jueves, 15 de septiembre de 2016

Portugal es el siguiente desastre financiero de la eurozona

En las últimas dos semanas, la palabra “rescate” -nunca mentada por miembros del Gobierno- está saliendo a la luz pública con inusitada frecuencia en Portugal. El primer aviso fue del banco alemán Commerzbank, un habitual a la hora de lanzar análisis dramáticos sobre Portugal -el primero fue en 2013-, pero le siguió Financial Times con un artículo de opinión donde se decía que el país está “en el centro de una tempestad perfecta de crecimiento débil, caída de la inversión, baja competitividad, déficit presupuestarios constantes y un sector bancario subcapitalizado que tiene mucha de la estratosférica deuda del Estado”.

La coincidencia de los avisos desde Berlín, Londres y Bruselas no es inocente, según fuentes socialistas. Personas cercanas al primer ministro Antonio Costa interpretan que, tras el derrape del Brexit, la Comisión Europea trata de enviar a los países del sur un mensaje para que cumplan sus compromisos; y Portugal es el eslabón más débil. El presupuesto que presentará en Bruselas el 15 de octubre, así como las cifras de crecimiento del segundo semestre, será determinante para acallar, o no, a los anuncios agoreros. Bruselas no ve riesgo inminente de rescate. Pero sí ve serias dificultades en el sistema bancario. Teme que las cuentas públicas de este año sean peor de lo previsto, y que el Presupuesto de 2017 no se atenga a lo que exige la Comisión.

La prima de riesgo va al alza -a diferencia del resto de países de Europa, España incluida- y está ya en 315 puntos, 200 puntos más que la española; los tipos de interés de la deuda pública a 10 años están en el 3,2% (1,1% en España, 1,3% en Italia). El futuro de Portugal, rescate o no, dependerá de que una agencia canadiense de ratings, DBRS, califique o no su deuda como “basura” el mes próximo. Es la única agencia de las cuatro grandes que aún otorga a la deuda portuguesa el grado de inversión, lo que permite que el Banco Central Europeo siga comprando bonos. El 21 de octubre el oráculo DBRS emitirá un nuevo pronóstico. Si baja el pulgar, Lisboa podría quedarse inmediatamente sin acceso a la liquidez en el mercado.

Lisboa debería cumplir a rajatabla con las netas de 2016 y presentar un presupuesto austero para 2017 después de haberse librado por los pelos de una multa en julio; el Ejecutivo planea poco más o menos lo contrario: desandar parte del camino de las reformas y devolver parte de las ayudas retiradas a los portugueses. Incluso está sobre la mesa una subida de las pensiones. Bruselas cree que Portugal no puede permitirse nada de eso. Y que el escaso margen de liquidez que tiene será para Caixa Geral y quizá también para Novobanco, que no termina de encontrar comprador.

“El proyecto de presupuestos está por encima de las posibilidades de lo que puede permitirse Portugal en este momento. Es como si Lisboa creyera que ha ganado la batalla al librarse de la multa y ahora no está obligada a presentar unas cuentas serias. Puede haber problemas”, explican las fuentes consultadas. “Hay que encontrar un comprador para Novobanco, que en el mejor de los casos ofrecerá 0 euros. Y sobre todo hay que ver cómo el Gobierno resuelve el problema de Caixa Geral, con las limitaciones que ha impuesto Competencia”, añaden fuentes comunitarias. Competencia permite una inyección de hasta 2.600 millones de euros en condiciones de mercado, y 1.000 millones adicionales en forma  de capital híbrido, además de un plan de reestructuración.

“Después de estabilizar las cuentas, toca crecer”, ha manifestado el siempre optimista presidente del país, Marcelo Rebelo de Sousa. Crecimiento e inversión son los dos elementos que no cuadran de momento en las previsiones del Gobierno. El objetivo del año del Gobierno era crecer un 1,8% y en el segundo trimestre apenas se creció el 0,2%; muy probablemente se crecerá menos del 1,5% del pasado año, aún con todas las medidas de austeridad implantadas.

Hace dos años que la troika salió de Portugal, tras un plan de rescate de 78.000 millones de euros. Hace menos de un año que el Ejecutivo conservador fue sustituido por uno socialista, apoyado en el parlamento por los eurófobos del Bloco de Esquerda y el PC. El socialista Costa y el presidente conservador Rebelo de Sousa se han empeñado en transmitir a las instituciones internacionales una imagen de tranquilidad en medio del recelo. El baile es ya constante: Marketwatch apuesta por Portugal como siguiente desastre económico de la eurozona y la agencia Moody’s, este martes anuncia que Portugal va a incumplir su presupuesto pero que el riesgo de rescate es “bajo” porque su situación de liquidez es “confortable” hasta final de año.

Mientras, el ministro de Finanzas, Mario Centeno, asegura en todas las plateas internacionales que Portugal cumplirá y que continuará con las reformas estructurales. “Tenemos un programa muy ambicioso para ayudar a capitalizar a las empresas y estamos estabilizando el sistema financiero, crucial para la inversión y el crecimiento”. Tras la colocación del Banif al Santander y la ayuda pública al Caixa Geral, falta por vender Novo Banco.

El optimismo del Gobierno no arrastra a la oposición del PSD y CDS, que lleva anunciando el apocalipsis desde que perdió el poder, hace diez meses. “Dudo que el déficit baje del 3%”, ha declarado la ex ministra de Finanzas, Maria Luis Albuquerque. “El déficit del año estará confortablemente por debajo del 2,5%”, ha anunciado el primer ministro, Antonio Costa. Si eso ocurre, sería la primera vez que un Gobierno portugués cumple su compromiso con la CE, que exige un 2,8%.

Pero la oposición, el centro derecha de Passos y Cristas, alerta que ahora el problema es la deuda, no el déficit. El objetivo del Gobierno es acabar 2016 con una deuda del 124,8% del PIB, pero ha subido al 131,6% del PIB, en los puestos de cabeza de toda Europa y con un crecimiento anémico. Además, en un año, la deuda en manos de la banca portuguesa ha subido cinco puntos (del 20% al 25%).

El Gobierno resalta que el paro ha bajado al 11,1% y la oposición que la inversión se ha hundido. Junto con el pobre crecimiento y la deuda creciente, la falta de inversión extranjera es el gran fallo de las previsiones gubernamentales. “No solo no han subido”, señala la exministra Albuquerque, “sino que han caído un 3% cuando el pasado año había subido un 5%”.

Fuente: http://economia.elpais.com/economia/2016/09/13/actualidad/1473757473_791339.html

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