sábado, 26 de noviembre de 2016

Siria es la clave del proyecto imperialista para dislocar Oriente Medio

Makram Khoury-Machool

El comportamiento del bloque anti-Siria, alineado con la OTAN, es ahora [2012] suficientemente evidente para entender mejor lo que está sucediendo. Por un lado tenemos operadores políticos tales como el grupo ad-hoc “Friends of Syria”, y, por el otro, dos personalidades árabes, ambos ministros de dos emiratos del Golfo.

El primer grupo incluye la los dirigentes de la OTAN, con un apenas disfrazado plan de Israel concebido por gente como Bernard Henry Lévy. Más que amigos de Siria, estos personajes están claramente trabajando para asegurar sus propios intereses financieros, dentro, fuera y a través de Siria. Los dos políticos árabes son los ministros de Exteriores de Arabia saudí y Qatar. Han declarado que las fuerzas que actúan violentamente contra el Estado sirio debieran ser armadas y financiadas. En pocas palabras, las reuniones de los denominados “Friends of Syria” son probablemente una “moderna” versión de aquellos encuentros dirigidos por el virrey Lord Curzon quien, en 1903, se dirigió a los “jefes de la Costa Árabe” a bordo del “HMS Argonaut” en Sarjah (Emiratos Árabes Unidos).

Los qataríes y los saudíes dan apoyo financiero a los “rebeldes” para armas, pagos a mercenarios y soldados y organización logística de los ataques en Siria. Todo ello añadido a su apoyo con telecomunicaciones, tácticas de combate y asesoramiento militar estratégico. Nada sorprendentemente, los consejeros militares occidentales, que operan para los grupos tras las bambalinas, no figuran en ningún medio. Los Estados vecinos también proporcionan ayuda geográfica a los grupos armados, con Jordania proporcionando el paso de mercenarios desde Libia, y Turquía actuando como la base militar del norte para las operaciones.

Turquía se ve comprometida por su deseo de alinearse con la línea saudita-suní, respaldada por la OTAN, y por su temor a que una Siria desmembrada llevaría a promover la autonomía kurda. En su visión, esto podría suponer la unión de los kurdos con los kurdos sirios e iraquíes y llevar a Turquía a una guerra civil y a la posible separación del Kurdistán de Turquía y a la creación de un Estado kurdo.

El sueño hegemónico de Israel

Por su parte, Israel ha planificado durante décadas, como parte de su estrategia para dominar el Oriente Medio y el Mediterráneo, debilitar Siria a fin de continuar su ocupación de los Altos del Golán, y controlar recursos hídricos. Esencialmente, Israel quiere ser la principal potencia económica y militar en la región y, efectivamente, del debilitamiento de Siria bien puede surgir como el principal ganador, aunque solo sea a corto plazo.

Mediante sus orquestadas campañas en medios durante décadas a su propio público, Israel ha construido un concepto de Siria como si fuera la mayor amenaza a su existencia en el mundo árabe. Razonablemente, el vacío gubernamental que pueda crearse en Siria puede ser llenado por grupos similares a Al-Qaeda, proporcionando suficiente justificación a las acciones de Israel (contra Siria, contra Irán) y apoyaría la idea de un conflicto entre un civilizado y democrático Israel y los salvajes islamistas.

Pese a las amplias diferencias entre Siria y Libia, el destino de la primera pudiera ser similar al libio en términos de intervenciones extranjeras directas, si Rusia y China no se opusieran firmemente a tales acciones en la Naciones Unidas, en donde se ha dado una cooperación consistente entre las dos. Pese a los orígenes de las relaciones chino-soviéticas se remontan a los días de la Revolución Socialista de 1917, parece que, incluso dos décadas después del desmantelamiento del bloque del Este, la Federación Rusa y la República de China están siguiendo, más que nunca, lo que Mao aconsejó en su discurso “Como ser un auténtico revolucionario”, el 23 de junio de 1950. En el mismo, Mao decía que en la esfera internacional “debemos unirnos firmemente con la Unión Soviética” (Obras Escogidas, Volumen V, página 39). La ideología compartida, la visión mundial, los intereses económicos y los intereses en el campo energético han unido a Rusia y China más aún respecto al conflicto sirio.

Qatar quiere desplazar a Rusia de los mercados petroleros

La producción mundial de petróleo está encabezada por Arabia saudí con Rusia en segundo lugar, Estados Unidos en tercero, seguidos de Irán y de China. En términos de reserva, encontramos que los primeros diez Estados son Venezuela, Arabia saudí, Canadá, Irán, Irak, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Rusia, Kazajstán y Libia. Rusia es el mayor productor de gas en el mundo, del que depende Europa. En producción mundial de gas, si excluimos Estados Unidos y Canadá debido a su distancia geográfica, Irán está en segundo lugar y Qatar el tercero. Por reservas Rusia es el número uno, con Irán y Qatar en cuarto lugar y Arabia saudí en sexto. Con la vecina Arabia como uno de los diez primeros productores de gas en el mundo, está clara la causa de que los intereses exportadores de Qatar y Arabia sean especialmente importantes, y estas listas debieran darnos una idea clara de las alianzas que han formado respecto al conflicto sirio.

Arabia saudí y Qatar (que, en diferentes circunstancias, hubieran sido un único Estado y aún pueden experimentar una reorganización geográfica) son sunnís, y ambos tienen intereses económicos. La codiciosa búsqueda de Qatar de contratos para el gas libio y suministros de petróleo explican su acuerdo con la OTAN para atacar Libia, su participación simbólica en los ataques aéreos y su apoyo a los rebeldes para establecer una presencia en los medios.

La meta de Qatar es exportar su gas a Europa, competir con los rusos y ganar importantes detalles políticos. Para que la exportación del gas qatarí a Europa sea factible y competitiva, debe existir un gaseoducto a través de Siria. Como veterano aliado de Rusia y con los precedentes de numerosos acuerdos que se remontan a la era de la URSS, es improbable que Siria que nada amenace la desestabilización de los intereses rusos en su último bastión estratégico en el mundo árabe. Esa es la principal razón por la que Qatar y Arabia saudí están apoyando la lucha de la oposición para derribar el gobierno sirio.

Siria se convierte rápidamente en una caja de Pandora, de la que regresan todas las crisis históricas de los últimos 120 años. Comienzan con la guerra ruso-turca de 1877-1888, la guerra ruso-japonesa de 1904, la Primera y la Segunda guerra mundial y la Guerra Fría. Normalmente, para que una superpotencia surja se tarda 2 ó 3 décadas. A Estados Unidos les llevó casi 25 años surgir como superpotencia, desde 1890 hasta el final de la Primera Guerra mundial. Tras la muerte de Lenin en 1924, la URSS era el enfermo de Europa. En 1945, tras la Segunda Guerra mundial y bajo Stalin, emergió como superpotencia. Tras Gorbachov, Rusia cesó de serlo y aparentemente la Guerra Fría terminó. En solo dos décadas, Putin ha puesto fin al sistema unipolar y un nuevo mundo bipolar está surgiendo, como si la Guerra Fría nunca hubiera terminado.

Un detenido examen del sistema político sirio revela que Bashar Al-Assad es, efectivamente, un reformista. Sin embargo en Siria, como en cualquier otro Estado, hay facciones inmersas en luchas de poder y estas y los necesarios procesos de socialización tardarán algún tiempo en mostrar sus resultados. Como Assad dijo, mientras firmar una nueva ley solo lleva un par de minutos, cuesta mucho más tiempo educar a la gente en la absorción y la participación en llevar a cabo los nuevos valores que las leyes albergan. Las descripciones de estas nuevas normas por parte de las élites dirigentes occidentales como si fueran algo que nace de los árboles es un acto definitivamente inmoral y falto de utilidad.

Siria era el último Estado árabe secular, socialmente cohesionado y basado en una total ideología secular. Pese a su entorno geopolítico volátil (Líbano, Turquía, Israel, Jordania e Irak), los ciudadanos sirios vivían de forma segura bajo su secularismo árabe. Siria incluye un especial tipo de pluralismo y multiculturalismo, combinado con una tolerancia religiosa y una existencia pluralista. Esto se demuestra por la coexistencia de una iglesia, una mezquita, un bar y la coexistencia igual de mujeres con o sin velo. De hecho, el proceso de reformas comenzado en Siria es más avanzado que cualquier otro proceso que haya tenido lugar en un país árabe. Incluye la eliminación de leyes de emergencia, implementación de leyes sobre partidos, elecciones, medios y la aprobación de una nueva Constitución que incluye la eliminación del artículo sobre el poder único del partido Baaz. Tales reformas son parte de de un auténtico proceso político que llevará tiempo. Sin embargo, este proceso de reformas ha sido total e intencionadamente saboteado por fuerzas que incluyen gobiernos occidentales actuando contra el Estado sirio. En las últimas décadas, y especialmente desde el 11-S, Occidente ha estado difundiendo la idea de que el terrorismo islamista amenaza su estilo de vida secular. Sin embargo, los sunníes, técnicamente la mayoría religiosa en Siria, contienen amplios segmentos que no son menos seculares que cualquier otra sociedad occidental.

De esta forma, pese al evidente derecho de los sirios a defender su forma de vida secular, el propósito del Oeste es desmantelar el Estado sirio, alterar la estructura de poder, y crear nuevas entidades demográficas tales como una confederación de los kurdos sirios e iraquíes, que en el momento actual es la pesadilla de Turquía. Otras áreas específicas podrían quedar despobladas, que serviría, como se ha hecho con los drusos, para repoblarlas con cristianos sirios y tal vez cristianos del Líbano. Otros cristianos podrían abandonar el Levante, igualmente. Los alauitas podrían disponer de otro Estado, ligado tal vez con Irán.

El plan consiste en destruir el moderno estado árabe de Siria, que surgió tras la Primera Guerra mundial y en la década de los 40, y, en donde sea posible, establecer nuevos Estados religiosos (similares al Estado judío de Israel). De esta forma, el poder árabe y, junto con él, la ideología panarabista de Michel Aflaq y Antun Sa’ade (ambos cristianos árabes) y de Nasser en Egipto, desaparecería. Este proceso comenzó cuando, en el Egipto bajo Sadat de 1978 y 1979, se firmó el tratado de paz con Israel, continuado por la destrucción del Líbano en 1982, la segunda intifada en 1987 y el asedio económico a Irak en 2003. Fue seguido de la toma del petróleo y gas de Libia en 2011. Por tanto, en orden a mantener la hegemonía de “US-Rael”, Occidente necesita alinear a los Estados a lo largo de líneas sectarias (sunníes contra chiítas) en vez de estar alineados sobre el panarabismo. Este proceso fue potenciado tras la ocupación de Irak y el derrumbamiento del partido Baaz.

En la práctica, lo que ahora está sucediendo en el mundo árabe es una “rectificación” del acuerdo Sykes-Picot de 1916, cuando las principales potencias coloniales, Gran Bretaña y Francia delimitaron las fronteras de los actuales estados árabes e instalaron sus propios agentes árabes. Estos planes neocoloniales en marcha incluyen medidas para constituir uno o más partidos árabes que luchen contra el régimen sirio y mantener esa lucha hasta la desmembración y fractura en dos o tres Estados, basados en criterios sectarios. Y de esa forma las élites coloniales pueden seguir apoderándose de riquezas porque, después de todo, la mentalidad imperial no ha cambiado en nada.

Los agentes del imperialismo sobre el terreno

Dado que las potencias occidentales no pueden conseguir esto por sí solas, necesitan agentes tales como Qatar en Libia y Arabia saudí, Qatar y otros en Siria. Estos agentes son las interesadas y antidemocráticas monarquías sunníes, que instrumentalizan el islam sunni para apoyar el fanatismo contra otros árabes, otros musulmanes y no musulmanes (cristianos, árabes, chiítas y drusos). Estos árabes con acceso a la élite económica global (por ejemplo, la familia real saudí y los qataríes con otras élites europeas y norteamericanas) son, con diferencia, las élites dirigentes en el Golfo de Arabia o bien sus protegidos. Ellos son los que introducen cuñas entre las diversas fracciones y magnifican y utilizan la jugada de la carta sunní con los sunníes turcos no árabes contra Siria. No es ninguna sorpresa que estuvieran confabulados con las potencias occidentales al servicio de Israel. De otra manera sería evidentemente difícil explicar que el régimen más autoritario del mundo Arabia saudí, esté actuando contra Siria intentando dar lecciones de democracia, algo en lo que Arabia saudí no está muy ducha.

Las campañas negativas y orientalistas contra Siria del pasado año [2011] con el respaldo financiero de algunos países del Golfo han oscurecido de forma consciente elementos definitorios, como su secularismo, algo con lo que las sociedades occidentales se sienten identificadas de forma natural. La importancia de la ideología ampliamente secular del Partido Baaz, que garantizaba como mínimo las libertades privadas, se ha mantenido oculta. A ello hay que añadir el hecho de que por ejemplo Daoud Rajhah, el ministro sirio de Defensa asesinado, era cristiano, como lo era el Dr. Nabil Zughaib, el recientemente asesinado, junto a su familia, director del programa sirio de misiles.

Los anteriores ejemplos de ocultación de hechos son razonablemente debidos a la alianza de Siria con Rusia, que es el lado “malo”. Esta relación entre Siria y Rusia lleva en curso cinco décadas. Además, Siria es la franja suave (alauíta/chiítas/seculares) entre los objetivos de la OTAN, el chiíta Irán y el chiíta Hezbollah en el Líbano. Mientras a los ojos cortoplacistas de Israel, el principal obstáculo para su dominación es Irán (así como Hezbollah, Siria, y anteriormente Hamas) Siria es ahora, por tanto, el objetivo. Por tanto, está siendo castigada, así que la totalidad de ese metafórico conjunto pudiera ser la disolución.

El papel de Hamas

¿Pero cuál es aquí lo relevante de Hamas? Hasta que ganaron democráticamente las elecciones de 2006 (casi dos años después del asesinato de Yaser Arafat), y un año más tarde organizara un golpe contra la Autoridad Palestina controlada por Fatah en la franja de Gaza, Hamas era un movimiento de resistencia apoyado por Irán, Damasco y Hezbollah. Si Irán es la “cabeza” metafórica y Hezbollah y Hamas las dos piernas, Siria ha sido el “vientre”, o el “corazón” y los “pulmones” de este cuerpo de resistencia. Pero desde que dirige la Franja de Gaza, ha cesado de ser un movimiento de resistencia y se ha institucionalizado. Aquí, Israel (y Sharon en particular) tuvieron una victoria táctica. Sin apenas coste, Israel se retiró de la Franja de Gaza, manteniéndola bajo asedio, atacándola a voluntad y dando las llaves a los prisioneros (Hamas) de la mayor prisión al aire libre de la tierra. Y todo esto sucedía sin que Hamas se diera cuenta de lo que estaba pasando. Tal vez algún pensamiento de que el nombre se endulzaría y, en vez de presión, pudiera ser “emirsón” (emirato/prisión).

En la primera mitad de 2012, los dirigentes de Hamas dejaron Damasco, en donde estaban sus cuarteles generales, y actualmente se mantienen discretos, evitando apoyar al gobierno sirio, un gobierno que los ha estado apoyando durante más de dos décadas. Con la victoria de los Hermanos Musulmanes en Túnez y Egipto, y su ascenso en Libia, Hamas parece ahora tener nuevos y poderosos patrones, en países en donde pueden actuar desde unas posiciones más poderosas. Los líderes de Hamas, tanto en la diáspora como en la Franja de Gaza, han sido invitados por el recientemente electo presidente de Egipto para unirse a los Hermanos Musulmanes (su organización nodriza) como iguales. Lo que hasta ayer parecía ser un movimiento de resistencia (aunque algunos aleguen que nunca fueron revolucionarios, al contrario que otras facciones palestinas izquierdistas, tales como el PFLP, el DFLP, etc.) forma ahora parte del tejido de una alianza musulmana sunní, que ha empezado a actuar bajo el ala de la OTAN.

A los orientalistas occidentales les gusta imaginar lo que necesita suceder para que sus intereses en Oriente se realicen. Comienzan etiquetando el mundo árabe como “Oriente Medio”, como si fuera sólo un marcador geográfico colocado solo con relación a donde ellos se encuentran. Para asegurar sus robos planeados, inventan términos para confundir y justificar sus acciones militares cubiertas y abiertas. Sin embargo, sus servicios de seguridad o inteligencia siempre fallan en las predicciones del mundo árabe, tales como la Intifada de 1987 y el golpe de Hamas en 2007. Pero sus élites superficial e ignorantes no dejan de fabricar nuevos nombres y procesos, el último de los cuales es bautizar a lo que empezó en Túnez como la “Primavera Árabe”.

Lo que sucede en algunos Estados y en el mundo árabe no es ninguna “primavera”: es un proceso reaccionario que rebotará, como Estados Unidos experimentaron en Afganistán, en donde crearon y apoyaron a los mismos yihadistas contra los que combatieron más tarde. Estados Unidos e Israel han estado intentando llegar a acuerdos con los islamistas en los gobiernos, de cara a controlar a las masas. No es la primera vez que los estrategas políticos han intentado usar la religión para evitar el caos y defender sus intereses económicos. Es similar a lo que Maquiavelo describió basándose en el relato del historiador romano Tito Livio Patavinus, del 59 AdC al 17 dC. (quien escribió libros sobre la fundación de Roma) cuando subtituló un capítulo así: “Como los Romanos emplearon la religión para reordenar la ciudad y ejecutar su proyecto para detener los tumultos”.

De la misma forma, las campañas contra Siria buscan convencer al público (la “plebe”) del temor a la religión en vez de la obediencia sus actuales líderes árabes. Es la causa de que, a pesar de las protestas censuradas en los tres reinos árabes (Arabia saudí, Marruecos y Jordania), el mundo difícilmente ha podido ver (a causa de la censura, el aislamiento y la falta de atención de los medios occidentales) ninguna protesta substancialmente comparada a las de las repúblicas árabes. Una de las causas era que no había nadie para promover campañas bien financiadas y pagar las amplias sumas requeridas. (Tal vez con la excepción de Bahrein, y la posible influencia de Irán). Sin embargo, nada garantiza que una campaña contrahegemónica no tuviera éxito en estas monarquías árabes).

La acumulación de capital en los Estados del Golfo

Tras derrotar al rival clan Al-Rashid en 1921, la familia Al-Saud tiene el poder en la mayoría de la península arábiga. Su importancia regional se debe también al control de los lugares sagrados de la Meca y Medina, y su uso y alianza con el wahabismo, así como sus recursos petrolíferos y minerales. Sin embargo, los factores religiosos y económicos son evidentemente complejos y entrelazados, y abarcan una amplia red social. Esta combinación puede expresarse en lo que yo llamo “La ética saudí, el billete espiritual”, algo parecido a las tesis de de la ética protestante de Weber, que estaba tras la cumulación de riqueza en la Europa del norte.

Mediante la acumulación de capital en los Estados del Golfo en los años 70 (controlados por los angloamericanos mediante tratados que llevaron a un amplio número de árabes a ser bien económicamente dependientes (mediante los empleos en el Golfo), bien espiritualmente dependientes mediante el control de medios árabes, el boom del petróleo creó una nueva estratificación social en el mundo árabe. Como resultado, algunas sociedades árabes han sido dependientes y han tenido que aceptar la autoridad de la familia saudí y sus clanes. Estas élites son parte de las élites económicas dueñas de mayoría de valiosos proyectos energéticos, activos y propiedad en Occidente, incluyendo Harrods, equipos de fútbol, propiedades en los Campos Elíseos y sociedades con Rupert Murdoch, por mencionar solamente unas pocas.

El reciente descubrimiento de que los árabes quieren libertad está principalmente favorecido por algunos medios informativos árabes y occidentales, que son en sí mismos extensiones de políticas que tienen sus propios objetivos económicos, estrategias y tácticas. Las campañas en los medios, dirigidas por neoconservadores capitalistas, sionistas tales como Bernard-Henri Levy, agresivamente al servicio de Israel y que tiene una fuerte afinidad con el judaísmo fundamentalista, tienen como único objetivo separar a los árabes de sus riquezas y recursos, mientras, al mismo tiempo, se les engaña.

Esto se consigue mediante la doble estrategia de fabricar narrativas separadas para dos segmentos separados de la población. Para el religioso, la corrupción está asociada con la ausencia de fe, mientras que para la nación islámica venden el sueño muy atractivo de libertad y justicia. Naturalmente, cada individuo interpretará esto de acuerdo con su propia educación, socialización, politización, normas y valores. Mientras todos pueden encontrarse en la calle, los islamistas creerán en las normas islámicas como solución, los liberales recordarán a Jean Jacques Rousseau, la “separación de poderes” de Montesquieu y la Revolución Francesa, los marxistas a la Revolución bolchevique de 1917 y la lucha de clases, y los maoístas la Revolución Cultural o el nasserismo (después de todo, cuando un grupo de oficiales egipcio armados dieron un golpe durante la revolución de 1952, Mao Tse-Tung declaró que “la lucha contra la corrupción y el derroche es un tema que atañe a todo el partido” (30 de noviembre de 1951), y por consiguiente encaja en la lucha contra la corrupción los regímenes árabes. Mientras, los que sueñan con Castro y Che Guevara montarán barricadas en las calles en un punto muerto de la lucha contra las fuerzas de seguridad estatales.

De hecho, todos estos valores son imposibles en el mundo árabe, y los liberal-sionistas lo saben. La realidad es que a causa del control social y de la manera en que las sociedades árabes han sido socializadas en el último siglo (incluyendo el impacto de la herencia colonial) y a causa de las riquezas el islam wahabí ha disfrutado de los ingresos petrolíferos, las otras ideologías, excepto la facción islámica, harán muy pocos progresos, excepto asegurar la victoria de los movimientos religiosos.

Ciertamente, el mundo árabe ha sido heterogéneo, si bien discretamente. La religión ha dominado incluso en estados como Jordania en donde durante décadas los islamistas controlaban la mayoría de las carreras académicas. Por ello en cada uno de los estados árabes que han tenido movilizaciones, y especialmente en Egipto, hay una fuerte lucha de poder en torno a la Constitución. Los Hermanos Musulmanes y los salafistas ganaron la mayoría de asientos en las elecciones parlamentarias, el primer presidente democráticamente elegido, Mursi (elegido solo por una cuarta parte de los ciudadanos), es miembro de los Hermanos Musulmanes. La mayoría de los poderes están trabajando en pro de la promulgación de una Constitución basada en una interpretación de la shariá. En su “Morfología del Estado”, Aristóteles sugiere que existe la necesidad de “considerar no solo que Constitución es la mejor, sino cuál es viable y más fácilmente accesible”. A los ojos de los fundamentalistas religiosos, estas leyes pueden ser las de la shariá, aunque ahora está funcionando una solución para las élites dirigentes occidentales.

Con sus intereses económicos asegurados mediante los medios controlados por las élites religiosas, se verán beneficiados a su vez por sus propios centros de poder social, económico y político, y un nuevo grupo de hombres de negocios surgirá de los círculos y las clases de las élites religiosas. Los grupos religiosos verán también aumentar su participación económica de forma paralela a su participación política. En la medida en que esto beneficia su lucha política, algunos lo verán como una práctica permitida, dentro o fuera del marco de la banca islámica. La división social, sin embargo, permanecerá o se ampliará, y la única diferencia será que los nombres han cambiado. En vez de un “Mubarak”, habrá otro (pero tal vez ahora con barba), y estos cambios aparentes simplemente mantendrán el control político.

Las poblaciones afectadas son aquellas que se conocen como “minorías”, principalmente árabes cristianos (alrededor de 30 millones en el mundo árabe), musulmanes seculares (sunníes y chiítas) y otros. En Egipto, Mohammad Zawahiri (hermano del dirigente de Al-Qaeda Ayman Zawahiri) ya ha declarado que los cristianos egipcios deberían pagar una tasa como “dhimmis” (infieles), o abandonar Egipto. Y si rehúsan, ha sugerido que sean obligados a ello.

Un ejemplo de movilización de la población a través de la religión en los medios ha sido el adoptado por el propio monarca saudí. Durante el Ramadán de 2012 Abdallah de Arabia saudí y su heredero lanzaron una campaña de financiación supuestamente en ayuda del pueblo sirio, como decía el slogan. Esta campaña estaba basada en las normas morales islámicas y en el sentido de comunidad, especialmente aquellos más destacados en el mes sagrado del Ramadán. Aunque vendía a su pueblo mensajes de comunidad y compasión, estas campañas tenían propósitos políticos locales y regionales. Una campaña similar que fuera lanzada por Siria en pro de la liberación de las mujeres saudíes, y la necesidad que tienen de conducir, es inimaginable.

Apropiadamente, los liberales goebbelsianos que se alinean con estos jeques han intentado hasta ahora engañar a parte de la opinión pública árabe, manufacturando un consenso contra el gobierno sirio, desviando a otros lugares el calor de sus propias “calles”. Aunque ellos mismos se adhieran a las creencias y normas más arcaicas respecto a la libertad y la democracia, instigan a las masas contra Siria que está, en términos de normas sociales como las libertades para la mujer, los derechos de las minorías religiosas, libertades personales e igualdad de oportunidades, mucho más cercana a los países occidentales liberales. De forma similar a como los regímenes árabes quisieran reunir su opinión pública en apoyo de los palestinos, los regímenes del Golfo están usando el falso argumento de que están en contra de la opresión de los sirios por parte de su propio gobierno para alinear a sus “calles” contra Siria. Y ello pese al hecho de que están a años luz de Siria en términos de libertad y democracia.

Los gobiernos occidentales no son partidarios de las democracias liberales en el Tercer Mundo. Tratan con aquellos gobiernos que ostentan los peores datos de derechos humanos, y solamente cuando esto supone un beneficio financiero para ellos. Como en julio de 2008, cuando Nicolas Sarkozy y el actual archienemigo de Siria, el Emir de Qatar, formaron con el liderazgo sirio la “Unión Mediterránea”, algunos gobiernos europeos pensaron que ellos también se beneficiarían económicamente de la crisis en el mundo árabe. Sucede especialmente cuando tienen el apoyo de los ricos países del Golfo, y creen que, de alguna manera, pueden disminuir la crisis económica a la que se enfrentan.

En algunas partes de Siria el personal de seguridad ha disminuido desde marzo de 2011, y el gobierno central no siempre se ha destacado por su conducta moral. Sin embargo, como parte de una estratégica campaña política, los medios están intencionadamente mintiendo sobre la situación en Siria. Instalan el miedo entre el público y simulan una exagerada preocupación por los daños y la pérdida de vidas. Así construyen una narrativa, que facilita y justifica el aumento de ayuda a los grupos armados, separatistas, terroristas y mercenarios. Los mismos medios describen al gobierno sirio como el único responsable de la violencia, cuando de hecho aquellos que reclutan, pagan y proporcionan armas a individuos fácilmente maleables, parados y necesitados son sus propios responsables.

La guerra sicológica contra Siria

Hay dos culpables principales del incremento en los daños: la mentira y el silenciamiento de cualquier voz opositora. Con sus aliados árabes, la OTAN desconectó la señal de la conexión por satélite del canal sirio Al-Dunia. Otras acciones de terror vía satélite probablemente incluyeron el pirateo por parte de la CIA de la cuenta en Twitter de Al-Dunia, para difundir desinformación sobre una falsa retirada del ejército sirio. El mismo satélite árabe que Siria ayudó a financiar tras la pérdida de la segunda parte de Palestina en 1967 está ahora siendo usado contra ella por los antiguos reinos del Golfo.

Este satélite se está empleando ahora en el conflicto sirio, pero contra Siria, extendiendo desinformación por parte de los canales propiedad de los países del Golfo, difundiendo miedo y pánico sobre la inestabilidad económica en Siria. Los medios se usan y manipulan como cobertura de la incitación al terrorismo de la oposición siria, y también para obtener ayuda económica. Son los mismos medios que presentan los blanqueados y “heroicos” logros de los rebeldes y, si es necesario, pintan las pérdidas que sufren como masacres.

De forma nítida, los medios occidentales y árabes solo disponen de una opción: tragarse desinformación de fuentes de escasa confianza, y que luego bombean al público. Las historias de masacres cometidas por el gobierno sirio son, a efectos de propaganda, justificaciones de intervenciones extranjeras, y la imagen dominante es la de un noble Occidente que viene a salvar una nación del Tercer Mundo incapaz, oprimida por la tiranía de un varón opresor y chauvinista. Eso exactamente lo que sucedió en Libia. Sin embargo, una minoría de los medios árabes se oponen al plan, y otra minoría están a medio camino. Los medios árabes están en su mayoría, directa o indirectamente, en las manos de los Estados del Golfo, en tanto que cualquier otro periodista o bien opera discretamente a sueldo de estas fuerzas o se ve totalmente vetado, y le resulta imposible captar las trágicas ramificaciones de lo que sucede en el mundo árabe. Los valores antibelicistas de la “Madre Coraje” de Bertolt Brecht no son precisamente los más preciados en los planes de algunos ricos Estados petrolíferos, porque esos valores pueden poner aún más al descubierto la dicotomía entre religión y guerra económica.

Fuente: https://www.deliberation.info/dismembering-the-arab-world/

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