domingo, 28 de agosto de 2016

‘Un instante de oscuridad para una luz permanente’

El pistolero fascista Abdullah Çatli
El 3 de noviembre de 1996 se produjo un accidente de tráfico en Susurluk, una localidad al oeste de Turquía. El maletero del vehículo, un Mercedes blindado, apareció llenó de documentación falsa, pasaportes diplomáticos y un alijo de armas registradas a nombre de la policía turca.

Uno de los que apareció muerto dentro del vehículo era Huseyin Kocadag, director de las fuerzas antiguerrilleras de la policía de Estambul.

En el asiento trasero del vehículo viajaba su propietario, Sedat Bucak, diputado del partido DYP (Justa Vía) y “aga”, es decir, cabecilla de una tribu kurda. Aunque resultó herido, logró sobrevivir al accidente.

En el accidente murió Gonca Us, una antigua reina de los concursos de belleza turcos que aliviaba cualquier tipo de necesidades, tanto a la policía como a la mafia.

Otro de los fallecidos que encontraron dentro del vehículo era Abdullah Çatli, un conocido dirigente fascista y narcotraficante, miembro de la red Gladio de la OTAN junto con personajes como el fascista italiano Stefano Delle Chiaie, con quien coincidió en Miami en setiembre de 1982.

Si no sonara a sarcasmo deberíamos decir que en el momento del accidente, Çatli estaba siendo “buscado” por la policía. Entre otros muchos asesinatos, participó en el atentado contra el Papa en 1981. Interrogado algunos años después por un juez de Roma, dijo que el BND, el servicio secreto germano-occidental se había puesto en contacto con él para que, a cambio de dinero, implicara a la URSS y a Bulgaria en el atentado contra el Papa.

La prensa orquestó el consabido escándalo, llamado el “Caso Susurluk”, en el que las figuras principales fueron el diputado Bucak y Mehmet Agar, también kurdo, dirigente de la policía de Estambul y ministro del Interior en aquel momento por el partido DYP.

Pero el asunto se fue tapando progresivamente como si nada hubiera ocurrido. Tanto el diputado Bucak como el ministro Agar se presentaron a las elecciones de 1999 y fueron reelegidos, obteniendo inmunidad parlamentaria, que se les había levantado dos años antes.

Todos ellos (fascistas, diputados, policías) habían participado activamente en toda clase de negocios turbios que cabe imaginar, especialmente en la guerra sucia contra las organizaciones revolucionarias por cuenta de Tansu Çiller, a la sazón primer ministro y dirigente del DYP. Por ejemplo, el diputado Bucak había creado su propia policía paralela, compuesta por 2.000 matones encargados de secuestrar, torturar y matar a cualquiera que pusiera en tela de juicio al gobierno, que era quien pagaba los gastos.

La comisión parlamentaria que investigó los hechos tuvo que parar cuando las evidencias mostraron que no había ninguna diferencia entre el Estado turco, el crimen organizado, las bandas fascistas y los narcotraficantes. Eran los mismos perros con diferentes collares.

Otro ejemplo: como en Chicago en tiempos de Al Capone, una de las disputas que las masas político-policiales se encargó de solventar fue el control de los casino de juego, que estaban en manos de la mujer de Tansu Çiller, el primer ministro.

Ante la indiferencia de los jueces y los políticos, de manera espontánea las masas crearon un movimiento que saltó a la calle en febrero de 1997 con la consigna “Un instante de oscuridad para una luz permanente”.

Cada día a las 9 en punto de la noche en todas las ciudades las familias apagaban las luces de sus casas en señal de protesta. Poco a poco el movimiento se fue extendiendo, se fueron reuniendo, organizaron actos y difundieron información sobre las oscuras tramas entre los políticos, los funcionarios, los empresarios y las múltiples mafias de todo tipo.

Empezó la campaña de acoso y derribo. El vicepresidente del DYP, entonces en el gobierno, les calificó públicamente de “traidores”. Cuando cambió el gobierno y llegaron los islamistas, el primer ministro Necmettin Erbakan los llamó “parásitos” y “conspiradores”.

La policía empezó a dispersar las concentraciones callejeras, a lo que siguieron las presiones de todo tipo y las amenazas, hasta que el 6 de abril de 1997 las luces se apagaron definitivamente.

Sobre el accidente de Susurluk, la antigua policía del FBI Sibel Edmonds dijo que marca el punto de transición entre el viejo Gladio, el de los tiempos de la Guerra Fría, y los nuevos modos de funcionamiento de la OTAN: los propios del yihadismo o Gladio B.

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