jueves, 6 de abril de 2017

Los monarcas españoles se enriquecieron con el tráfico de esclavos durante siglos

La esclavitud se reintrodujo en España en los años siguientes a la llamada “Reconquista”. Derrotados por la guerra, muchos islamistas fueron reducidos a la esclavitud. El Decreto de 1609 de expulsión de los moriscos incluyó en el Reino de Valencia una excepción: quedaban excluídos los que fueran esclavos, que seguirían perteneciendo a sus dueños.

Como siempre, lo que determinó la expulsión de aquella parte de la población no fue su religión sino su condicón de clase.

La población esclava era mucho más importante de lo que los historiadores han querido hacer creer. En Valencia uno de cada tres habitantes era esclavo, en Barcelona uno de cada diez, una proporción parecida a la de Sevilla y Cádiz.

A partir del siglo XV empezaron a llegar esclavos procedentes de África. Se calcula que aquí los negreros negociaron la compraventa de unos 700.000 esclavos entre los siglos XVI y XX. El mayor propietario de esa “mercancía” era la Corona, que los explotaba en sus minas y galeras. La monarquía española siempre ha vivido del robo y el tráfico ilegal de esclavos, a quienes marcaba salvajemente con hierros candentes con los sellos del rey de turno, como si fuera ganado.

Pero el verdadero negocio del tráfico negrero llegó con la colonización de América. El exterminio de la población autóctona provocó una necesidad de mano de obra barata, que se llevó desde África.

Sobre todo fueron los Borbones quienes comenzaron a participar en el siglo XVIII en el tráfico de esclavos a gran escala. Felipe V, alias “El Guarro”, fue el primero. Firmó un suculento contrato con la Real Compañía de Guinea, también de nacionalidad francesa, por el que percibía el 25 por ciento de los beneficios de la empresa esclavista. Su socio era su primo, otro Borbón, el rey de Francia Luis XV.

La regente María Cristina de Borbón y su segundo esposo, Agustín Fernando Muñoz y Sánchez, Duque de Riansares, consiguieron labrar una fortuna colosal con el comercio de esclavos, que no tenían antes de llegar a España. El coronel gaditano Manuel Pastor Fuentes desempeñó un papel fundamental en el negocio negrero que la monarquía tenía en Cuba. Fue quién implantó el pago de una cuota por cada esclavo importado, que después él mismo se encargaba de trasladar a María Cristina de Borbón. Por eso su hija, la reina Isabel II le nombró senador vitalicio y le otorgó el título de Conde de Bagaes.

Al ser despojada de la Regencia por Espartero, Maria Cristina salió de España en 1840 como la mujer más rica de Europa. Pero la dejaron marchar con el dinero que había robado.

El Presidente del Gobierno Leopoldo O’Donnell dirigió la Capitanía General de Cuba entre 1843 y 1848, donde desató una cruel represión tras una revuelta esclava en la isla, conocida como la “Conspiración de la escalera”. En Cuba O’Donnell controlaba y se lucraba del tráfico de esclavos. Por cada “pieza” desembarcada recibía 51 pesos de los negreros. Amasó una fortuna de 500.000 pesos durante su estancia en la isla, el equivalente a diez millones de reales en la moneda española de la época.

España fue el último país en abolir la esclavitud porque el negocio era una fuente de enriquecimiento personal de los Borbones, la aristocracia y los altos dirigentes del ejército colonial español. Como el tráfico de esclavos era ilegal, las grandes fortunas de este país amasaron sus riquezas con uno de los peores crímenes que la humanidad ha conocido. Pero en este país, ¿a quién le ha importado la legalidad?

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