domingo, 13 de noviembre de 2016

El Almirante Kuznetsov obliga a negociar a los terroristas de Al-Nosra atrincherados en Alepo

La presencia del superportaviones ruso Almirante Kuznetsov en Siria ha forzado a los terroristas de Alepo para iniciar conversaciones de paz, según ha informado el periódico ruso Izvestia de fuentes de la inteligencia militar siria.

La milicia terrorista que se ha atrincherado en Alepo está dispuesta a iniciar negociaciones de paz debido a la aproximación a las costas del país de un portaviones con capacidad para lanzar ataques con misiles guiados.

El periódico asegura que los salafistas “se asustaron” por la presencia del grupo de combate de la flota rusa en el Mediterráneo oriental dispuesta a triturar las posiciones de Al-Nosra con los misiles de crucero Kalibr-NK, instalados en varios de los buques.

A pesar de que las Fuerzas Aéreas de Rusia y Siria suspendieron sus ataques a las posiciones yihadistas en la ciudad, “se podría constatar que los terroristas están seriamente desmoralizados” y buscan maneras de salvarse, señala Izvestia.

Por su parte, el politólogo sirio Hasan Hasan estima que Al-Nosra empieza a negociar porque occidente “es consciente de su incapacidad para apoyar a sus ‘protegidos’”.

El Almirante Kuznetsov es el buque insignia de la flota rusa, heredero de la soviética que durante décadas hizo frente a lo largo de todos los océanos a la US Navy. Fue construido en los astilleros ucranianos de Nikolayev y botado en 1985. En noviembre de 1989 comenzó sus pruebas de mar. Aunque tiene muchos años, sigue siendo uno de los más potentes del mundo.

Ha tenido muchos nombres. Nació como Riga, luego fue rebautizado como Leonid Brezhnev, después Tiblisi y desde octubre de 1990 el actual. Es un buque gigantesco. Desplaza más de 60.000 toneladas a plena carga, es capaz de alcanzar 32 nudos de velocidad y lleva una tripulación de casi 2.000 marinos. Su cubierta de vuelo tiene 305 metros de eslora, apenas 33 metros menos que un clase Nimitz, y 72 metros de anchura frente a los 77 de máximo en los portaviones estadounidenses. Cuenta con dos ascensores para aeronaves; la pista de despegue tiene una rampa de lanzamiento de 12 grados que facilita los despegues.

“Su actual misión ha causado irritación y un gran despliegue informativo en los países de la OTAN”, reconoce El Confidencial. En su periplo ha partido de su base cerca de Mursmank, en el ártico, ha rodeado Noruega y se ha internado en el Canal de la Mancha para cruzar frente a las costas francesas y después españolas y portuguesas para embocar el Estrecho de Gibraltar, siempre en aguas internacionales donde tiene todo el derecho de tránsito pacífico. Escoltado por dos fragatas antisubmarinas, el crucero pesado Pedro el Grande y un remolcador de altura (además de, probablemente, uno o varios submarinos) la flota rusa tenía previsto repostar y reavituallarse en Ceuta, puerto no incluido bajo el paraguas OTAN, para dirigirse a la base naval siria de Tartus.

A diferencia de los portaviones estadounidenses, los soviéticos no se diseñaron para proyectar capacidad de ataque sino para crear bastiones o áreas de los océanos seguras para la patrulla de submarinos nucleares armados con misiles balísticos (SSBN). Su misión era actuar como centro de fuerzas antisubmarinas y contrabuque para asegurar que nada amenazara a los SSBN. De modo que a diferencia de sus contrapartes de otros países, los portaviones soviéticos estaban fuertemente armados con potentes misiles antibuque (como los supersónicos P-700 Granit en el caso del Kuznetsov) y sistemas antiaéreos.

Aparte de los misiles Granit, su principal capacidad ofensiva son sus aviones Su-33. Se trata de cazas pesados, más grandes aún que los F-14 Tomcat retirados ya por la marina estadounidense, y están diseñados sobre todo como interceptores y para disparar misiles antibuque. Son “temibles en combate próximo”, dice El Confidencial, y “cuentan con un alcance de 3.000 kilómetros”.


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