martes, 6 de diciembre de 2016

China e Irán se convierten en los próximos objetivos de los ataques del imperialismo estadounidense

Zarif, ministro iraní de Asuntos Exteriores
La política exterior de Estados Unidos en el Pacífico siempre ha sido la clave de bóveda de toda su política exterior y, por lo tanto, sirve para medir la dosis de cambios que Trump va a poner en marcha. Hasta ahora ha anunciado que no ratificará el Tratado Trans-Pacífico que, como ya hemos expuesto, se puede interpretar de varias formas posibles.

En todas esas distintas interpretaciones está presente China y la segunda acción de Trump, su contacto con el gobierno de Taipeh, lo ha vuelto a poner de manifiesto. Es una provocación directamente enfilada contra el gobierno de Pekín, que ya se ha puesto en marcha para contrarestar la política de Trump en Extremo Oriente, que se encamina hacia una desestabilización parecida a la de Oriente Medio.

La primera reacción de China ha sido ratificar el bloque con Rusia e Irán, votando contra la propuesta española en el Consejo de Seguridad de la ONU para imponer un alto el fuego en Alepo que impida la derrota de las fuerzas yihadistas.

La segunda ha sido una decidida declaración de apoyo a Irán en contra de Estados Unidos emitida ayer por el ministro chino de Asuntos Exteriores, Wang Yi: los cambios internos -ha dicho- no deben afectar a los acuerdos externos, en referencia a la discusión en el Senado de Estados Unidos de un nuevo paquete de sanciones contra el gobierno de Teherán.

Como es habitual, Estados Unidos no tiene en cuenta que en el acuerdo nuclear con Irán intervienen otras potencias, auténticos convidados de piedra. Su papel de garantes tenía por objeto -unico y exclusivo- vigilar a Irán, dejando a Estados Unidos con las manos libres.

El homólogo iraní, Mohammad Javad Zarif, estaba presente en Pekín en ese momento, por lo que la indirecta del gobierno chino no lo parecía tanto. Sin embargo, los más retorcidos, como nosotros, leemos entre líneas y sospechamos que es posible que Wang Yi aludiera al propio Tratado Trans-Pacífico para decirles a los vecinos asiáticos que Estados Unidos no es un aliado fiable, que sus decisiones dependen del inquilino de la Casa Blanca.

Por su parte, el iraní habló claro, una vez más porque Estados Unidos no le deja otra opción. Después de afirmar que Irán tiene el mismo punto de vista que China, Zarif aseguró que ellos no pueden admitir una violación unilateral del acuerdo nuclear. “Pero si una parte lo hace, Irán tiene sus propias opciones”, advirtió.

Desde la “revolución verde” de 1979, Irán ha venido manteniendo el mismo planteamiento erróneo que Rusia desde los tiempos de la URSS: siempre han creído que haciendo concesiones a Estados Unidos podían calmar su voracidad. El gobierno de Irán depuso a Ajmadineyad, un “duro”, para lograr el acuerdo nuclear y salir del ostracismo y el bloqueo.

No ha servido para nada; el Senado ha aprobado otro paquete de sanciones que durarán otros 10 años y Trump está dispuesto a ceder en Siria sólo para apretar las clavijas en Irán aún más.

En Teherán los distintos gobiernos han ido tejiendo pacientemente un largo recorrido lleno de concesiones para acabar en el mismo punto en el que habían empezado. Sus esfuerzos no han servido para nada.

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