lunes, 30 de enero de 2017

Al-Qaeda vuelve a cambiar de nombre en Siria

Primero fue Al-Qaeda, luego Jabhat Al-Nosra, luego Jabhat Fatah Al-Sham y ahora se llama Hayat Tahrir Al-Sham, que significa Agrupación para la Liberación de Levante.

Reagrupa a las milicias Harakat Nuredin Al-Zenki, Liwa Al-Haqq, Ansar Al-Din y Jaysh Al-Sunnah. Otro grupo, Jund Al-Aqsa, fueron los primeros en incorporarse.

No obstante, Jaysh Al-Sunnah ha desmentido a la cadena de televisión arabófona Al-Alam su integración, por lo que da la impresión de que en su seno se ha producido una escisión interna.

Desde el comienzo de la guerra en 2011, las divisiones y enfrentamientos internos entre los distintos grupos yihadistas ha sido uno de sus grandes problemas y todos los esfuerzos de los imperialistas, la CIA y el MI6, por reagruparlos en torno al denominado “ejército libre de Siria” han fracasado.

En el último año Al-Qaeda había insistido en la unidad como último recurso para acabar con el gobierno de Damasco, aunque los demás lamentaban que dicha unidad no era otra cosa que un intento de integración en Al-Qaeda, cuando se trataba de todo lo contrario: de disimular dicha integración.

Los esfuerzos camaleónicos de Al-Qaeda en Siria han conducido a algunas de sus unidades a integrarse en otros grupos más pequeños, e incluso a disolverse en ellos. Así se explican también sus continuos cambios de nombre, una operación respaldada por el MI6 británico, que ha creado el logotipo de la nueva organización (*).

Abu Jaber Hachem Al-Sheikh
Además del reagrupamiento dentro de Al-Qaeda, se ha producido otra convergencia de cinco grupos diferentes en Ahrar Al-Sham que, a su vez, ha padecido una escisión interna y una parte de la misma también se ha integrado en Al-Qaeda. De hecho la nueva organización estará dirigida por Abu Jaber Hachem Al-Sheikh, un sujeto con una historia típica de la Guerra de Siria.

Es ingeniero mecánico y combatió primero con Al-Qaeda en Irak bajo la dirección de Al-Zarqawi. Entre 2003 y 2005 se encargó de trasladar milicianos de Siria a Irak. El gobierno de Damasco le detuvo en y le condenó a 8 años de prisión, aunque el inicio de la Primavera Árabe logró su liberación haciéndole pasar por uno de esos presos políticos represaliados por Bashar Al-Assad.

Nada más salir de la cárcel, fundó su propia milicia en Alepo, donde había nacido, bautizada como Mussaab Ben Omair que primero se incorporó a Fajr Al-Sham y luego a Ahrar Al-Sham, donde ocupó el cargo de consejero de la “shura” o dirección. Tras el asesinato de Abu Jaled Al-Suri, el fundador de Ahrar Al-Sham, que también procedía de Al-Qaeda, se hizo cargo de la organización en Alepo y de toda ella desde 2014, cuando sus 45 dirigentes, la plana mayor, fueron ejecutados.

Es evidente, pues, que Jaber no hace otra cosa que volver a su lugar de origen, Al-Qaeda, y que su decisión ha supuesto una escisión interna, frente a quienes aceptaron intervenir en las negociaciones de Astana, como Labib Al-Nahhas, que también vuelve a su cuna. Este último, responsable de relaciones internacionales de Ahrar Al-Sham, es un británico, miembro del MI6 que viaja libremente por toda Europa y publicó hace año y medio una tribuna libre en el Washington Post, como recuerda Red Voltaire (*).

Dentro de la organización, Al-Nahhas parece ser partidario de mantener la cercanía de Ahrar Al-Sham con los imperialistas.

Hay otros predicadores salafistas que también se pasan a Al-Qaeda, como Abdel Razzak Al-Mahdi, Abu Yussef Al-Hamwi, Abu Al-Taher Al-Hamwi y Mosleh Al-Eliani. Además está el jeque saudí Abdullah Al-Muhaysini, antiguo dirigente de los “moderados” que ocuparon varios barrios del este de Alepo, donde este personaje presidía el Tribunal de la Sharia. Junto a él cambian a la nueva organización Abu Yusuf Muhajir, antiguo portavoz militar de Ahrar Al-Sham y Abu Saleh Tahan, antiguo número 2 de la misma organización.

Ahrar Al-Sham es un grupo terrorista financiado por Arabia saudí con importantes vínculos con el imperialismo británico. Inicialmente este grupo se comprometió a intervenir en las conversaciones de Astana, aunque a última hora se desvinculó de ellas con varios pretextos. Ahora se entiende que estaba en pleno proceso de escisión interna.

Al mismo tiempo la integración de todos esos grupos en Al-Qaeda se ha logrado a costa de una feroz guerra interna en la que grupos que se oponían a ella, como Jaysh Al-Muyahidin, vinculado al “ejército libre de Siria”, han sido completamente aniquilados, acusados de traición.

Otros grupos que intervinieron en la guerra bajo el patrocinio de Turquía corren el mismo riesgo, una vez que sus mentores en Ankara han virado hacia el acuerdo con el gobierno, lo que ha permitido finalmente la captura de Al-Bab y Wadi Barada que se ha producido en las últimas horas.

Hay que reconocer que el traslado de los yihadistas desde Alepo y otros frentes de combate a Idlib fue un acierto por parte del gobierno de Damasco, que conoce mejor que nadie que sus oponentes son una manada de buitres dispuestos a matarse entre sí por la carroña.

Tanto la unidad como el enfrentamiento interno son el preludio de la derrota de los yihadistas en Siria.

(*) http://www.voltairenet.org/article195118.html

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