miércoles, 16 de noviembre de 2016

El ocaso definitivo del imperialismo estadounidense

Darío Herchhoren

El ocaso es el tiempo -breve- en que el sol se pone, hasta que aparece nuevamente en un nuevo día. El sol sale por el este y se pone por el oeste. Pero los imperios cuando entran en el ocaso, es para siempre. No existe en la mecánica imperial un nuevo día. El ocaso es ya definitivo; no tiene vuelta atrás.

En la historia de la humanidad no existe conocimiento de que algún imperio sobre la tierra haya logrado luego salir de su ocaso volver a ocupar el lugar que tenía antes de su definitiva desaparición. Esto es lo que está pasando ahora con la caída definitiva del imperio USA; no hay red que lo salve como ocurre con los trapecistas de los circos, que a veces se caen y que gracias a la red salvan sus vidas.

Hay signos evidentes de que el imperio USA ha perdido su poder hegemónico. Como dijo alguna vez Slavoj Zizek, filósofo esloveno, vivimos tiempos interesantes. Hay que señalar algunos hechos trascendentes que han empujado al imperio al abismo, a saber: la creación de los BRICS; la aparición del grupo de Shangai; la creación del Banco de Desarrollo Euroasiático; la alianza estratégica de Rusia y China; el uso de las monedas nacionales de Rusia, China y Arabia en sus transacciones sin pasar por el dólar; el triunfo de Trump en las eleccioines; y un hecho nuevo e impensable la reunión efectuada hace dos días entre los ministros de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) en Sochi con el ministro ruso de exteriores Lavrov, donde se echaron las bases de una colaboración entre todos los reunidos y la declaración de Lavrov de que Rusia apuesta por una CELAC fuerte y estable. Nadie en su sano juicio hubiera apostado por una reunió así hace apenas diez años, porque el imperio lo hubiera torpedeado.

Desde hace más de 65 años vengo militando en diversos movimientos de izquierda, y siempre pensé que no vería llegar el momento en que el imperio USA cayera para siempre, como una necesidad de salud pública. Sin embargo y suerte para mí estoy asistiendo a ese momento tan ansiado por tantos millones de hombres y mujeres de la humanidad entera. Recordemos que los revolucionarios franceses de 1789 llamaron Comité de Salud Pública al que se encargaba de utilizar la guillotina para cortar las cabezas de la nobleza y sus servidores. El nombre es realmente sugerente.

Cuando los imperialistas fueron derrotados en Vietnam; muchos de los jóvenes que deseábamos ese momento pensamos equivocadamente que el imperio se acabaría pronto. No fue así, y desgraciadamente fueron necesarios unos cuantos millones de muertos más para que ese día llegara.

La existencia y ahora la inexistencia del bloque socialista, nos hizo pensar que el imperio realmente iba a tener larga vida. Tampoco fue así, y hoy asistimos al grandioso espectáculo de su ocaso. Ya no puede sostener tantas guerras y se trata de un león sin dientes. Como dijo en su momento Mao Zedong, el imperialismo es un tigre de papel; y como Mao era chino aplicó su proverbial paciencia de chino hasta que el día llegó. Entre el momento de las palabras de Mao, y el día de hoy han transcurrido al menos 60 años. El imperio está en guerra en algún lugar del mundo des de el fin de la última guerra en 1945. No conoció ni un solo día de paz.

Lo curioso de todo esto es la alarma que está cundiendo, ya cercana al pánico entre los lacayos  del imperio que ven que “su señor” entra en un tirabuzón mortal de necesidad. ¿Que van a hacer ahora sin el amo? Posiblemente algunos elegirán hundirse con él. Otros en cambio atendiendo al instinto de conservación buscarán acomodo junto a los nuevos actores; pero el mundo se ha hecho multipolar, y hay ya muchos “amos” a los que servir. En el mundo ya no habrá una potencia hegemónica que dicte las normas. Es posible que estemos ante el umbral de un tiempo donde los pueblos emprendan un camino de liberación, al menos de los grandes amos. Nos queda ahora liquidar a los pequeños. Pero eso parece que será más fácil.

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