domingo, 15 de enero de 2017

Google no filtra las noticias falsas sino aquellas que el imperialismo trata de silenciar

En internet las noticias son como la horca: el ahorcado muere por la acción de su propio peso y en internet el propio usuario se engaña a sí mismo cuando instala un navegador Chrome, fabricado por Google, o cuando indaga a través del buscador del mismo nombre.

La mayor parte de los usuarios recurren a Google para buscar y tienen un navegador Chrome instalado en su ordenador, mecanismos ambos con los que se ponen la soga al cuello porque ninguno son instrumentos neutrales de información sino que forman parte de la manipulación.

Si el lector es de los que utiliza un navegador Chrome puede hacer la prueba instalando alguno de los “detectores de noticias falsas” y entrando luego en determinadas agencias de noticias, como Rusia Today, y verá que le salta una alarma, algo que no sucede si entra en la CNN.

A través de Chrome y su “detector” puede buscar en Google toda clase de noticias falsas sobre el “escándalo sexual” con el que los rusos chantajean a Trump y si pulsa el enlace comprobará que la alerta no salta nunca porque no censura noticias (verdaderas o falsas) sino sitios, es decir, que no cataloga a la noticia en sí misma sino por su fuente de procedencia (y las noticias de CNN siempre proceden de buena fuente).

No hará falta insistir en dos obviedades. La primera es que Google no alerta de las noticias falsas de la televisión, la radio, la prensa de papel o las ruedas de prensa. La segunda es que tampoco alerta de los silencios, es decir, no le avisa al usuario de que un determinado sitio se está callando algunas noticias que nunca le interesa publicar.

Google no detecta las noticias falsas gracias a ningún algoritmo o programa informático “objetivo”. Uno de los que ha elaborado un detector de noticias falsas para el navegador Chrome es el periodista Brian Feldman, del New York Magazine, que ni siquiera es informático, a pesar de lo cual lo logró en apenas una hora (1). La alerta es una aplicación de código abierto que se puede consultar en GitHub (2), donde cualquiera puede añadir sugerencias para empeorarlo aún más (si cabe).

Es como lo que hacen los padres para evitar que sus hijos menores tropiecen en internet con los sitios porno: hacen un listado de ellos. Lo mismo ocurre con las noticias falsas y la inquisidora que lo ha hecho para Google es una tipa que se llama Melissa Zimdar que asume el mismo papel que el Instituto para la Doctrina de la Fe en Roma: decir a los creyentes lo que pueden leer y lo que está prohibido.

Antiguamente en los libros que pasaban la censura, el Vaticano les ponía la etiqueta “nihil obstat” y ahora Google hace lo mismo, incluyendo en el índice de sitios prohibidos a las páginas partidistas, las satíricas, las rusas, las prorrusas... Lo mismo que la Inquisición, con el nuevo índice el 15 de noviembre Google inauguró una base de datos (2).

Cuando el internauta comete la equivocación de tropezar con uno de esos sitios prohibidos, le aparece un mensaje que dice lo siguiente:

¡Atención! Los artículos de esta página contienen probablemente informaciones inventadas, falsas o susceptibles de inducirle a error

Resultan enternecedores todos esos que tratan de impedir que cometamos errores (o más errores de los que solemos cometer a cada paso en nuestra vida). Pero si además de errores cometemos pecados, es decir, si creemos en lo que nos dicen los rusos u otros mentirosos compulsivos, el asunto es muy preocupante. En tal caso, el lector puede optar por una de estas dos opciones que le recomendamos:

a) acudir a la iglesia más cercana, confesar sus pecados, arrepentirse, pedirle al cura que le absuelva y rezar dos avemarías
b) acudir al siquiatra, tomar los somníferos que le recete y cuando despierte encienda la televisión y sintonice Tele 5


La segunda opción se explica de la siguiente manera: lo más probable es que el internauta sea un tipo morboso, o mórbido incluso, es decir, padezca ese trastorno que consiste en que basta que le prohiban algo para que lo incluya entre los sitios favoritos y quede permanentemente atrapado por la propaganda prorrusa.

El papel del siquiatra en estos casos, casi irrecuperables, consiste en lograr que, tras la correspondiente medicación, su paciente morboso colabore incluyendo en el índice de Google nuevas sugerencias, páginas erróneas, sitios mentirosos, informaciones dudosas y opiniones discutibles a fin de mejorarla y ampliarla.

(1) http://nymag.com/selectall/2016/11/heres-a-browser-extension-that-will-flag-fake-news-sites.html
(2) https://github.com/bfeldman/fake-site-alert
(3) https://docs.google.com/document/d/10eA5-mCZLSS4MQY5QGb5ewC3VAL6pLkT53V_81ZyitM/preview

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