lunes, 8 de agosto de 2016

¿Qué cabe esperar de la influencia de Rusia en Oriente Medio?

Tras el fallido golpe de Estado en Turquía y una vez que el ejército sirio aplaste a los yihadistas en Alepo, se habrá consumado una página decisiva en Oriente Medio después de un siglo de dominación imperialista. Estados Unidos se repliega para concentrar sus energías en el Pacífico. Es el turno de Rusia (lo cual no significa, ni mucho menos, que Estados Unidos se largue de la región).

Entonces la pregunta es: ¿qué política seguirá Rusia en Oriente Medio? Hay un par de indicios que pueden ayudar a esclarecer este punto, que es absolutamente decisivo desde muchos ángulos.

Uno de ellos lo cuenta el tuitero saudí que utiliza el sobrenombre de “Modjtahed”, que suele revelar las claves internas de la realeza arábiga, siempre de manera acertada, hasta la fecha.

Según “Modjtahed”, Arabia saudí está preocupada porque Rusia ha desplegado submarinos en las costas de Yemen y el 23 de julio ofreció al Kremlin el siguiente acuerdo:

a) Rusia se mantiene al margen de la guerra de Yemen y, además, deja caer en Bashar Al-Assar del gobierno de Damasco
b) a cambio le ofrecen un buen trozo del pastel de los negocios saudíes, incluido el petróleo

Es una manera como otra cualquiera de entender la política, en este caso, la política internacional, por lo demás, típica de los Saúd, aunque en este caso la oferta procede de Adel bin Ahmed al Jubeir, Ministro de Asuntos Exteriores.

Lo interesante no es que la propuesta no haya merecido ninguna atención por parte de ninguno de los protagonistas de Oriente Medio ni, por supuesto, tampoco de Rusia, sino que algo así pueda producirse y que su destinatario sea precisamente Rusia. No es ninguna casualidad. Los saudíes saben que, a partir de ahora, tienen que hablar con los rusos y acaban de aprender que ellos no les interesa el dinero ni el petróleo. Quieren otra cosa; o mejor dicho: necesitan otra cosa.

El segundo indicio procede de Kurdistán. Si la política rusa fuera simétrica de la estadounidense, como creen muchos, el alineamiento de las organizaciones kurdas con Estados Unidos resultaría paralela a la de Rusia con Turquía, en donde Estados Unidos apadrinaría a un movimiento de liberación y Rusia al Estado opresor.

Eso es lo que esperan los numerosos partidarios de la doctrina de la equidistancia. Sin embargo, ayer el diario Al-Ajbar exponía el asunto de una manera muy distinta a las expectativas que los rusófobos tenían depositadas en que este asunto les diera la razón.

El diario Al-Ajbar recoge unas declaraciones de Saleh Muslim, presidente del PYD (Partido de Unión Democrática) de Rojava, en las que califica de “excelentes” las relaciones de Rusia con su organización, aunque ellos esperan más de Moscú, un apoyo más decidido” a sus posiciones. Pero, ¿cuáles son esas posiciones?

Son varias. En primer lugar, Muslim rechaza la formación de un Estado kurdo en el norte de Siria. “Hay que preservar la integridad territorial de Siria y el único modo de hacerlo es una Siria federal o descentralizada”, dice el dirigente kurdo.

En segundo lugar, ese tipo de pronunciamientos son los que Rusia ha puesto encima de la mesa de negociaciones de Ginebra, en las que los kurdos no están presentes, a pesar de las peticiones expresas por parte de Rusia para que formaran parte de ellas.

Pero ese dato también ha cambiado, como bien dice Al-Ajbar: la reciente convergencia de Rusia con Turquía derivada del fracaso del golpe de Estado del 15 de julio. Ha sido el ministro turco de Asuntos Exteriores el que ha pedido la apertura de una nueva ronda de negociaciones “y los kurdos esperan que Estados Unidos y Rusia mantengan sus promesas”.

Para Estados Unidos Oriente Medio son las antípodas; para Rusia es parte de una frontera que comienza al otro lado del Mar Negro, que es tanto como decir en Turquía, por lo que no cabe esperar que su política sea nada diferente de lo que ha siempre siempre en Europa oriental, desde el Báltico hasta el Donbas.

Sin embargo, todo indica que en Oriente Medio la defensa de su seguridad le puede resultar mucho más sencilla que en el Báltico, Polonia o Ucrania: cuenta con unos aliados de la que carece en la Unión Europea. Por eso, como dice el libanés Nasser Kandil, allá más bien parece un árbitro que un protagonista.

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