domingo, 28 de mayo de 2017

Fue Estados Unidos quien invadió Afganistán en 1979 y sus tropas aún no se han marchado de allá

Reagan con los talibanes en la Casa Blanca
El mejor “homenaje” que cabe tributar al recientemente fallecido Zbigniew Brzezinski es recordar su entrevista de 1998 con Le Nouvelle Observateur, una revista de la socialdemocracia francesa que en su titular reconocía que “la CIA entró en Afganistán antes que los rusos” (quiere referirse a los soviéticos).

Para ello se remitía al libro de memorias de Robert Gates, “From the Shadows” (Desde la sombras), el antiguo director de la CIA, quien conocía muy bien este asunto. Según Gates, la CIA comenzó a ayudar a los muyahidines afganos seis meses antes de la intervención soviética en Afganistán.

Brzezinski era otro que también conocía a la perfección la injerencia imperialista en Afganistán. En la entrevista lo confirmaba y no le importó admitir que la versión que entonces transmitieron a la prensa era —como siempre— falsa.

La versión oficial aseguraba que llamada “invasión” soviética de Afganistán había comenzado el 24 de diciembre de 1979, mientras la CIA inició su operativo al año siguiente, pero el entonces Presidente Carter firmó la orden de intervención el 3 de julio de 1979, cuando en Afganistán no había ni un soldado soviético.

Por lo tanto, quien invadió Afganistán fue Estados Unidos y cabe añadir que si las tropas soviéticas se marcharon, las del Pentágono siguen allá.

En una nota remitida a su Presidente, Brzezinski le advertía que los soviéticos no podían cruzarse de brazos ante el plan de la CIA y que intervendrían militarmente, como así fue. La revista francesa le preguntó si se trataba de la típica provocación para que los soviéticos enviaran tropas al país centro-asiático, lo que Brzezinski niega.

Luego el periodista lanza una pregunta, también muy típica, que era pura retórica: “Cuando los soviéticos justificaron su intervención afirmando que luchaban contra una injerencia secreta de Estados Unidos, nadie les creyó. Pero había un fondo de verdad”.

La respuesta de Brzezinski era puro cinismo, también al más puro estilo imperialista, propagando una tesis que ha calado profundamente en todos los medios: atrajimos a los soviéticos a una trampa, les devolvimos nuestro fracaso en Vietnam, la intervención condujo al hundimiento de la URSS, etc.

Otra pregunta obligada por parte del periodista se refería al ascenso del integrismo islamista como consecuencia del apoyo que la CIA prestó a los talibanes en Afganistán en asesoramiento y armas. La respuesta fue otro ejercicio de cinismo por parte de Brzezinski: sí es cierto que nosotros promovimos el yihadismo, pero fue muy mucho más importante lograr la caída de la URSS, la “liberación” de Europa central y el fin de la Guerra Fría.

El periodista no se quedó satisfecho con la respuesta y vuelve a la carga: pero, ¿acaso no es hoy el fundamentalismo una amenaza mundial? “Bobadas”, insiste Brzezinski. “No existe un islamismo mundial”. Los países musulmanes, lo mismo que los cristianos, tienen muy pocas cosas en común, concluye.

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