domingo, 11 de septiembre de 2016

¿Ha puesto Estados Unidos la cabeza de Al-Qaeda en las manos de Rusia?

En la Casa Blanca sólo entienden el lenguaje de la fuerza y sólo responden a medidas de fuerza. Como bien dice la televisión iraní, “cada vez que Damasco progresa militarmente, Estados Unidos cede y consiente en firmar algún acuerdo con Rusia”. Es su permanente plan B. Así ocurrió también en febrero de este año y así parece volver a ocurrir, esta vez en un tiempo récord de sólo 14 horas de discusiones.

También tiene razón la televisión iraní cuando dice que la batalla de Alepo es “la clave de bóveda”. En efecto, el acuerdo se produce cuando el ejército regular vuelve a estrechar el cerco en el sur, ataca Jan Tuman y tiene neutralizada la ruta Castelo.

De ahí se desprende que en la Guerra de Siria, el enemigo principal no es el Califato Islámico y es posible que no lo haya sido nunca. El problema es el Frente Al-Nosra-Al-Qaeda-Fatah Al-Sham, cuyas posiciones Estados Unidos pidió a Rusia a comienzos de junio que no fueran bombardeadas porque “al lado” había una oposición “normal”.

Al mismo tiempo, si el acuerdo se ejecuta, lo cual está por comprobar, Washington ha traicionado a Al-Nosra, sirviendo su cabeza en una bandeja a Rusia, por lo que de nada habrá servido su cambio de nombre ni el intento de camuflarla como parte de los “moderados”.

El acuerdo tiene varios aspectos destacables, especialmente la insistencia de Lavrov en remarcar que, previamente a la firma, habían consultado con el gobierno de Damasco, que les había dado su consentimiento.

Otro aspecto interesante es el cúmulo de reuniones diplomáticas y declaraciones en las que aparece envuelto. Así, a su regreso de la China, donde participó en el G20, Erdogan había anunciado que sus tropas participarían en el asalto a Raqqa, la capital del Califato Islámico, en coordinación con Estados Unidos, lo que había levantado las orejas del Kremlin en los últimos días.

El miércoles una delegación del Alto Comité Negociador, la llamada “oposición moderada” que dirige la Casa Saúd, se entrevistó con Boris Johnson, ministro británico del Foreign Office, para proponerle un plan de transición para Siria, una fase de seis meses de negociaciones con el gobierno de Bashar Al-Assad.

Al mismo tiempo, dirigentes políticos kurdos y otros opositores sirios anunciaban la creación de la coalición “Resistencia Nacional Siria” en la ciudad de Tell Rafat, situada al norte de Alepo, con la pretensión tanto de “unir fuerzas”, como la de acabar con la actual guerra y, finalmente, poner fin a la agresión turca.

En Siria todos preparan la nueva etapa de paz... afilando los cuchillos.

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