miércoles, 22 de febrero de 2017

El Vaticano sigue apoyando al cardenal fascista Stepinac y sus crímenes de guerra

El fascista Pavelic y el obispo Stepinac
La semana pasada la Comisión Mixta de la Iglesia ortodoxa serbia y los obispos católicos croatas se reunieron en Novi Sad, en Voivodina, para tratar sobre el papel del cardenal fascista Aloisi Stepinac durante la Segunda Guerra Mundial.

Desde 1937 Stepinac fue el arzobispo de Zagreb y tras la guerra fue juzgado y condenado por colaboraciópn con los utachis fascistas que gobernaron Croacia bajo la tutela del III Reich. A pesar de ello, el Vaticano le ascendió a la categoría de cardenal, luego le santificó y en la actualidad sigue apoyando su gestión como arzobispo durante la guerra.

Antes de la apertura de las conversaciones, el palacio episcopal apareció decorado con pintadas antifascistas referentes a Pavelic, el dirigente fascista croata, y Stepinac a los que acusaban de “nazis, ustachis y genocidas”, relacionándolo con la situación actual y en contra de la Unión Europea, el Fondo Monteario Internacional y la OTAN. Las pintadas llevaban la firma de una estrella de cinco puntas, el símbolo de internacionalismo proletario.

Los obispos católicos fueron uno de los pilares más importantes de la expansión de la Alemania hitleriana hacia el centro, el este de Europa y los Balcanes. El III Reich dividió Checoslovaquia y en la parte oriental impuso un Estado títere dirigido por Monseñor Tiso, un obispo franciscano, fusilado al finalizar la guerra por crímenes contra la humanidad.

Los nazis, lo mismo que luego haría la OTAN, también dividieron yugoeslavia, creando un Estado fantasmagórico en Cracia bajo la dirección del ustacha Ante Pavelic, un régimen aún más criminal y sanguinario que el III Reich.

Una de sus primeras decisiones fue abolir la libertad religiosa que había impuesto Yugoslavia a todos sus Estados miembros, un acto apoyado por el Vaticano que dio lugar a conversiones forzosas de los miembros de otras confesiones y el encierro en campos de concentración a quienes se negaron a ello.

Muchos sacerdotes católicos se convirtieron en verdugos. El más célebre fue el del fraile franciscano Miroslav Filipovic, que dirigió el mayor campo de concentración en Croacia, el campo de extermino de Jasenovac hasta 1943, fecha a partir de la cual asumió la dirección otro sacerdote católico reconvertido en verdugo fascista: Ivica Brkljacic.

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