jueves, 15 de diciembre de 2016

La Torre Eiffel de París apagó sus luces en memoria de la población de Alepo

Hay que tener a la población siempre en estado de máxima alerta; por un motivo u otro. Cuando París no padece un atentado yihadista, debe disfrutar de algo lo más parecido posible, como apagar por la noche las luces de la Torre Eiffel, uno de los emblemas del mundo.

El motivo es que todos debemos estar pendientes -porque quieren que lo estemos- de Oriente Medio, de la Guerra de Siria, del yihadismo, de los musulmanes... de lo que sea.

La alcaldesa de París, Ana Hidalgo, apela nuestras conciencias -las del mundo entero- para que no nos olvidemos que la población de Alepo, que hasta ahora era feliz bajo el dominio del Frente Al-Nosra, ha caído de nuevo en las zarpas de Bashar Al-Assad, lo cual es una catástrofe mundial.

“Es urgente reaccionar”, dijo la alcaldesa. “Hay que apelar a la comunidad internacional” porque quien sufre no son los yihadistas, que han perdido una plaza fuerte, sino “la población civil” que padece una situación “insoportable”. Ya ni siquiera hablan de la “oposición moderada”.

En su desesperada alocución, la alcaldesa dijo que la caída de Alepo está suponiendo “centenares de víctimas” y por eso las autoridades municipales quieren manifestar su apoyo, pero no al yihadismo sino a la “población civil”, que es la que realmente sufre.

Para dar ejemplo de apoyo humanitario, además de apagar anoche las luces de la Torre Eiffel, Hidalgo ha organizado el típico paripé mediático: hoy sale hacia Alepo una caravana de ayuda humanitaria con dos camiones repletos de material médico suministrado por la típica ONG con ganas de salir en la primera plana para recaudar donativos...

Como ven, con el tiempo los libros de historia dirán que la caída de Alepo estuvo a la altura de la caída del Imperio Romano. Marcará una época de la historia.


La sufrida población de Alepo vuelve a padecer la dictadura de Bashar Al-Assad

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