jueves, 15 de septiembre de 2016

La caída de los dioses

Darío Herchhoren

Tomo prestado el título de la película homónima para titular a su vez este artículo. En esa película; la cual recomiendo vivamente ver, se narra magistralmente el ascenso y posterior caída de una familia perteneciente a la vieja aristocracia alemana (posiblemente los Krupp), que formaban parte del particular olimpo donde suelen habitar los que ostentan el poder real.

Muestra también, como el más perverso y cruel de sus miembros, que formaba parte de las temidas SS, se queda con todo, destruyendo sin piedad a todos los demás.

Pero quiero referirme a otros dioses, no menos perversos y crueles que los anteriores. Al finalizar la segunda guerra mundial Europa y la URSS estaban totalmente devastadas, y los USA emergían como la gran potencia militar y económica que ejercía una hegemonía mundial.

Sin embargo y sin dejar de ser cierto lo anterior, la URSS iniciaba su reconstrucción y el ejército rojo ocupaba toda Europa oriental, dando nacimiento a las democracias populares.

Con el fin de “ayudar” a la reconstrucción de Europa occidental, el imperio USA ideó algunas herramientas para someter totalmente al mundo entero a su voluntad, mediante ataduras de carácter económico militar y con ese objetivo se firmó el tratado de Breton Woods, que daba carta de naturaleza al FMI, al Banco Mundial y para Europa se creó el plan Marshall, que otorgaba créditos para la reconstrucción continental, que sirvieron para apuntalar a la renqueante burguesía europea muy tocada por la guerra.

Mientras tanto la URSS y los países de democracia popular, consiguieron en la década de los 50 del pasado siglo recomponer sus economías, y la URSS consiguió quitarle a los USA, el monopolio del arma atómica con la cual chantajeaba al mundo entero.

En 1949 triunfa la revolución china encabezada por Mao Zedong, lo cual significaba un gran desafío para los dirigentes chinos, que se encontraron conque en su país solo había chinos, y que el país estaba casi totalmente destruido.

Con gran empeño, la República Popular China es hoy la primera economía del planeta, y ha conseguido en 50 años  lo que USA consiguió en 200 años.

A día de hoy constatamos que el mundo de 1945, año del fin de la guerra mundial ha cambiado mucho. La URSS ya no existe, ni las democracias populares de Europa oriental tampoco. Aparecieron los BRICS, que forman un bloque económico poderoso que inquieta profundamente a los USA, el grupo del acuerdo de Shangay, el Banco Euroasiático de Desarrollo y la imparable expansión económica de China.

A la par de todo esto, los USA  han sufrido una enorme derrota estratégica en el Medio Oriente ampliado. Han perdido definitivamente Siria, Irán emerge como potencia regional, Arabia Saudí se hunde por los bajos precios del petróleo, Yemen está en manos de un movimiento popular, y los USA ya no pueden mantener una guerra frente al renovado poder militar ruso.

Dentro de los USA los problemas se acumulan. Los candidatos a la presidencia gozan de poco crédito popular y  aparecen candidatos inesperados que cuestionan el papel de su país en el mundo.

Como nos enseñaba el gran revolucionario italiano Antonio Gramsci, “lo nuevo no termina de nacer y lo viejo no termina de morir”. Se trata sin duda de una situación compleja: el imperio USA está herido de muerte, pero conserva mucho poder y aunque sea un león que va perdiendo los dientes todavía puede morder. No se caerá solo, habrá que empujarlo.

Lo que está claro es que ha perdido la hegemonía mundial para siempre; ha pasado su cuarto de hora. Pero la clase dirigente de los USA no va a suicidarse y no podrá utilizar la guerra como salida como ha hecho tantas veces. Las armas más poderosas ahora están en otras manos y lo saben, e intentarán sobrevivir como mejor puedan. Lo veremos, ya que no podrán aguantar la competencia de los otros grandes actores.

El camino hacia un mundo mejor será largo y tortuoso, pero estos dioses caerán y lo harán con gran estrépito y arrastrarán en su caída a muchos inocentes. Debemos tratar de evitarlo, y eso solo se consigue con una lucha constante y organizada, y empleando más la inteligencia que la fuerza bruta, pero todos los actores juntos y los pueblos que pelean por su independencia vencerán al monstruo.

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