado de formar las fuerzas fundamentalistas islámicas más reaccionarias y atrasadas en el Medio Oriente durante muchas décadas”, agregando que desde los años 50 del siglo XX la CIA financió y apoyó a grupos extremistas en contra de regímenes laicos como el de Mossadegh en Irán o el de Nasser en Egipto, considerados como amenazas para sus intereses económicos, o como posibles aliados de la URSS.

Es conocido cómo entrenaron a los muyahidines (germen de Al-Qaeda), organizaron golpes de Estado y, junto con Israel, apoyaron a los Hermanos Musulmanes, origen de Hamás y Yihad Islámica.

La guerra líquida


Ante el colapso de la capacidad del EI de mantener territorio en Siria e Irak, muchos combatientes y simpatizantes extranjeros están abandonando sus filas y tratando de entrar a Turquía. Fuentes de The Guardian han confirmado que las filas del grupo en su último reducto en Siria se han reducido rápidamente debido al avance de una ofensiva terrestre hacia Al-Raqqa y Tabqa en el noreste del país. allí los combatientes extranjeros habían sido desplegados en los últimos cuatro años.

Autoridades turcas y europeas dicen por su parte que cada vez más miembros del EI, que se unieron al grupo desde 2013, contactan a sus embajadas para regresar. Hablan de por lo menos 250 extranjeros “ideológicamente dirigidos” que pudieron haber sido introducidos de contrabando a Europa a partir de finales de 2014 hasta mediados de 2016 para buscar venganza por el califato que se desmorona, casi todos viajan a través de Turquía después de cruzar una frontera ahora no tan “porosa” en la que el EI se disuelve pero no desaparece.

El Centro Internacional para el Contraterrorismo (ICCT) de La Haya estimó a mediados del año pasado que en Europa había ya alrededor de 30 por ciento de los cerca de 4.000 europeos que calcula que en los últimos años habían salido desde sus países hacia Siria e Irak, los mismos han recibido instrucción militar con el EI y combatido con los yihadistas.

Ahora dicen haber constatado que la estrategia de captación ha cambiado debido a que estas organizaciones no se interesan por reclutar combatientes sino en convencer adeptos para que cometan atentados en sus propios países de residencia. “Esto conlleva un serio problema por las dificultades que hay para detectar y neutralizar a estos terroristas”, según afirmó un veterano experto del español Cuerpo Nacional de Policía.

Newsweek ha afirmado que “los combatientes que regresan son un problema para los servicios de seguridad de Europa Occidental y Estados Unidos que están preocupados de que sus nacionales regresen a sus hogares para llevar a cabo ataques mientras el califato de ISIS sigue desmoronándose en Irak y Siria”, mientras describe las distintas realidades de los ex combatientes explica cómo la propaganda mediática los incitó a participar en el conflicto y la zozobra que viven sus sociedades al tratar de reintroducirlos, aun cuando el impacto de sus acciones es bajo con respecto a otras zonas.

El fundamentalismo islámico, visto como principal enemigo de la libertad cristiana representada por Estados Unidos, también es su socio. Mientras el discurso hegemónico de la mediática global mantiene en ascuas a la sociedad occidentalizada, no logra ocultar vínculos como los de la monarquía española con el salafismo y el wahabbismo saudí financista del EI, lo que demuestra intereses más allá de lo religioso o cultural.

En 2011 un informe del CNI español advertía sobre el dinero que Arabia Saudita, Qatar, Kuwait, Emiratos Árabes, Libia y Marruecos enviaban a comunidades musulmanas y cómo acababan financiando organizaciones radicales y células islamistas sin que haya habido cambios de postura por parte de la diplomacia española frente a las dinastías wahabitas.

La tensión que viene

Se trata de un complejo entramado de relaciones que se benefician del miedo y la guerra como un circuito en el que el tráfico y venta de armas juega un papel preponderante, asimismo la tensión global en la que se disputan espacios y mercados con Rusia, China e Irán.

Turquía y Francia han retirado su apoyo a la Coalición Nacional de las Fuerzas Opositoras y Revolucionarias de Siria mientras Qatar ha reducido sus asignaciones. Este domingo la agencia rusa de noticias Sputnik News ha informado que el líder opositor Mohamad Bassam al-Malik ha abandonado la coalición opositora y ha regresado al país árabe. “Después de siete años, me di cuenta de que EEUU, los países occidentales y los países del Golfo Pérsico están en una conspiración contra Siria, que tiene como objetivo desmembrar el territorio sirio”, declaró. Otros actores de la oposición siria han comunicado su intención de regresar, Egipto y Rusia han estado trabajando para convencerlos luego de fuertes fracasos en el campo de batalla ante las fuerzas sirias y sus aliados y sufrir profundas divergencias internas.

“El imperialismo contemporáneo ya no tiene como prioridad apoderarse de los recursos naturales. Hoy domina el mundo y lo saquea sin escrúpulos. Ahora apunta a aplastar a los pueblos y destruir las sociedades de las regiones cuyos recursos ya explota hoy en día”, ha escrito Meyssan recientemente. Se trata de un diseño global en el que “estar dentro” será cada vez una condición menos segura.

La guerra en Siria e Irak no se ha mudado pero tampoco tendrá la expresión territorial hasta ahora vista, lo que se expande hacia Europa es el virus del miedo e incertidumbre, caldo de cultivo de más guerra y estado de excepción en la que el Imperio estadounidense juega la mejor sus fichas.

http://misionverdad.com/trama-global/el-estado-islamico-como-bandera-de-una-guerra-global-caso-barcelona

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