domingo, 30 de octubre de 2016

Risas y chuflas en el ‘hemicirco’

Bianchi

Sometido por prescripción facultativa a severas dosis de masoquismo, he visto la sesión de investidura, jueves a la mañana, de la que haré muy breves pinceladas sin sacar ninguna conclusión pues ya va en el título.

Se ha visto a un Rajoy pelín inusual y hasta sobrado sabedor de que la partida la tiene ganada y el árbitro está comprado, y de ahí que se ha permitido el lujo de emplear sorna e ironías, limitadísimas ambas, no hay categoría, que ha reído su bancada, pero también a quien iban dirigidas: Pablo Iglesias, que también reía, ya digo, que no se diga que carece de sentido del humor, síntoma de inteligencia. Podía haber dicho: “mire usted, señor Rajoy, no he venido aquí para reír gracietas, pero encajo sus sarcasmos porque soy un tío inteligente”, pero no dijo esto porque está en el Parlamento español (dos o tres veces hizo alusión a su fe patriótica y orgullo de ser español, por si había alguna duda de que, primero, español, y luego, de izquierdas y tal y tal...) Y como se supone que es de “izquierdas”, ¿pues qué hace o dice? Reinventar continuamente la “democracia” recordando -como si hubiera muchas dudas o temeroso de que la gente se chotee- las libertades de manifestación, expresión (iba por el “Rodead el Congreso” del sábado -día de la investidura definitiva- que no paran de decir que no lo han organizado ellos, pero que les parece un “sano ejercicio de libertad”, o sea, reinventando la democracia esta de pacotilla, como digo, o como dijera aquel “qué tiempos estos en que hay que recordar lo evidente”, que vivimos en democracia y en un Estado de Derecho y blablablá...) y, claro, queda como dios, como el campeón de las libertades y medio caudillo del pueblo, perdón, “la gente”.  Estos “crisóstomos” (“picos de oro” en griego) son buenos en estos lances, como lo era Trotsky arengando a las masas y por eso le quería Lenin hasta que le mandó a tomar por el orto y Stalin por el saco.

En un momento dado, lo que demostraría la solidez de esta democracia, Iglesias le dice a Mariano: “podría darse el caso de que un día, usted, señor Rajoy, perdiera las elecciones generales y las ganáramos nosotros... ¡¡¡ “Y NO PASARÍA NADA” !!! (admirativas, comillas, mayúsculas y negrita mías). Y si pasa, se le saluda, añado yo. Aquí la clave de bóveda. ¿Que es una forma de hablar, me dirán? Hummmm, no sé, no sé... Acabo con dos codas: el “chou” (show) ha sido protagonizado por dos “starrings” zurrándose unos “zascas”, como se dice ahora, pero con risas, colegueo casi, y muy deportivamente, que diría Ortega y Gasset. Protagonismo, pues, de ambos “toreros” merendándose y pasando por encima de la patética intervención del psoísta “Judas” Hernando, hasta ayer adalid del “no es no”, señor Rajoy, y hoy liderando la abstención que permite a Mariano gobernar. “Judas” decimos respecto a Pedro Sánchez -o Bruto apuñalando, no sólo él, a Julio César, pero ya quisieran estos liliputienses llegar a la suela de la sandalia de esos egregios romanos- que no ha aplaudido en ningún momento -cada cinco minutos la bancada psoecialista interrumpía el cante en el ansia de Hernando- al portavoz del PsoE. Sólo lo hizo -aplaudir- al final de su intervención, levantándose dos segundos de su escaño y volver a sentarse para anotar algo en su libreta que le servía para hacerse el loco.  Un detalle significativo -el no aplaudir mientras un Madina, por ejemplo, se desgañitaba- que nos hace apostar -después de su enigmático “el sábado será otro día”- porque Sánchez volvió a decir “no” por segunda vez el sábado. Morir matando, y es que, haga lo que haga, le van a moler igual desde todos los sitios, ángulos y antenas. Aunque igual es masoca como yo y se abstiene gozando con la azotaina por haber sido un niño malo y travieso.

Buenas tardes.

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