viernes, 18 de noviembre de 2016

La guerrilla antifascista en Getafe

Luis Arroyo

Getafe es uno de los pueblos industriales de Madrid de mayor historia revolucionaria. De allí salieron importantes dirigentes obreros de los años treinta, que durante la guerra civil participaban activamente en la defensa de Madrid. De la fábrica de construcciones aeronáuticas, actualmente CASA, salieron aviadores del Ejército Republicano, precisamente escogidos entre los mecánicos y los obreros de la factoria, alguno de los cuales estuvo entrenándose en la Unión Soviética.

Ellos fueron los que formaron luego el número fundamental de la aviación republicana. imponiéndose, incluso, a los aviadores profesionales alemanes e italianos que apoyaban a Franco.

De la tradición y fortaleza revolucionaria de los obreros de Getafe es buena prueba el que, tras la derrota republicana en 1939, donde la mayoría de los dirigentes antifascistas tuvieron que huir o fueron fusilados, se volviera a organizar de nuevo el Partido Comunista local en 1942, precisamente con los pocos obreros comunistas que consiguieron escapar en las cárceles y volver.

“En 1942 éramos sólo trece -nos explica uno de los supervivientes, que tiene ahora un pequeño taller de carpintería- pero en seguida conseguimos el apoyo de muchos más, prácticamente de todo el pueblo. Los nazis comenzaban a ceder ante la ofensiva de los pueblos antifascistas, sobre todo de la Unión Soviética, y eso animaba mucho a la gente. Cuando comenzó el año 1944, repartiamos más de tres mil periódicos comunistas entre otros tantos obreros y antifascistas que estaban ligados de alguna manera a nosotros. Habíamos triplicado la organización y en algunos sitios, como en CASA, el apoyo y la simpatía hacia el PCE era masiva”.

La propia policía tiene datos de que todo esto era verdad. Angel Ruiz Ayúcar -un ex-policía historiador- en su libro “El Partido Comunista. 37 años de clandestinidad”, dice del Comité Comarcal de Getafe: “Del desarrollo de la organización es indice la siguiente relación de radio y efectivos:

Radio número 1. Construcciones Aeronáuticas. 80 militantes.
Radio número 2. Leganés. 30 militantes.
Radio número 3. Telefunken. 16 militantes.
Radio número 4. Varias empresas. 20 militantes.
Radio número 5. Telma. 35 militantes.
Radio número 6. Ericson. 16 militantes.
Radio número 7. Móstoles. Se ignora.
Radio número 8. Varias empresas. Se ignora.

En total, 197 afiliados seguros a los que si añadimos 20 por cada uno de Radios restantes, suman 237 afiliados, de los que la tercera parte pertenecen a una sola empresa. Cada militante cotizaba 0,50 pesetas semanales. Una parte de la cotización iba al Comité Central”
.

La población laboral de Getafe y su comarca en aquellos años rondaba los nueve mil trabajadores, que trabajaban preferentemente en una serie de fábricas de gran tradición también en la zona: CASA, Telefunken, Ericson, Telma, Ildea, la fábrica de harina, etc.

La policía preocupada por el auge del Partido Comunista en la zona, desplazó desde Barcelona a un ex comisario político del Ejército Republicano que se había convertido en confidente de la policía, para la cual había estado trabajando desde entonces en la Ciudad Condal. Mucho antes de su traslado, la dirección política de Getafe había ya recibido un informe detallado sobre el ex comisario político Germán Alonso, lo cual demuestra la perfección con la que trabajaban los comunistas a esos niveles en aquellos días.

Como la policía consideró que Germán Alonso podría hacer un buen trabajo en Getafe, le trasladó dejando Barcelona, donde estaba ya “quemado”. Otro motivo para este traslado debió ser que el ex comisario político conocía a dos obreros que la policía consideraba podían estar relacionados con el Partido Comunista. A pesar de todos los cuidados con que actuaron los miembros de la organización comunista, más tarde se pudo deducir que Germán Alonso llegó a saber bastante más de lo que se suponían, “lo cual demuestra cierto mal trabajo de la dirección que no supo tomar verdaderas medidas”, según uno de los antiguos comunistas que dejó el partido cuando Santiago Carrillo fue nombrado Secretario General.

Uno de los temas que más preocupaban a los comunistas en aquellos años, era precisamente el de contrarrestar la acción de la policia. Abundaban los chivatos, y la vigilancia era tremenda. Para resolver el problema, tuvieron que montar un servicio de contraespionaje muy perfecto que les permitía conocer con anterioridad los movimientos de la policía. Por ejemplo, “en caso de una redada solíamos conocer más o menos cuando tendría lugar, de tal manera que durante unas semanas o días dejábamos bien limpias nuestras casas de propaganda e incluso a veces no íbamos a dormir”.

Entre 1942 y 1945 se llegaron a instalar en Getafe tres imprentas clandestinas para sacar la propaganda del Partido Comunista. Hay que tener en cuenta que entonces no existían las multicopistas actuales y los tipos y la impresión debían hacerse a mano. “La propaganda se daba casi siempre en mano a los simpatizantes o a las personas de confianza, muy pocas veces se tiraba por las calles. Únicamente en Madrid se hacía de vez en cuando ‘una siembra’. También nos fabricamos unos tampones de caucho para poner en las paredes la hoz y el martillo”.

A veces, la policia descubría algunos militantes, casi siempre por algún fallo en el reparto de propaganda. Así ocurrió en la fábrica de harinas, donde a un trabajador se le cayó del mono un periódico que le había pasado un miembro de la célula de la fábrica. El trabajador fue detenido y como consecuencia de ello, dos militantes fueron apresados. Uno de ellos era Leonardo Hervás, que formaba parte de la “troika” de dirección de la organización (el esquema entonces era de una dirección formada por tres miembros: responsable politico, responsable de agitación y responsable de propaganda). Fue un duro bache el que tuvo que superar el Partido Comunista de la zona a consecuencia de esta detención.

Durante el tiempo que duró, los militantes se veían exclusivamente en lugares abiertos y concurridos, como en la verbena, y se hablaban por señas. Pero Hervás, ni su compañero dijeron nada a la policía. Al cabo de cierto tiempo les pusieron en libertad, ya que no consiguieron demostrarles nada. A pesar de todo, se mantuvieron alejados de la organización, por si acaso la policía les utilizaba como cebo. Entonces, los interrogatorios eran muy duros y los detenidos podían estar semanas o meses enteros a disposición de la policia, si necesidad de que un juez se hiciera cargo de ellos bajo alguna acusación concreta.

Durante toda esta época, la principal preocupación de los comunistas de Getafe estaba en organizarse, crecer y tomar contactos con otras organizaciones del interior. El contacto con el exterior era prácticamente imposible. En realidad se actuaba autónomamente y siguiendo las experiencias aprendidas durante la guerra.

Fue a partir de 1945, cuando se reanudó el contacto con el exterior, con la dirección nacional y se constituyó el Comité Central local de la zona de Getafe. Algunos de los comunistas del cinturón industrial de Madrid, fueron enviados también a pueblos de La Mancha y de Castilla a organizar allí el Partido.

Hasta el momento de comenzar las guerrillas, el trabajo principal de los comunistas fue el sabotaje, sobre todo de los materiales de guerra para que la industria militar española no estuviese en condiciones de entrar en guerra al lado de Alemania e Italia. De hecho, durante un año se saboteó sistemáticamente la fabricación de los “Junker” en la factoría de CASA. El sabotaje consistía preferentemente en arrojar trozos de cristal en los hornos de la fundición, con lo que el cristal quedaba adherido al acero y éste se partía al llegar al torno.

La guerrilla comienza a actuar


Al constituirse el Ejército Guerrillero de Extremadura-Centro, a finales de 1944, el Comité de Getafe del PCE, junto con el Comité de la Unión Nacional donde se agrupaban las fuerzas antifascistas, apoyó la formación de un grupo guerrillero de ciudad -antecedentes de las guerrillas urbanas- coordinado con el núcleo central de Madrid, que entonces mandaba Vitini Flores. A las guerrillas urbanas se las llamaba entonces “cazadores de la ciudad”.

Como responsable directo de los “cazadores de Getafe” fue nombrado José Camacho Díaz. que había sido responsable de agitación del Comité Comunista de Getafe, de 32 años y natural de El Gordo (Cáceres), desde donde habia emigrado a Madrid. Poco después fue sustituido por Francisco Gascó Santillana, “Berenjena”, un obrero mecánico de 45 años, natural de Getafe, que sería el que dirigiera la mayor parte de las acciones armadas de esta guerrilla.

La guerrilla de Getafe tenía dos importantes misiones: sabotear la línea férrea Extremadura-Madrid a su paso por la zona, y facilitar el aprovisionamiento de bombas al Ejército Guerrillero del Centro. En aquellos años, la falta de material adecuado para la fabricación de bombas era bastante acuciante. La dinamita se consiguió a través de los antifascistas presos que trabajaban en los destacamentos de penados como el de Valdemancos, donde construían la línea férrea Madrid-Burgos. o en otros lugares donde levantaban presas. Un perfecto servicio de espionaje y de audacia de los presos políticos, conseguían sustraer la dinamita necesaria para las bombas.

Pero hacía falta el material para la carcasa y los detonadores. Este material se consiguió fundamentalmente a través de los obreros de CASA y procedía del aluminio y de otros materiales que se utilizaban allí para construir el avión “Junker” de las fuerzas aéreas españolas.

Las bombas que los obreros fabricaban con el material de los aviones salía clandestinamente de la fábrica e iban a parar a una tienda de zapatos -entonces era de alpargatas- muy conocida en Getafe: “La tienda de Gomas de Meseguer”, que ya ha desaparecido. Allí trabajaba como dependienta la novia de un militante comunista, y era ella la encargada de entregar las bombas a los enlaces de la guerrilla. Uno de éstos entraba en la tienda y fingía comprar unas alpargatas de tal color y de tal número, al mismo tiempo que daba la contraseña. La dependienta le entregaba entonces una caja de zapatos que contenía una o dos bombas.

La policía detectó la aparición de estas bombas en las explosiones que destruyeron por entonces a la Delegación de la Falange del distrito de Chamberí y una vivienda de un falangista en la calle de Fuencarral. Y precisamente, siguiendo con el hilo del material utilizado para hacer las bombas, que sólo existía entonces en Getafe y en Cuatro Vientos, fue como la policía consiguió detener a varios guerrilleros, entre ellos a “Berenjena”, que fue fusilado.

La última operación de los “cazadores de Getafe” falló por poco. Se les había encargado sabotear la línea férrea en el momento que se esperaba el paso de un canvoy militar que llevaba armamento y soldados a los Pirineos, donde el fascismo español temía se recrudeciese la lucha guerrillera. La bomba mal colocada, cayó en medio de las vías sin llegar a estallar siendo localizada, intacta. por los servicios de vigilancia de la RENFE. Ello permitió a la policía localizar exactamente la procedencia del material.

La represión que siguió en CASA fue tremenda y bestial, a pesar de lo cual la mayoría de los militantes consiguieron ponerse a salvo. Cientos de trabajadores de CASA fueron torturados y uno de ellos, Morales, un maestro industrial, murió en la cárcel a consecuencia de los golpes recibidos. Otro comunista, Farinas, murió durante los interrogatorios y Lucas y Alfonso, en la cárcel. Varios más que fueron condenados a treinta años de cárcel por el “célebre” coronel Aymerit que dirigía los tribunales terroristas, estuvieron encarcelados hasta el año 1962.

La epopeya de los comunistas de Getafe, es recordada aún por gran parte de sus habitantes que vivieron aquella época. Al igual que recuerdan a las escuadras falangistas que rapaban el pelo a las pobres mujeres de los antifascistas huidos o encarcelados, y que en seguida comenzaron a especular con el suelo y con el desarrollo monstruoso de la ciudad, que en los años setenta tiene ya más de cien mil habitantes y sigue siendo el principal núcleo industrial de Madrid.

Fuente: Crash, mayo de 1978, pgs.20 a 22.

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