viernes, 27 de enero de 2017

La intervención israelí en la lucha contrainsurgente en América Central en los años ochenta

Efraín Rios Montt con Ronald Reagan
En los años ochenta el pueblo guatemalteco, que se había alzado en armas, vivió bajo la feroz represión del régimen de Efraín Ríos Montt, cuyos crímenes siguen saliendo hoy a la luz. En enero del pasado año fueron detenidos 18 militares implicados en la guerra sucia y un mes después fueron detenidos otros dos bajo una acusación brutal: la esclavización sexual de las mujeres.

Aunque el Tribunal Constitucional haya anulado el juicio contra el criminal Ríos Montt por crímenes contra la humanidad, la investigación para descubrir el verdadero alcance de los crímenes cometidos, incluido el genocidio de los mayas, no descansa. En noviembre un juez reabrió la causa contra Ríos Montt por la matanza cometida en la aldea de Dos Erres, en El Petén.

Los pueblos mayas han sido objetivo de exterminio desde que en 1954 Estados Unidos invadió Guatemala para acabar con el gobierno de Jacobo Arbenz. Desde entonces hasta 1996 las estimaciones hablan de 200.000 asesinatos. No obstante, el protagonismo de Estados Unidos en los golpes de Estado y las masacres ha puesto en segundo plano a otro protagonista fundamental: Israel.

En una entrevista a la cadena ABC News Ríos Montt dijo que si el golpe de Estado en Guatemala pasó desapercibido, en relación a otros, fue gracias a la participación de Israel, que mantuvo 300 consejeros militares sobre el terreno para aplastar el levantamiento armado.

La entrada de Israel en el patrocinio de las contrarrevoluciones de los ochenta en Guatemala fue consecuencia de las limitaciones impuestas por el Congreso a la ayuda militar al exterior. Israel llegó a donde Estados Unidos no podía hacerlo sin infringir sus propias leyes. Sus militares trasladaron a Centroamérica los métodos antiguerrilleros experimentados en Gaza y Cisjordania con los palestinos.

El ejército israelí acababa de invadir Líbano y la oligarquía guatemalteca hablaba abiertamente de la “palestinización” de los mayas rebeldes y los grupos guerrilleros.

La peor matanza fue la de Dos Erres, donde la tropa entrenada por Israel destruyó e incendió completamente la aldea, matando a todos sus habitantes. Los supervivientes del ataque inicial fue asesinados golpeándoles el cráneo con martillos. La aldea fue exhumada en 1999 por orden de un tribunal y los médicos forenses escribieron en su informe: “Todas las pruebas balísticas recuperadas corresponden a fragmentos de balas disparadas por armas de fuego y fusiles de marca Galil fabricados en Israel”.

Pocos días antes de la matanza el Presidente Ronald Reagan visitó a Ríos Montt. Mientras tanto, de manera encubierta la CIA orquestaba la Operación Irán-Contra para vender armas a Irán a través de Israel. Con el dinero Reagan se saltaba las restricciones impuestas por el Congreso y financiaba la contrarrevolución en Nicaragua.

Durante su visita Reagan abrazó en público Rios Montt, de quien dijo que era un hombre de “una gran integridad personal” que quería mejorar la calidad de vida de los guatemaltecos y promover la justicia social. Naturalmente, el objetivo de Estados Unidos no era otro que llevar la democracia a Guatemala. 35 años después, en noviembre del año pasado, la jueza Claudette Domínguez opinó de manera distinta y abrió una causa contra Ríos Montt por la masacre de Dos Erres.

Uno de los 18 detenidos el año pasado es Benedicto Lucas García, antiguo jefe de Estado Mayor del ejército guatemalteco bajo la presidencia de su hermano Romeo. Sus subordinados le consideran un innovador en las nuevas técnicas de tortura para niños, pero él reservaba su admiración para el ejército israelí, cuyos soldados son “un modelo y un ejemplo para nosotros”.

En 1981 Benedicto Lucas García inauguró una escuela electrónica israelí para formar a militares guatemaltecos en las técnicas contrainsurgentes. En su primer año la escuela permitió a la policía secretra guatemalteca, el G-2, atacar 30 refugios de la Organización Revolucionaria del Pueblo en Armas.

El G-2 coordinaba las operaciones de limpieza, asesinato, desaparición y tortura de los movimientos insurgentes, aunque la colaboración israelí se extendió a las poblaciones que huían de la guerra sucia hacia Estados Unidos. Antes de que el muro de Trump se hiciera famoso, la empresa israelí de armamento Elbit firmó un contrato para construir 52 torres de vigilancia en las regiones fronterizas de Arizona, con u programa piloto de siete torres situadas en los valles que rodean Nogales.

La insurrección fue aplastada, pero Israel nunca se fue de Centroamérica. Actualmente colabora con el gobierno mexicano para cerrar la frontera sur de Chiapas de Guatemala y sus empresas dominan el mercado de la seguridad privada.

Uno de los consejeros militares israelíes reconvertidos en empresario de seguridad es Ohad Steinhart, propietario de la empresa “Decisión Ejecutiva” que tiene 300 pistoleros a sueldo, aunque la mayor es Golan Group, que también instruye a los policías de fronteras en México. Su nombre aparece en un juicio de 2014 iniciado por seis campesinos guatemaltecos y un estudiante que fueron heridos por los matones de dicha empresa durante una manifestación.

El ejército israelí tiene una base en Coban, donde sigue instruyendo a las tropas justo encima de las fosas comunes que ocultan cientos de cadáveres torturados y mutilados hace 35 años. La apertura de algunas fosas permitió el año pasado la detención de 14 militares, de los que ocho fueron detenidos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario