sábado, 5 de noviembre de 2016

Los comunistas filipinos apoyan el alineamiento del gobierno de Duterte con China

Jose Maria Sison, dirigente comunista filipino
Hace unos días publicamos la noticia del giro que el Presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, ha dado al alineamiento internacional de su país. Ahora nos llega la información de que el Partido Comunista de Filipinas, a través de su Presidente Jose Maria Sison, apoya la ruptura del gobierno de su país con Estados Unidos.

Al mismo tiempo, como ya anunciamos en otra entrada, desde el 26 de agosto Duterte mantiene conversaciones en Oslo con el Frente Democrático Nacional y los comunistas filipinos para alcanzar un acuerdo con uno de los movimientos guerrilleros más veteranos, cuyo origen se remonta a casi medio siglo. Dichas conversaciones ya han conducido a un alto el fuego y la liberación de un primer grupo de 22 presos políticos comunistas y guerrilleros, de los 500 aproximadamente que permanecen recluidos en las prisiones. También hay un compromiso por parte del gobierno para proceder a una profunda reforma agraria, el reparto de tierras a los campesinos y un plan de desarrollo industrial.

Tras la liberación de los primeros 22 presos políticos, que actúan de consultores en las negociaciones de Oslo, el mes pasado se abrió una segunda fase de negociaciones que debe sacar de las cárceles a otros 200 presos más que se encuentran enfermos o son ya muy ancianos. De esa manera, si las previsiones se cumplen, en enero del año que viene se abrirá una tercera etapa de conversaciones con la proclamación de una amnistía general, que Duterte ya se ha comprometido a aprobar.

En un comunicado Sison afirma que el nuevo posicionamiento internacional del gobierno filipino ha animado a los comunistas a avanzar en el camino del acuerdo, ya que se trata de un país estrechamente sometido por Estados Unidos a lo largo de todo el siglo pasado. Incluso apunta que el Frente Democrático Nacional que dirigen los comunistas está dispuesto a formar parte de un “gobierno inclusivo de unidad nacional” que asegure la independencia del país, la reforma agraria, el desarrollo industrial y las reformas sociales.

A diferencia de las FARC en Colombia, indica Sison, la guerrilla filipina no admite ninguna clase de responsabilidad, ni política ni penal, por los 47 años de lucha armada, que imputan a los gobiernos precedentes, especialmente al de Aquino y Arroyo. De ahí que tampoco acepte la disolución de la guerrilla con las meras promesas de cambio.

Del gobierno de Duterte, advierte Sison, forman parte elementos vacilantes dispuestos a capitular ante el imperialismo y sostener la misma política económica seguida hasta ahora por los anteriores presidentes del país. Sin embargo, Duterte ha organizado el Movimiento por el Cambio (Kilusan sa Pagbabago) para reforzar las posiciones de los más progresistas y patriotas, lo que ha desatado una ola de entusiasmo popular.

Las movilizaciones en la calle muestran que amplios sectores populares aprueban el acercamiento de Filipinas al bloque internacional encabezado por China y Rusia, en contra de la hegemonía de Estados Unidos, una país que -como recuerda Sison- nunca se ha disculpado por el asesinato de 1,4 millones de filipinos entre 1899 y 1914.

“Las fuerzas revolucionarias y el pueblo en el seno de la alianza del Frente Democrático Nacional bajo la dirección del Partido Comunista de Filipinas continúan apoyando las declaraciones y los actos progresistas y patrióticos del gobierno de Duterte de hacer propuestas de reformas fundamentales y de impulsar a Duterte a confirmar por sus actos sus declaraciones generales contra el imperialismo americano y los oligarcas nacionales”, concluye el comunicado de Sison.

No obstante, para impedir el avance de este movimiento, desde Washington han puesto en marcha a sus sicarios de los medios de comunicación, que han lanzado un ataque brutal contra Duterte, incluidas amenazas de muerte. Es el inicio de una campaña de desestabilización al que seguirá el asesinato del nuevo Presidente y un golpe de Estado.

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