jueves, 16 de marzo de 2017

Cómo darle una vuelta de 180 grados a cualquier noticia

Los expertos en manipulación, como Antonio Ferreras, dominan el arte del “periodismo” a la perfección. Por ejemplo, hace más 25 años reconvirtieron uno de los primeros y más sonados casos de corrupción política, el Caso Naseiro, en su contrario.

Naseiro era entonces el tesorero del PP, el que cobraba las mordidas y su nombre apareció en un pinchazo telefónico de la policía sobre tráfico de drogas, por lo que el juez de Valencia encargado del caso, Manglano, un antiguo abogado que había pertenecido a organizaciones de izquierda en su época, se puso a la faena porque era de esos convencidos del “estado de desecho”, la “democracia”, la “legalidad” y demás.

En 1990 la corrupción “no existía” aún oficialmente y por lo tanto la “lucha contra la corrupción” tampoco era necesaria, por lo que la prensa le dio una vuelta de 180 grados al asunto: el Caso Naseiro lo reconvirtieron en el Caso Manglano, como reconoció el diario ABC.

¿Respeto a las decisiones judiciales? Depende. Como se ve en la foto, a Manglano le ridiculizaron vistiéndole de torero. Le amargaron la vida para siempre por proponerse “erradicar la corrupción”. A quien le erradicaron fue a él y a todos los incautos como él.

El caso del pirateo de los ordenadores en Estados Unidos es exactamente igual. No es es que éste o aquel interceptaran los mensajes privados de alguien, como Trump, por ejemplo, sino que todas, absolutamente todas, las comunicaciones están intervenidas y no sólo por la CIA, el FBI, la NSA u otras siglas sino por todos aquellos que tienen el poder y la capacidad de hacerlo, que no son precisamenten adolescentes jugando con su ordenador.

Los servidores del partido demócrata estaban, pues, tan controlados como todos los demás y la manipulación periodística consiste en tratar de decir que fueron éstos y no aquellos quienes lo hicieron para tapar lo fundamental, que está en el contenido del mensaje interceptado: se produjo una manipulación por parte de la dirección del partido demócrata para que su candidata a la presidencia fuera Clinton y no Sanders.

Por lo tanto, es verdad, las elecciones fueron manipuladas, como todas las elecciones en Estados Unidos, pero quien lo hizo no fueron los rusos ni la CIA, sino el partido demócrata. Ésta es la clave de todo el asunto y lo que la filtración de WikiLeaks pone de manifiesto. Dado que eso es lo esencial, hay que taparlo con lo accesorio: quién fue el que intervino los servidores y quién lo puso en conocimiento de WikiLeaks.

El asunto del Yak-42 es otra manipulación en donde se ha utilizado un viejo truco, las víctimas del accidente, para tapar lo esencial: los fallecidos eran soldados del ejército español y lo que ningún periodista ha peguntado es: ¿qué hacían en Afganistán?, ¿a qué fueron?, ¿quién les envió?, ¿se presentaron voluntarios?

Desde que dieron un golpe de Estado en 1936, los militares son las vacas sagradas de este país y viven envueltos en una parafernalia de alabanzas empalagosas que nadie se atreve a romper por miedo a las represalias. Cuando se crea una burbuja de esas dimensiones, los propios interesados acaban creyéndose sus propias mentiras, por el mimetismo típico de toda repetición monocorde.

Los militares, los del Yak-42 y los demás, así como sus familiares se creen partícipes de la “marca España” que es como Benetton y todas las demás marcas: un tinglado publicitario que les permite mirar por encima del hombro a los demás.

Por ejemplo, en España la Renfe ofrece descuentos para los viajes de los militares por tren, algo que no hace para los parados, a pesar de que los anteriores tienen un sueldo fijo.

La sorpresa de los militares y de sus familiares aparece cuando, como en el accidente, se dan cuenta de lo que son en realidad, carne de cañón, y de que los tratan como tales, no como uno de “los suyos”. Entonces se dan cuenta de que están en el bando equivocado e incluso de que tienen algo por lo que luchar.

Pero para entonces los medios ya le han dado la vuelta al asunto y nadie ha preguntado nunca por el auténtico escándalo: ¿qué hacían las tropas españolas en Afganistán?

1 comentario:

  1. Excelente,sobre todo los dos últimos párrafos.

    ResponderEliminar