domingo, 29 de enero de 2017

‘El dólar es nuestra moneda pero es vuestro problema’

Connally, secretario del Tesoro en 1971
Es un tópico repetido hasta la saciedad que la economía de Estados Unidos sobrevive gracias a una deuda gigantesca y a una financiación casi gratuita de la misma. Tampoco es nada novedoso mostrar las cifras de su crecimiento sin freno. Ahora habría que hablar ya de aceleración.

Estados Unidos es una economía parasitaria que vive gracias a una generosa ayuda exterior. Se mide en cifras billonarias. Si los tipos de interés de esa masa gigantesca de préstamos alcanzaran el promedio a largo plazo, el 5 por ciento, Estados Unidos debería pagar un billón de dólares cada año, sólo por los intereses.

Obama ha dejado la hacienda pública del país con un agujero de casi 20 billones de dólares. En ocho años ha crecido en 9,3 billones, una cifra que casi alcanza a la que acumulan todos los presidentes que le precedieron en el cargo desde los primeros tiempos de la independencia.

Mientras terceros países le presten dinero, el negocio podría continuar indefinidamente, pero algo está empezando a cambiar: en el último año los prestamistas se han desembarazado de más de 400.000 millones de papeles, lo que también es un registro histórico. Además, el rendimiento de los bonos del tesoro ha empezado a subir. Finalmente, si esta tendencia persiste, Trump no podrá implementar la nueva política económica que ha anunciado.

La política económica de Obama ha sido uno de los mayores desastres de las últimas décadas. Es el único presidente de Estados Unidos que no ha logrado incrementar ningún año el PIB por encima del 3 por ciento anual. Desde que Obama llegó a la Casa Blanca el número de personas que viven del reparto de ayuda pública alimentaria ha aumentado en 15 millones. Pero también es cierto que, de no ser por el endeudamiento, Estados Unidos padecería una espantosa depresión, mucho peor que la de 1929.

En estos casos conviene recordar siempre las palabras que en 1971 pronunció el antiguo Secretario del Tesoro estadounidense, John Connaly, cuando el sistema monetario internacional que Estados Unidos impuso al mundo en la posguerra se hundió: “El dólar es nuestra moneda pero es vuestro problema”.

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