viernes, 16 de diciembre de 2016

El imperialismo francés desató el genocidio de Ruanda en 1994

El Presidente Habyarimana, asesinado en 1994
El miércoles el semanario satírico francés “Le Canard Enchaîné” publicó un reportaje justamente titulado “Los agujeros de memoria de Francia en Ruanda” en el que responsabiliza al espionaje galo (DRM y DGSE) del derribo del avión Falcon en el que viajaba el Presidente del país africano, Juvenal Habyarimana, que fue la señal de inicio del genocidio.

Si la información es cierta, la conclusión es que el imperialismo francés no sólo dirigió los asesinatos en masa cometidos en Ruanda hace 22 años, sino que los desencadenó, es decir, que su protagonismo en la matanza fue total.

El semanario publica las notas de las centrales francesas de espionaje en las que se describe la manera en que las fuerzas especiales derribaron el avión en el que viajaba el Presidente Habyarimana para desestabilizar al país de los Grandes Lagos.

Alguien ha escrito que fue un genocidio “llave en mano”. El imperialismo francés sostuvo económica, política y militarmente a los genocidas ruandeses antes y después de la gran masacre.

Los disparos de misil que derribaron el avión, apunta una nota fechada el 11 de abril de 1994, partieron del campamento militar de Kanombe, un feudo de los futuros genocidas. En dicho campamento estaba presente el cuerpo expedicionario francés, aunque la nota de la DRM (Dirección de Inteligencia Militar) de 27 de noviembre de 1995 que publica ahora la revista es mucho más concreta y habla de la “participación de los militares franceses en el atentado”.

Hace ya mucho tiempo que se sabía que el magnicidio cometido en Ruanda y el posterior río de sangre fue reponsabilidad del imperialismo francés. Así lo publicaron varios diarios, entre ellos el belga “Le Soir”. Ahora empezamos a averiguar los detalles concretos de un amplio operativo que tuvo que ser cuidadosamente planificado y ejecutado.

En tres meses 800.000 tutsis fueron asesinados, muchos de ellos en el interior de las iglesias, especialmente católicas, pero también protestantes. En ellas participaron varios sacerdotes y monjas, algunos de ellos condenados en firme por el Tribunal encargado de sancionar a los asesinos. Es el caso del pastor evangelista Elizaphan Ntakirutimana, el sacerdote Athanase Seromba y las monjas Gertrude y Kizito.

A lo largo de todo Ruanda, los tribunales locales (Gaccaca) han instruido dos millones de sumarios que muestran la penetración perversa de las religiones que impuso la colonización belga en las sociedades locales, donde el racismo tuvo un componente fundamental. Para imponer su dominio el colonialismo enfrentó a la mayoría hutu (85 por ciento) con la minoría tutsi (15 por ciento), considerada no sólo como “extranjera” sino como “inferior”.

No permitamos que ni Francia ni ninguna otra potencia imperialista padezca “agujeros de memoria”.

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