miércoles, 26 de julio de 2017

El espionaje británico repliega el dispositivo organizado para la Primavera Árabe

Ante el fracaso de la llamada “Primavera Árabe”, el MI6 está replegando sus peones (1). Elaborado en 2004, por sir James Craig, ese proyecto debía reproducir la “Revuelta Árabe” que Lawrence de Arabia organizó en el pasado contra el Imperio Otomano.

Durante la Primera Guerra Mundial, Thomas Lawrence –el célebre “Lawrence de Arabia”– prometió a los árabes que serían libres si lograban derrocar la colonización otomana, finalmente reemplazada por la colonización británica.

Pero la Primavera Árabe se concibió en contra de Irán y su objetivo era instalar en el poder, en los países del Medio Oriente ampliado o Gran Medio Oriente, a la Hermandad Musulmana, como correa de transmisión del imperialismo anglosajón.

Uno de los principales agentes al servicio de ese programa, Angus McKee, fue nombrado encargado de negocios en la embajada del Reino Unido en Siria, en diciembre de 2011. Cuando Londres decretó el cierre de la embajada, Angus McKee siguió ejerciendo las mismas funciones y bajo la misma cobertura, pero desde Beirut. En marzo de 2012 fue nombrado cónsul en el Kurdistán iraquí. Ahora, el MI6 acaba de llevárselo de regreso a Londres.

La Primavera Árabe no fue una sucesión de movimientos “espontáneos”, sino de dinámicas populares de larga duración, que hunden sus raíces en las Revueltas del Pan de los años 70 y 80, que fueron provocadas por los los “planes de austeridad” del FMI.

A finales de 2010 se produjo un repunte histórico de los precios mundiales de los productos alimenticios. El sabotaje, el bloqueo de carreteras, la huelga y el enfrentamiento directo con las fuerzas del orden fueron la verdadera cara de la Primavera Árabe.

La oleada huelguística en Egipto se desarrolló contra la voluntad de la Federación Nacional de Sindicatos Egipcios. En Túnez sucedió casi exactamente igual: las huelgas fueron promovidas por los trabajadores, totalmente al margen de la Unión General de Trabajadores Tunecinos, que las rechazó explícitamente.

A los anteriores factores hay que sumar la falta de crecimiento económico, la inmensa tasa de desempleo (la media más alta de todas las regiones del mundo), la corrupción endémica generalizada, las descomunales desigualdades sociales, los gobiernos despóticos carentes de legitimidad democrática, el trato de súbditos serviles que recibían los ciudadanos, etc.

La gran masa de gente que emprendió la acción por toda la región árabe fue una amalgama que comprende un amplio abanico de capas y categorías sociales afectadas en diverso grado por algunos factores del complejo espectro de elementos determinantes que hemos mencionado.

Detrás de todos los levantamientos pronto se hizo visible la mano de las potencias imperialistas (2), como siempre, con Estados Unidos y Francia, entre otros, a la cabeza.

El 4 de febrero de 2011 la OTAN organizó en El Cairo una reunión presidida por el senador estadounidense John McCain para iniciar la Primavera Árabe en Libia y Siria. En Libia los participantes en la revuelta estaban encabezados por el segundo personaje más importante del gobierno libio de la época, Mahmud Jibril, quien había cambiado abruptamente de bando al entrar en aquella reunión para convertirse en el jefe de la oposición libia en el exilio.

El fenómeno comenzó con la llamada revolución tunecina, cuya fecha de inicio suele contarse desde la inmolación de Mohamed Bouazizi, un joven de 26 años que protestó contra la policía, el 4 de enero de 2011.

(1) http://www.voltairenet.org/article197278.html
(2) http://www.telesurtv.net/telesuragenda/La-Primavera-Arabe-o-el-otono-del-capitalismo-20160112-0020.html

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